"A duras penas mantengo intacto
un viejo reducto que al correr del tiempo
se ha convertido en una fortaleza.
Parapetado detrás de lo perdido,
con lucidez defiendo el privilegio
de ser quien soy, de escribir como escribo
y de vivir como vivo, siempre que el cuerpo
se me conserve dentro de unos mínimos aceptables.
Ahora que agosto bate sus metales
con una escandalosa desmesura,
yo me refugio en la solemnidad
que se ha integrado en mí y me representa.
Después, los dioses dirán por qué camino
y con qué gente debo seguir la ruta;
dócil y grave alargaré las manos
para aprender el nuevo ritmo de la lluvia".
Qué bueno es el poema Invitación a la danza, de Miquel Martí i Pol, del poemario Después de todo, que le hace a uno meditar.
Quien no mantenga incólume un rincón del viejo reducto -¿acaso un residuo de la inocencia?- no se sentirá protegido del todo. Hay que dar lo perdido por perdido. Hay que saber ser incluso con lo que no se tiene ya. Amistades, familias, reconocimientos, ilusiones, capacidades, salud...se han ido fugando de nuestro entorno y de nuestro imaginario. Es el tiempo de pugnar por aguantar el tirón en los márgenes secretos, que paulatinamente se van reduciendo. Impugnar lo no realizado o el fracaso de lo que hicimos es ineficaz. Húyase, pues, de los lamentos. Ha ido llegando un nuevo mundo en el que nos cuesta reajustarnos. Un mundo que no nos admite como fuimos y con dificultad nos soporta. Un mundo con el que engarzamos dificultosamente y a contrapié. Los viejos espacios no nos pertenecen. La luz es más tibia y el ruido ensordecedor que nos rodea pretende empequeñecernos. Hay quien reivindica antiguos conceptos. Tales como dignidad, saber, bondad, apoyo, libertad interior. Si son actitudes conquistadas en la personalidad del individuo, bienvenidas sean y alabadas que se mantengan. Sirvan, pues, para la supervivencia. La solemnidad del poeta es un arcano. ¿Cada cual tendrá su propia solemnidad o se trata de otra ficción más que se empeña en concedernos una tímida esperanza? Basta tal vez con que nos valoremos en un afán de persistir en una resistencia, por otra parte cada día más menguada. Frágil ya nuestra renuencia ante el desgaste solo queda confiar en que este no duela. Porque dolor es recordar. Dolor es pensar en lo que una vez fuimos o creímos ser. Dolor es saber que no nos bastaron las fantasías y los placeres efímeros. Dolor es evocar compañías desaparecidas. Dolor es ser conscientes de lo poco que aprendimos y ve a saber cuánto metabolizamos. ¿Andar el camino? ¿Qué camino hay por delante que pueda ser mejor de lo que nos parece que fue? No me cabe duda de que imploraremos la lluvia ante una purificación imposible.
* Estatua romana de mármol, siglo II. Villa de Algorós. Elche. Museo Arqueológico Nacional.
* Fotografía de Miquel Martí i Pol.


¡¡¡¡Precioso!!!!
ResponderEliminarGracias ¡
Así es, hace pensar mucho.
EliminarFáckel, ante los vaivenes del presente, siempre hay que conservar un refugio, por mínimo que sea, para sobrevivir.
ResponderEliminarSalu2.
Del presente subjetivo, sobre todo. La edad, vaya.
EliminarHermoso poema has escogido para adentrarnos en el tema.
ResponderEliminarEstoy ya en esa edad en la que mi padre anunciaba cómo vivir de propina. Es decir, en el lenguaje actual, mayores, pero con independencia, y sabiendo que el dolor, cuando llegue, será la señal de que se sigue vivo.
No obstante, Alfred, hay que matizar en nuestras vidas. Nos queda tiempo por delante y ganas y posibilidades de disfrutar del mismo a nuestra manera particular. Posterguemos los malos pensamientos.
Eliminar¡Ay, los dioses, los dioses... !
ResponderEliminar¿Y si no hay camino, ni gentes, ni ruta, ni manos que alargar?
Pues eso, que no los haya, nos da igual.
EliminarClaro, hay que tener un refugio, cuando el calor aprieta, el mio es la familia y el agua de la. manguera. Me he dado cuenta que los jóvenes no Sudán, no pierden iones necesarios. Los viejos, sí. Nos desidratamos, como la mojama, como el bacalao seco.
ResponderEliminarSaludos
Refugios a corto, medio e incierto plazo, todo lo que vale pues vale.
EliminarPersistimos en lo que queda: un reducto mínimo, pero nuestro, donde la solemnidad no es adorno sino refugio. En medio del ruido que nos desposee de lo que fuimos, aún existe un claro donde la identidad se sostiene sin pedir permiso. Quizá la lluvia no purifique nada, pero nos enseñará a seguir adelante con la dignidad intacta, incluso cuando el mundo ya no nos reconoce.
ResponderEliminarRatifico cuanto dices. Como diría el poeta, el refugio como fortaleza. El claro donde nos reconocemos va quedando poco a poco prácticamente solo para nuestro espacio personal, no es poco.
EliminarSiempre conviene llevar en la recámara algún recuerdo de la infancia o de la adolescencia de cuando fuimos felices. Un talismán frente al infortunio o la adversidad. Tú, por ejemplo, guardas cuidadosamente una foto de cuando eras un crío.
ResponderEliminarSaludos.
Sí, la más antigua que tengo, pero tengo unas pocas más, aunque en mis tiempos no había demasiadas, no era como ahora que es una verdadera saturación. Pero las verdaderas fotos están en alguna parte del cerebro donde se ubiquen la memoria y la emoción, que no sé si habitarán en el mismo territorio pero suelen ir acompañadas. Y eso es mucho, todo, el sentido de haber vivido nada menos.
EliminarEse reducto es nuestra más íntima esencia, invariable al paso del tiempo.
ResponderEliminarInvariable en su estar fiel, cambiante en el devenir de su bagaje.
EliminarFackel, no renuncies a tus viejos espacios, y los nuevos que se nos ofrecen, conquístalos; no soy yo de parapetarme, si hay que luchar, mejor a campo abierto, mirando el horizonte.
ResponderEliminarA los viejos espacios no se puede renunciar en la mente, físicamente gran parte de ellos se perdieron. Los nuevos...se ocupan pero con otra actitud y mucho escepticismo cuando no pesimismos. A campo abierto es muy arriesgado, sobre todo si el enemigo es más poderoso.
EliminarAs alterações climatéricas não se compadecem com a nossa necessidade de purificação.
ResponderEliminarO tempo corre pelo calendário e o que for soará.
Bom fim de semana.
Abraço de amizade.
Juvenal Nunes
La purificación es una metáfora, un anhelo como tantos otros que nunca se realizan del todo. Y en efecto, lo que tenga que pasar pasará como sigue pasando desde que nacimos. Salud siempre, Juvenal.
EliminarPues sí que es buena la poesía, y tú meditación no se queda atrás y todavía es más pesimista. Saludos . Ander
ResponderEliminarDigamos uno reflexiona hoy día, con más o menos acierto, como respira. Pero hay otras experiencias, y la poesía lo es, que ayudan a las meditaciones. Porque Marco Aurelio se queda corto ante los tiempos modernos.
EliminarEs muy complejo ser quienes somos en un mundo de apariencias. Incluso abrazando nuestros dolores
ResponderEliminarGracias por tus palabras
Un beso
Esa es una de las claves ocultadoras: la (s) apariencia (s) Y sin embargo...hay que seguir como mínimo con dignidad. Buen día, Jova.
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