"Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma".
Epicuro.Carta a Meneceo.
¿Qué te pensabas? ¿Que la existencia era aquello de vida y dulzura, que te repetía tu madre con ironía para buen aprendizaje tuyo? Ya has visto que no. Que lo gustoso es pasajero y, aunque lo amargo puede que a la larga lo sea también indudablemente nos provoca más y nos deja de manera prolongada un mal cuerpo.
La visita de M. empieza con una perorata incómoda, y maldita sea la necesidad de cebarse con filosofías baratas en quien, en pleno dolor de muelas, no es receptivo a pensar. Pero M. persiste mientras N. presiona la mandíbula con una mano, como si el calor natural pudiera aplacar la magnitud de la molestia insufrible. Naturalmente, dice M., estamos más inclinados a lo gozoso aunque recibamos buenas dosis de padecimientos. ¿Por qué es tan efímero el disfrute, a pesar de su intensidad? ¿Por qué es tan duradero, o eso nos parece, el dolor? Dicen que el sistema nervioso obra así, con sus ecos emocionales, y que en sí mismas estas manifestaciones del cuerpo son señales. Pero a qué precio. Nos entusiasmamos con los tiempos de placer, como si en este residiera la sublime, cuando no la única y reveladora, razón de la existencia. Huimos, por el contrario, de las lentas secuencias del sufrimiento, inaceptables por mucho que se quiera argumentar sobre sus poderosas razones y tramando explicaciones lógicas. Y cuántas veces en tal estado nos acabamos hundiendo, invocando lo maligno o suspirando por lo celestial. Esos recursos figurados en los que nuestro endeble sistema mental se ha criado desde la niñez.
M. no le dice a N. nada que este no sepa. N. le mira con una mirada descompuesta, al borde de la lágrima, como diciéndole: déjame en paz. Mi dolor es mío. Mi enfado conmigo mismo es más mío. El placer aísla, pero invita a compartir. El sufrimiento aísla todavía más, produce rechazo de la vida exterior. Eso sí, las situaciones implacables y extremadamente desapacibles nos obligan a extender la mano. Ayuda, por favor, ayuda, invocamos, aunque no haya nadie a nuestro alrededor y tengamos que soportar en soledad el infortunio. N. piensa en todo esto mientras ingiere otra píldora que supuestamente debe apaciguar el malestar.
El mensaje ha sido recibido por M. Qué puedo hacer por ti, pregunta. N., con gesto agradecido, forzadamente benévolo, hace una mueca que viene a decir: nada. Aunque está a punto de replicar con acritud: vete, necesito perderme dentro de mí mismo, no debes ser partícipe de mi dolor. Pero ¿cómo responder mal si puede necesitar a M. en caso de que la aflicción vaya a más?
* Adriaen Brouwer (Oudenaarde, 1605 - Amberes, 1638) The bitter potion/La poción amarga. Städel Museum. Francfort.
Fáckel:
ResponderEliminara veces nos empeñamos en sufrir inútilmente, en recrearnos en recuerdos que duelen, en revivír situaciones molestas que desasosiegan y amargan los momentos venideros. ¿Masoquismo? ¿Miedo ante la perdida de la capacidad de sentir? ¿Sufro, luego existo?
Salu2.
Bueno, claro, pero somos plurifacéticos, ¿no? Todo sirve para conocernos un poco,
EliminarÀs vezes, sentimos demais e ficamos desorientados, sem saber como responder...
ResponderEliminarPorque a vida não está cheia de alegrias, tem dias muito sombrios.
Beijos e abraços
Marta
Ambivalencia de los opuestos en la vida: claridad y oscuridad, placer y dolor, atracciones y rechazos...
EliminarNo hay que ser masoquista y huir de dolores que no aportan más que dolor.
ResponderEliminarLa imagen me recuerda a mi de niño cuando alguna vez me dieron aceite de ricino. Estaba tan horriblemente malo que las madres nos amenazaban muchas veces con darnos una cucharada o llamar al practicante si nos portábamos mal.
Saludos.
El dolor corporal espanta. No lo concibo ni lo acepto. El dolor emocional es espantoso, pero solemos recrearnos ahí un poco más, no sé si porque nos perdemos o porque nuestro lado oscuro nos desliza por sus vericuetos..
EliminarMi madre para que comiera me daba para desayunar una cerveza natural con una yema de huevo dentro. Claro que comia!. Deberíamos hacer caso a Postmann y divertirnos hasta morir. Sufrir es de cobardes.
ResponderEliminarSaludos
Me sorprendo, desconocía ese tratamiento que te diera tu madre. Sufrir por sufrir es de enfermos y melancólicos.
EliminarMe parece que exagera en su gesto de desagrado,no es lo que esperaba,seguramente le dieron el vino más avinagrado,no tendría dinero para pagarse otro,así que aguante.
ResponderEliminarLa cantidad de apuntes,en tabernas de mala muerte tuvo que hacer el pintor flamenco,para conseguir el gesto de lo desagradable.
Una buena selección de cuadros,da gusto verlos,uno a uno.
Saludos
A mí me parece una obra muy buena. Al autor le gustaba reflejar una parte de la vida que no parecería presentable pero que ¡es tan real!
EliminarEl peligro del sufrimiento es acogerlo en modo repetitivo, obsesivo... a veces se agarra fuerte... El placer es equilibrante y se puede encontrar en lo más sencillo, en mirar un árbol, una nube o escuchar el trino de un petirrojo... Y desde luego, los dolores de boca son una gaita... lo bueno es que hay calmantes...
ResponderEliminarMe gusta eso del placer como elemento de equilibrio, aunque depende de placeres. Hay placeres obsesivos que desencadenan desequilibrios varios, no hace falta que los cite.Pero ese gozo de mirar el paisaje o simplemente recrearse uno en una caligrafía es inenarrable, está cargado de emociones varias. Sobre el dolor...¡vadre retro"
EliminarEs curioso cómo la percepción sensitiva se traduce en el lenguaje figurado. De tal modo qu no sabemos si somos sentido o lenguaje saludos
ResponderEliminarAnder
El lenguaje como expresión sensorial es un triunfo.
EliminarNi grandes penas ni grandes alegrías, ya lo dijeron los clásicos...
ResponderEliminarPero bien nos gusta apurar la copa del buen sabor de las cosas...
EliminarAprendemos en las derrotas, en el dolor, en las victorias no aprendemos, las disfrutamos y, sí, las olvidamos, quizás demasiado rápido... hay una tensión en tus protagonistas, el querer estar solo pero saber que necesitas a los demás. Al final, a pesar de lo que digan los clásicos, no somos una isla, ¿verdad?
ResponderEliminarSomos un grumo a veces. Lo que me obsesiona en estos tiempos que vivimos es la masificación y todas sus consecuencias. Y como diría el clásico: es que todos queremos ser como dioses (de la propiedad, del poder, del reconocimiento, etc.)
EliminarSospecho que, básicamente, lo que queremos no es que el sistema sea más justo, es que queremos que sea injusto a nuestro favor...
EliminarInjusto o justo, que nos favorezca, vaya.
EliminarEs un error común confundir el epicureísmo con el hedonismo desenfrenado o los excesos materiales. Para Epicuro, el placer supremo era simplemente la estabilidad: un cuerpo sin dolor y una mente sin perturbaciones.
ResponderEliminarLeyendo al filósofo se sale de dudas. Pero ¿cuántos lo han leído?
EliminarSi vies intensamente, sufres; si vas con un calmante, te aburres, pero no sufres.
ResponderEliminarEs decir, que se trata de elegir.
EliminarDigamos que más vale arriesgarse para tratar de vivir tu propia vida enfrentado a la jungla, que quedarte enclaustrado sin querer saber nada del exterior, tranquilamente en tu torre de marfil.
EliminarBueno, uno es de los primeros, y quien más o quien menos se habrá enfrentado con la jungla o con el zoo próximo, pero hay tipos, sí, a los que les asusta el exterior. Claro que igual van de místicos y por encima del bien y del mal y de que su mundo no es de este mundo.
EliminarAprender a responder, y de la forma adecuada en cada caso, es una de las cosas que aún no he logrado dominar.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Nadie es perfecto y seguiremos aprendiendo hasta el final. A veces respondemos creyendo que acertamos y nos quedamos cortos o nos pasamos. Depende si al responder tratamos de comprender al interlocutor o imponerle nuestro punto de vista. O simplemente dejándonos llevar por el trato superficial. Es complicado pero considerémoslo un juego.
EliminarEl dolor es perllonga més, però els instants de joia reverberen, no s'obliden.
ResponderEliminarCuando se supera el dolor del todo el recuerdo se difumina más. Pero en determinadas circunstancias cierta clase de dolor y otro tipo de placer van de la mano (una mezcla tóxica)
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