Catulo dice que tu tendencia a la obscenidad viene de embriagarte tanto. ¿Eso dice?, replica Tulio. ¿Precisamente él que no da tregua ni a sus sátiras ni a sus obscenidades? Caro Tercio, viendo que el otro se siente afectado, insiste con actitud malévola. Lo que parece impropio a ojos ajenos es verdadero saber en boca de Catulo. Pues entiende, Caro, que ese personaje no tiene límites en su procacidad ni cuando bebe agua ni cuando está seco. De acuerdo, amigo, pero considerarás que lo que suelta, aun con intención viperina, lo hace con gracia y con una calidad de lenguaje elevado. Tulio ríe con desdén. ¿Hablar con impudicia y a la ligera es calidad?, dice. Por supuesto, puede tenerla, insiste Caro Tercio. Los vocablos valen por sí mismos si son oportunos en su uso. Aunque resulten insultantes en la apariencia dejan de serlo si el objeto del mismo se lo merece. Y Catulo sabe dirigir sus dardos a los de cualquier clase, sin ir descaminado en sus juicios de valor. ¿Desconsiderado? Probablemente. ¿Equivocado en sus calificativos? Pocas veces. Conocerás, aunque sea de oídas, que César ha tenido que soportar sus impertinentes palabras, mientras que los amigos y las amantes no se han visto libres tampoco. Ni que decir tiene que sus enemigos, que tantos se ha granjeado, son los que más cargan con los improperios e invectivas de Catulo. Y sin embargo no cae mal a todos, más bien muchos admiran su capacidad retórica y su pasión por defender la lengua incluso en los términos más procaces. Aunque haya quien se merezca una descalificación no es el insulto sino el razonamiento lo que hay que oponer, dice Tulio. Sería deseable, remarca Tercio, pero te recuerdo que Catulo no es ajeno a hablar con propiedad y utilizar argumentos. No en vano se le reclama su asistencia a tanto cenáculo o festín. Peores procederes hay en el Senado o entre los comerciantes y jurisconsultos más reconocidos de la urbe que sin aportar nada y razonando escasamente lanzan a lo loco sus invectivas para dañar al contrario. Tulio, al que se le ha quedado un gesto grave, ve que el diálogo no lleva a parte alguna. Amigo Tercio, en todo caso mi obscenidad queda dentro de mí, no voy haciendo ostentación, y si alguien debe quejarse debería ser la persona sobre la que me haya manifestado o a la que haya perjudicado con mi comportamiento. ¿Qué podéis saber Catulo u otros o tú mismo de mis pasiones, si además siempre he sido recatado y respetuoso? Todo esto me huele a calumnias, que tal vez ni siquiera provengan de Catulo, sino que buscan lacerar mi reputación honesta o intervenir en mis negocios. Te diré más. ¿Acaso no son las mayores obscenidades difamar, mentir y hundir la honra de la gente cabal? ¿Solo la lujuria amorosa es obscena? ¿No hay mayor impudor que el de quien preconiza una moral para los demás mientras incumple la propia? ¿No muestra más inmundicia el político que dedica su puesto y su voto a la descalificación despiadada del adversario? ¿No es más larga la deshonestidad del que hace y deshace las leyes o bien las interpreta a su antojo? La verdadera indecencia tiene innumerables rostros, Caro Tercio. No caigas tú en los mismos defectos.
* Representación báquica de mármol. Museo Arqueológico Nacional.

¿No muestra más inmundicia el político que dedica su puesto y su voto a la descalificación despiadada del adversario?
ResponderEliminarEs una gran entrada, Fackel.
Nos atormentamos pensando en que con nuestras ideas todo podría ir mejor, es la buena intención que albergamos, pero nos atormenta más saber que uno de los nuestros ha obrado con necedad. Cierto es, Fackel, que de los otros lo esperamos todo, luego nada , o poco puede sorprendernos; somos fajadores y esperamos los golpes.
Para lo que no estamos preparados es para que nos golpeen los depositarios de nuestra confianza.
Un saludo.
Hay inmundicia en individuos de cualquier grupo social, y aunque resalte en apariencia más el mundo político uno ha visto inmundicia et alia en el interior de empresas, en insituciones, algunas muy sacras y, por supuesto, en el ámbito de la prensa y autodenominada comunicación de masas. Por otra parte, esa idea que sugieres de que nos atormentamos pensando que todo irá a mejor es algo que a nuestra edad nos persigue. Tal vez porque venimos de una época en que se progresó en muchos apsectos, incluido el debate y la proliferación de ideas. Pero acaso también porque la utopía siempre nos peresigue como un mundo de ilusión a los hombres. Claro que la utopía muchas veces es como el engrase de un motor pero se suele estrellar contra la realidad porque todo es más complejo y no todos los hombres ni son cabales ni honestos ni honrados. Pero debemos separar la paja del grano y no confundir a determinados personajes que aprovechan sus puestos para sus beneficios personales con la intencionalidad, si así se comprueba, del ente que los acoja. Evidentemente, hay entes que de cuna están viciados.
EliminarEl intercambio deja claro que, para algunos, la obscenidad es un arte… siempre que la practique otro. Al final, lo más obsceno no es el insulto, sino la respetabilidad fingida.
ResponderEliminarSaludos
Desde un punto de vista hay arte de lo obsceno, y dependiendo del concepto que se tenga de lo obsceno. Es curioso que siempre se haya vinculado más este concepto a lo sexual y pocas veces a lo relacionado con gobernanza, negocios, control social, etc. Pienso que quien insiste en el insulto antes o después se descalifica. Para mí individuos y partidos que lo utilizan como principal arma en lugar del diálogo y el interés común están desacreditados. El problema llega cuando mucha gente les sigue, a los que no les importa el insulto, incluso lo corean, y a la hora de votar se traduce en millones. El insulto es parte de ese monumental ruido, que a falta de ideas, razones y argumentación dialogante, pretende inclinar la balanza electoral. Pero los pobrecitos votantes son cómplices en su escasa capacidad de influencia sobre los líderes. Es una pena, pero esto parece dar resultado, al menos ruidoso.
EliminarFáckel:
ResponderEliminarcreo que hasta para insultar hay que tener gracia, estilo e inteligencia.
Lo que se escucha en el parlamento, senador, mítines y tertulias es bazofia pedestre y chabacanería paleta (aunque vivan en lujosas urbanizaciones de ciudades).
Salu2.
Eso te da idea de la calaña a la que pertenecen los que no saben sino utilizar, por un lado, insultos, y por otro la mentira y la descalificación sin demostrar nada. Serán los que son pero están arropados, luego todos son cómplices. Y además esa práctica -me da vergüenza decir táctica, que debería ser un concepto más honorable- la llevan a efecto más unos que otros, a poco que se observe, con ayuda de sus redes mediáticas, una prensa poco profesional que recibe anuncios por doquier de sus amos. Si la alternativa a la gobernación del país viene de ese estilo, que Dios nos coja confesados. Al fin y al cabo así fue en los Estados Unidos de América y mira la deriva siniestra que llevan. Sirven como modelo.
EliminarPor lo general, los que más se ofenden con ciertas cosas en realidad sólo están actuando. Fingen indignación con tonterías para centrar el debate en eso, mientras ellos cometen sus tropelías con total impunidad.
ResponderEliminarA mayor indignación mayor probabilidad de estar actuando :)
Es verdad también. Es una actuación premeditada, admitida, consensuada e incluso sugerida por los asesores de imagen y demás parafernalia, y por supuesto los líderes de la tribu. Pero algunos, y hay bastantes, son de cuna insultadores. Pero realmente es como dices, se trata de dar carnaza a la basura mediática y así tapar la mierda propia o, lo que es peor, lo que no aportan por vía parlamentaria.
EliminarEl vino romano sería imposible de beber hoy día, de la cantidad de porquerías que le echaban pero tenía algo importante era mejor que el agua sin. más.
ResponderEliminarLas conversaciones entre borrachos o simplemente con. varias copas, tienen poco valor
Saludos
En el regreso a una vida anterior pero de libre y no de esclavo intentaré probar el vino romano. En la Toscana actual hacen uno rico. Puede que las conversaciones entre colocados no tengan mucho valor, o sí, porque a veces se emiten informaciones que sirven para la lucidez de otros. Algunos cargos representativos suelen ir a un pleno con sus dosis alcohólicas de por medio.
EliminarGente indecente y deshonesta, sin incurrir en efecto en excesos sexuales, aquellos que acosan, prevarican y se sirven de su poder del tipo que sea, político, mediático o judicial, para hundir al prójimo. No todo vale.
ResponderEliminarSaludos.
No debería valer. Pero la adicción a la demagogia para conseguir el gobierno -el poder lo tiene una minoría que se mueve en otras esferas siempre asegurado- tiene efectos beodos como el alcohol, o más. Y más perjudicial por su extensión hacia el territorio de gestión de la ciudadanía.
EliminarCuando tuve oportunidad de visitar las ruinas de Pompeya y Herculano me llamó la atención la cantidad de escenas, esculturas y rincones dedicadas a ciertas situaciones hoy consideradas totalmente obscenas y en ese momento, exhibidas sin mayor consideración. Cuanto han cambiado, para bien o para mal, desde entonces ciertos conceptos!
ResponderEliminarAfortunadamente. Pero el mundo del mañana y todas las aviesas intenciones de los tecno dictadores que quieren llegar (o han llegado) pueden retrotraer los conceptos. Ciertamente Pompeya ha proporcionado una información de lujo de todas las formas de vida en aquel tiempo y aquella sociedad, no se iba a librar la expresión sexual.
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