No te equivoques conmigo. (Viene tajante mi sombra hoy) No soy la guardiana de tu lado oculto. No solo el que escondas ante los ojos ajenos, algo sobre lo que tienes derecho, por supuesto, sino el que escaquees a tu capacidad de razonamiento. O a la expresión libre y generosa de tus emociones. ¿No te has dado cuenta todavía de que te sientes más creativo y descubridor cuanto más dejas que el caos entre dentro de ti? No un caos devorador que llega para anularte -ese ya llegó antes con la mitología tradicional repleta de fantasías alienantes- o el que llegará de mano de las últimas invenciones tecnológicas humanas -las que parecen querer suplantar al hombre a pesar del hombre-, sino la porción del universo que se te ofrece para que entiendas más allá de los pensamientos normativos. Porque es universo lo que está en todas partes. En cada célula y en cada transmisión nerviosa y eléctrica que propicia espacios tan constitutivos del individuo como la memoria, el raciocinio, la voluntad y esas vaguedades que se pretenden concreciones y se denominan ideas. Tampoco soy la censora de las informaciones que te lleguen de otras partes. Aprende tú mismo a distinguir. Primero relativizando cada una de ellas. Deteniéndolas a la puerta de tu casa mente. Después, decidiendo qué información -me refiero a todo lo que llega a uno desde los otros, no solo a lo mediático, que apenas es una parte- merece ser considerada para tenerla en cuenta o acaso sea mejor dejar que lo que llega por un oído salga cuanto antes por el otro. Más adelante vendrá lo más dificultoso. Valorar lo que llega de fuera y se instala en tu interior. Tienes sobrada, aunque no siempre afortunada, experiencia y siempre la duda te ha conducido a las preguntas. ¿Valoro eso o lo otro en sí mismo? ¿Lo aprecio en cuanto me sirve? ¿Lo hago mío porque me interesa y me resulta grato? ¿Hago de ello norma de conducta apropiada y axial o simplemente lo adopto como moda pasajera? Me paro. El juego siempre permanece abierto. No pretendo sustituir la acción de tu cerebro consciente, solo me convertía con esta refriega de palabras en tu compañera de acicate, nada virtuosa por cierto. (No he dicho ni mú a esta plática matutina. Ni siquiera tengo claro que haya sido ella, mi sombra, la que haya parloteado tanto. Al fin y al cabo las horas del sueño están todavía cerca)
*Fotografía de Leonard Nimoy.

Tu sombra habla como quien te recuerda lo que ya sabías y a veces esquivas: que el caos pequeño, el doméstico, es el que te afina la mirada. Que pensar no es obedecer lo que llega, sino dejarlo en cuarentena hasta que demuestre algo. Y que la duda —esa vieja compañera que nunca pide permiso— es la única que te mantiene despierto sin imponerte un rumbo. Al final, lo que dices es simple y hondo: uno no se salva ordenando el mundo, sino aprendiendo a escuchar lo que resuena dentro cuando el mundo golpea.
ResponderEliminarSaludos
Algo así, sin duda. Y después de saber un poco más de los riesgos de la IA y la lucha que se traen sus dueños todavía surgen más dudas. Muchas veces me pregunto: entonces, el caos humano ¿es reflejo y/o proyección del existente en el universo?
EliminarMe quedo con con las palabras del creador de La familia de Pascual Duarte, sólo el que toma decisiones se equivoca, y nos debemos de equivocar solos.
ResponderEliminarPD: Sobre la foto; ¿no era Leonard Nimoy el vulcaniano de la serie Star Treck?
Eliminar¿Eso decía el inefable Camilo José? Ni idea.
EliminarAh, y en efecto Nimoy era tal actor y además hacía unas fotografías espléndidas.
EliminarMe alegra saber que sigues en compañía de la sombra, y hoy lo hace de la mano de su inseparable compañera, la duda. La gente que nunca se equivoca, los que lo tienen siempre claro, en el fondo no viven, tienen demasiado miedo para enfrentarse a la realidad.
ResponderEliminarO viven a rastras, aunque bien mirado, ¿quién de nosotros no hemos vivido por inercia o a rastras o a trompicones en alguna o varias ocasiones en esto llamado existencia? La realidad se impone cada vez como más dura. Por eso debe ser que todo lo fantástico, desde una pseudointerpretación del universo y el hombre como hacen las religiones, hasta la multitud de ideologías salvíficas, pasando por el simple entretenimiento u ocio, o a través de las narraciones de ficción y cinematográficas, nos atrapa como manera de escapar un tanto de la cruda realidad. La colectiva y la personal. En ambas esferas los individuos nos engañamos cada día.
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