Hay noches en que la evanescente me persigue entre las sombras del sueño. Se acerca desde su rincón y me habla tenue pero insistente. A veces solo de sí misma. En otras ocasiones dice querer saber de mí. Me invita a contemplar el paisaje abierto o me propone oscuros juegos que pongan a prueba mi condición humana. También la suya. Siendo ambos evanescentes todo es posible, ¿no? Si yo sonrío con malicia ella me corta. Los juegos del placer y los del dolor pueden tender entre sí un puente que les comunica. ¿Has pensado en ello? Estamos tan acostumbrados a los goces y a las satisfacciones, aunque todo ello circunstancial y al fin y al cabo pasajero, que nunca relacionamos juego con dolor. El dolor es el placer de nuestro lado más sombrío y escondido, señala la evanescente. Ese lado que tratamos de contener, que nunca deseamos que llegue. Entonces no sé qué decir. Optar por sus insinuaciones siempre es arriesgado. Pero esta noche la evanescente me ha llevado al terreno de nadie. ¿Crees que podemos ser tú y yo en un terreno de abstracción y nebuloso?, le he preguntado. Y ella: siempre hemos estado en él. Siempre hemos soñado y deseado desde él. Las aproximaciones fueron posesión y pérdida. Pero ambos sobrevivimos.
Quien desee ver el retorno del blog Tú, la evanescente, pase por:
https://tulaevanescente.blogspot.com/2021/03/quejas-y-quejidos.html
Hay sueños que tienen más entidad que sucesos reales a pesar de su esencia evanescente e inaprensible, como el humo.
ResponderEliminarUn saludo.
Una entidad que en ocasiones puede condicionarnos, ya lo creo.
EliminarAcabo de pasar por allí. Bueno, ha de haber momentos de todo tipo. Tristes también
ResponderEliminarUn abrazo.
El rostro que has visto por allí es patético (de pathos)
EliminarHay bellezas evanescentes e intemporales, como la de Jean Seberg.
ResponderEliminarEs la viva y sublime imagen del estar y no estar. Se dan más casos y en cercanías.
EliminarQué todo, más que nada, es también el humo.
ResponderEliminarSaludos.
Y fluyente, muy fluyente, embargante incluso.
EliminarFáckel:
ResponderEliminar"El dolor es el placer de nuestro lado más sombrío"
No entiendo que el dolor sea placentero. Comprendo que a veces uno, cuando está muy triste, se regodee en el dolor, pero tanto como que me dé placer, no.
Salu2.
El lado sombrío es así, pero no lo percibimos en toda su dimensión y sus efectos. No todos los planos mentales son los de la conciencia. Estas cosas tienen que ser descubiertas por uno mismo.
EliminarEnigmático relato, nos dices que: "el dolor es el placer de nuestro lado sombrío..." no tengo tan claro que sea exactamente eso, pero si que son dos caras de la misma moneda, que sin uno no existiría el otro.
ResponderEliminarUn saludo y gracias por el enlace a la "evanescente".
Nuestra vertiente sombría tiene leyes propias y no vas descaminado cuando citas las dos caras que nos hacen y también nos desquician.
EliminarQué bonita esa imagen de Jean Seberg! Voyme al enlace.
ResponderEliminarÀ bput de souffle, MJ.
Eliminar...Dime, La evanescencia se hace o se nace con ella?
ResponderEliminarEso de evadirse, de escapar de la realidad o de hechos, anhelos, deseos... lo da la experiencia de la vida, o ya llega con ella?
Personalmente creo, que ya se nace con ella, pero no me había parado a pensarlo hasta leer tu estupendo y fantástico texto.
Ah, pienso que puede ser maravilloso ese "terreno de nadie", habitado por dos evanescentes. no crees?.
Por una bella primavera.
En esta vida puede que todo lo traigamos y todo lo llevemos, solo que lo hacemos por tiempos. Quienes venimos desde lo evanescente, perseguimos evanescencias y aspiramos a que por un instante se revele la oscura materialidad de esta nos sentimos en una permanente confusión. Tal vez es el precio. Pero ello no riñe con un cierto grado de claridad que nos permite sobrevivir y ocupar terrenos neutrales. Nada de cápsulas ni globos, pero hay un hábitat donde yo he visto vivir a evanescentes durante algún tiempo.
EliminarSin sobresaltos (la primavera), por favor, que ya venía habiendo bastantes.
Me encanta cuando un sueño aparece en otro, un personaje que se desmaterializa para volver en otra historia onírica, como el amigo que creímos perdido para siempre y lo encontramos a la vuelta de la esquina.
ResponderEliminarTal vez por eso -y es un ejemplo- los muertos adquieren vida de nuevo dentro de nuestros sueños nocturnos. Otro ejemplo sería la inaprensible conexión (que toman por posesión) de dos seres que se relacionan en algún ámbito, distante o etéreo, sin llegar a concretar nunca algo más, y que viven bajo sacudidas evanescentes.
EliminarImpecable evocación de un sueño que no sólo emociona, sino que logra traspasar los límites de la realidad y el tiempo. Hermoso
ResponderEliminarY esa capacidad recurrente que van teniendo los sueños...cada vez más insistentes, ¿indicarán fugacidad, tránsito inasible, disolución?
EliminarPresencia, pese a mantenerse en otra dimensión?
EliminarEn nuestra capacidad cerebral el influjo de la memoria y los sentimientos son capaces de mantener esas presencias ausentes. Supongo que es la fuerza interior de los anhelos de cada individuo lo que hace que en los sueños se juegue ese papel.
EliminarPero la evanescencia no es solo cuestión de sueños, sospecho.
Me quedo pensando en esta frase: "El dolor es el placer de nuestro lado más sombrío y escondido". Me cuesta creer que me represente y pienso en si tal vez el placer que esconde ese dolor es permitirnos permanecer en una zona mal llamada de confort, ese espacio incómodo, pero conocido y disfrazado de seguridad. De ahí a que sea placentero hay mucha distancia.
ResponderEliminarEstoy aprovechando mi primer día libre en muchos meses para visitaros. Espero luego poder acercarme a ese link, que promete ser muy interesante.
Besos
Haces una interpretación que no es desdeñable. Me quedo con ella. Gracias, Alís.
EliminarSolía leer el blog de la evanescente y... no sabía que era tuyo.
ResponderEliminarLa evanescencia nos hace suspirar. A veces existen signos, encuentros y soledades evanescentes.
Pasaré de nuevo por tu blog.
Tempus fugit...Es el lema que puede resumir muy bien la evanescencia (o una cierta clase de ella)
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