Entre los que no te perdonaron que fueras el favorito estaban tus desairados competidores. Estos, mientras por una parte halagaban al emperador, urdían tu muerte. Dice la leyenda que te ahogaste, pero yo Melisa, natural de Bitinia, al discreto servicio de tu señor, supe quién te condujo y con qué estratagema a las orillas de aquella corriente fatídica. Aprovecharon un desliz tuyo, que no la deslealtad al dueño de tu corazón, para provocar el triste suceso. Ah, la juventud, temeraria encarnación del riesgo. Habías ignorado a los más bellos entre los bellos porque para ti era más importante la sabiduría y la templanza de Adriano. Él no estaba ignorante de las acechanzas eróticas ni de los devaneos a los que podías ocasionalmente prestarte. Te disculpaba, no le concedía mayor importancia pues sabía sobradamente que le eras fiel. Sabía valorar los juegos circunstanciales de los jóvenes. Entendía sus caprichos. Aceptaba que el ritmo vertiginoso de vuestros cuerpos no podría ser nunca mantenido por él con idéntico impulso. Incluso se sentía agradecido cuando al volver de algún escarceo ajeno te encontraba más dispuesto e imaginativo que de costumbre. Adriano no volcaba en ti únicamente su deseo, cada vez menos correspondido por sus dotes menguadas. Era la apreciación insuperable sobre tu belleza y los modos solícitos con que sabías atenderle lo que le cautivaba de ti. Tu interés en dejarte aconsejar en las conductas sociales. Tu apasionamiento en la percepción del arte en la que él te introducía. Tu escucha silenciosa cuando tu hombre se desahogaba, presa de pasajeros desánimos de los que se reponía con tu compañía. Sufrió al ver que desaparecías bajo las aguas de un río de dioses ancestrales. Para tratar de consolar su desolación furiosa algunos prorrumpieron en exclamaciones. Qué accidente tan desgraciado. Cómo nos ha abandonado el azar. Hasta el río sabe seducir a la beldad. Y otras expresiones tan convencionales como vacuas. Pero no fue el causante ni el destino, ni la mirada desdeñosa de ninguna divinidad, ni siquiera la turbulencia de un rio engañoso. Quienes te quisieron mal en vida y se habían conjurado para deshacerse de ti, aun causando un dolor tan irreparable como espantoso a tu protector, habían logrado su objetivo.
Adriano, tras el infortunio no te olvidó nunca. No había suplente alguno tuyo en su alma. Te divinizó para honrarte, aunque hubo quien lo consideró locura. Proyectó tu imagen y tu nombre por doquier. Sin embargo, cuando él desapareció todos los que te odiaron fraguaron tu nueva muerte, allá donde pudieran alcanzar tus retratos. Mas hasta lo más interior y orgánico de ellos, puesto al descubierto al romper tus estatuas, mostraba una hermosura primigenia. Porque la piedra es exultante por fuera y por dentro. Y así, cuando la gente veía el destrozo en tus rostros o las amputaciones de tus cuerpos no sabía si estabas deshaciéndote en la tierra o renaciendo a la espera de un nuevo Adriano.
(Suena aún el eco de un poema: Anima, vagula, blandula...)
"Querido Fackel, tu prosa es hermosa y conmovedora, y la voz de Melisa nos transporta a la intriga brutal de la corte de Adriano. La tesis del asesinato por rivales celosos es fascinante y literariamente muy potente.
ResponderEliminarSin embargo, al leer sobre las pasiones elevadas al mito y la dolorosa divinización de un favorito masculino, mi posición como feminista radical me hace inevitablemente detenerme en una omisión histórica: ¿dónde están las mujeres en esta narrativa de poder y pasión?
La historia, tan dispuesta a registrar la tragedia poética de los hombres (el amor de Adriano, los celos de sus competidores, la belleza de Antínoo), a menudo ignora la existencia, el poder y el sufrimiento de las mujeres que también formaban parte de este universo imperial. Me pregunto qué historias de ambición o de dolor podrían contarse desde la voz de las esposas imperiales o de las mujeres que sustentaban el poder en ese mismo entorno.
Celebro tu narrativa, pero me recuerda que debemos esforzarnos por rescatar las voces y las figuras femeninas, cuya influencia y destino fueron tan cruciales —y a menudo mucho más precarios— que los de los favoritos masculinos.
¡Un gran saludo y un placer leerte!"
Buena pregunta la de dónde están las mujeres en la narrativa clásica y en función y al servicio de quién y de qué cuando aparecen. Yo conozco poco de la literatura clásica y no sé darte respuestas, o si me las doy serán análogas a la tuya. ¿Qué papel cumplió Penélope, por ejemplo? ¿Por qué Circe es la perversa? ¿En función de qué aparece Ariadna? Y en los libros de Biblia ¿dónde y para qué están las mujeres? Y etcétera. Se nos ha transmitido la realidad mujer como idea mujer: estereotipos, tópicos, arquetipos. Pero ¿es problema de los textos y la oralidad clásica o las interpretaciones posteriores de las sociedades occidentales dominadas patriacalmente, con la religión conocida a la cabeza?
EliminarUna escritora sevillana, Carmen Estrada, detectó hace tiempo la aparición de las mujeres en los mitos y en la narración oral de la historia. Y escribió "Odiseicas" para desentrañar el rol y la potencia que, según ella, tienen las mujeres aparecidas en el relato La Odisea. Un ejemplo.
En el caso de esta ocurrencia mía no viene al caso más que lo que viene, el archimanido tema de Adriano y Antínoo, simn más pretensiones que jugar a una ficción caprichosa mía, pero, oh, más capricho todavía, es una originaria del Asia Menor la que relata.
De acuerdo en que la historia de la mujer, en una tradición literaria épica, esté oculta, aunque no del todo. Y cuando no lo está habría que ir caso por caso en lo que se refieren los textos a mujeres que "han pasado a la historia", que se suele (mal)decir, como si no hubieran todas y cada una pasado a la historia con el mismo valor que los hombres. Pero ya digo. El relato épico ha consolidado roles diferentes. Estoy de acuerdo en qué historias de dolor y ambición -o de grito independiente- podrían conocerse desde las mujeres de las clases altas y dirigentes a las de la aldea.
Esperemos esas voces femeninas en los escritos. Yo lo he hecho muchas veces en mis modestas ocurrencias, aun a riesgo de estar errando, pues mi percepción de la mujer, condicionada por la edad y el rol, me ha hecho desconocer tanto de vosotras, aunque cada día uno aprende más.
Gracias por tu amable y pensado comentario, Bara; ayuda.
¡Muchas gracias por una respuesta tan detallada y meditada! Me alegra que compartas la inquietud sobre el problema de la "idea mujer" que la historia nos ha transmitido (Penélope, Circe, etc.) frente a la realidad de la mujer. Tienes toda la razón al preguntar si el problema radica en la oralidad clásica o en la interpretación patriarcal posterior. Probablemente sea una mezcla de ambas, magnificada por siglos de escolástica.
EliminarMe apunto inmediatamente la referencia a Carmen Estrada y 'Odiseicas'. Es exactamente el tipo de trabajo que necesitamos para 'desentrañar la potencia' de esas voces que fueron relegadas a cumplir roles de apoyo o de tentación en la narrativa épica.
Y sí, aunque tu elección de Melisa como narradora en tu entrada es un detalle hermoso que da voz a la periferia, el desafío sigue siendo el mismo: lograr que la Teodora (co-gobernante, con poder institucional) reciba la misma fascinación crítica y poética que el Antínoo (el favorito trágico). Como bien dices, hay que ir caso por caso, y tu entrada ha sido una gran herramienta para plantear ese debate.
Un placer la conversación y gracias por la constante atención a lo que escribo.
Tendré que saber más sobre Teodora si es el caso, pero hay tantas Teodoras de altas cumbres y de bajos valles, ¿no?
EliminarSí, ha sido grato el intercambio.
Fáckel:
ResponderEliminaruna bonita historia de amor con final infeliz. Quizá por eso es más intensa.
Salu2.
No sabría decir si hay más intensidad en la felicidad o en la infelicidad, términos imprecisos y no siempre bien entendidos. En realidad, me he dejado llevar por el arquetipo de los personajes de los que dice saberse.
EliminarAntínoo fue víctima de su belleza de efebo, y de su relación con el emperador Adriano. Las envidia mata.
ResponderEliminarSaludos.
La belleza puede llevar incorporada desdicha. Sobre todo si se limita a lo físico exterior. Cuando la belleza se incorpora a las capacidades que otorga la mente -pensamientos, ideas, emociones, afectos, sentimientos, etc.- puede compensar ampliamente la pérdida o relajación paulatina de lo externo.
EliminarPobre Adriano. Su poder como emperador no pudo evitar que la envidia ajena, o tal vez el suicidio de un adolescente de apenas dieciocho años, le arrebatara su bien más preciado.
ResponderEliminarSupongo que todos los emperadores u otros mandatarios han sido siempre envidiados, sobre todo por los próximos, por los de su clase. Los plebeyos no creo que envidiaran ni emulases a los altos niveles de un Estado. Más bien han intentado copiar sus formas de vida, y esto lo vemos con las burguesías y clases trabajadoras de los últimos siglos. Pero, sí, pobre Adriano, tan victorioso él en otras artes.
EliminarInteresante historia. Gracias por hacérnosla llegar.
ResponderEliminarSaludos
Como siempre digo, son ocurrencias. Una imagen, un texto leído pueden ser catalizados por la mente del receptor y jugar con ellos.
EliminarNo sé por qué leyendo estás historias de asesinatos he recordado los Crímenes ejemplares, de Max Aub que hoy serían objetados en muchos casos por lo políticamente correcto
ResponderEliminarAnder
Es verdad, Ander, y me has recordado que tengo que revisar aquel libro de Aub, si lo encuentro, que, por cierto era divertidamente bruto.
EliminarSiempre se ha odiado la felicidad ajena, sobre todo cuando se reúne con la belleza y el amor... Qué historia la de Adriano y Antínoo. De vez en cuando hay que regresar a Yourcenar.
ResponderEliminarLa envidia es perjudicial en cualquier caso, generadora de males y de violencias.
EliminarCirce tenía su lado perverso pero podía amar con intensidad, como lo hizo con Odiseo. Llegando a ofrecerle ser inmortal.
ResponderEliminarEs para preguntarse el motivo de Odiseo de ser tan implacables con sus esclavas, que intimaron con los pretendientes de Penélope.
Melisa ha sabido contar la historia de Antinoo con poesía, haciéndole justicia. No permitiendo que sea olvidado.
Saludos.
Siempre me he preguntado sobre el carácter del amor de los perversos, porque tras el supuesto tal acaso había un sentido de propiedad excesivo. Lo bueno de las mitologías politeístas es que nos permiten reflexiones en abundancia y sus efectos literarios, algo que se reduce considerablemente con el direccionismo monoteista.
Eliminartodo son escombros, con los que tratamos de levantar un nuevo edificio.
ResponderEliminarPues a los nuevos edificios no se les ve muy seguros, tal como andan las cosas por el mundo.
EliminarHá muito tempo que li as Memórias de Adriano...É um tema para reflectir sobre os excessos, as traições, os amores e a liberdade...
ResponderEliminarBeijos e abraços
Marta (Blog Com Amor)
Una gran novela, de alta calidad. Obrigado, Marta.
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