No puedo ya sino musitar unas débiles palabras. Pero estas, que apenas salen como baba, aún fluyen, cada vez más apagadas e inermes dentro de mi mente. Una mente que se va desgastando y que me aleja de lo que fui. Porque parte de esa mente, que ha ido acumulando recuerdos de cuanto he vivido, se traduce en este momento en el todo. O en la nada, a medida que se evaporan las imágenes. La carencia total me acecha y a la vez me serena. Hace mucho tiempo que aquella otra visión que rigió mi existencia, la de los proyectos para un futuro que cada vez se enmarañaba más, fue acabando en un camino cortado. Los razonamientos me han ido abandonando. La tentación de las pasiones, tuvieran que ver con el poder o con el amor o con el conocimiento ansioso, me han dado la espalda. El interés por los bienes ya venía siendo reducido desde hace tiempo. Hoy, ahora, solo puedo percibir la dulzura del instante. Una dulzura que no es transmisible, aunque mi boca lo intentase o mi mano pergeñara la escritura en un intento de narrar las sensaciones. No sabría decir si esta apacibilidad que degusto es placentera o si se trata de un efecto de la pérdida de mis capacidades. Me siento poseído por un sosiego que supera cualquier percepción con los sentidos. O al menos no responde a lo que los sentidos me han aportado durante mi vida. Sentir va quedando fuera de mis apreciaciones. Y una vez que pierda el reducido vigor de estas me habré disuelto seguramente, sin que ello me preocupe en absoluto. Este estado, cada vez más confuso, no entiende ya ni del ejercicio de pensar ni del de sentir. No sabría definirlo, ni tengo fuerza para intentarlo. Podría decirse que apenas soy ya un individuo pensante, como no lo soy sufriente. ¿Será esto el abandono que había escuchado mencionar en otros casos? Ni siquiera me veo acuciado por la necesidad de repaso de lo que ha sido mi vida. ¿Para qué? Una vida que no se ha diferenciado en el fondo de la de otros. Una vida agotada que no tiene la necesidad de ser explicada, y que quien lo intente desde fuera de mí errará en los detalles. Ahora, sumergido en esta lasitud que me va desproveyendo de lo que fui y de lo que aparenté ser, me invade una oscura y amarga risa. No hay explicación alguna para el hecho de haber sido hombre, que no sea el accidente, la rueda biológica que imparable ha ido transformando a los humanos. Sí se explica la fragilidad de cada individuo de la especie, que solo se siente manifestado y justificado en cuanto tiene y persigue tener. No solo bienes, territorio, personas que dependan de él, todo eso que configura un cierto grado mayor o menor de poder. Nos persigue a todos la imagen caprichosa de pretender poseernos a nosotros mismos. Y erigirnos en sujeto y objeto de nosotros mismos por encima de todas las cosas. Puedes si tienes es la máxima que ha guiado siempre a la humanidad, y yo no me he librado. Hasta este instante de la pérdida de mis energías. Pero es precisamente la pérdida imperiosa la que reserva aún un ápice de conciencia para decirme: viviste con la imaginación, tanto o más que con el deseo. Que los demás individuos vivan de análoga manera ya no me da ni frío ni calor. Es en la privación definitiva, me digo, en esta caída prácticamente sin percepción sensorial, donde entiendo lo que he debido ser. Mi cuerpo ha sido mi propio tiempo experimentado. No ha habido misterio alguno. Todo solo fue un complejo y veleidoso dejarme llevar.
* Jean-Louis David. Marat asesinado. 1793. Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. Bruselas.

Un magnífico escrito, que separa el concepto de revolucionario, la idea del pintor, su intencionalidad, con el pensamiento humano de cualquier persona en ese trance, en este caso Marat
ResponderEliminarSaludos
Complejo y nada fácil de contestar a un escrito metafísico relatado por un empirista lógico.
ResponderEliminarComo mis palabras aquí serían escasas porque para responder se ha de estar minimamente preparado, me ciño a las palabras del equipo de Salomón; cojo el final del escrito: "Todo solo fue un complejo y veleidoso dejarme llevar", y lo resumo en el Eclesiastés 1/1 : "Vanidad de vanidades, todo es vanidad".
Y al final del ciclo, del nuestro, vemos que hace ¿tres mil quinientos años?, los "escribidores" del equipo del rey bíblico no andaban muy equivocados.
Salut
Una voz que se apaga descubre, en su propia disolución, la verdad desnuda del vivir: que todo fue tránsito, deseo y accidente. En esa pérdida final, el texto halla una serenidad oscura, donde el yo se reconoce apenas como un resto que ya no necesita explicarse.
ResponderEliminarSaludos
Una reflexión profunda y poética sobre la naturaleza humana, la mortalidad y la búsqueda de significado en la vida. La aceptación de lo que somos nos da siempre sabiduría.
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