La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose. Karl Kraus.



miércoles, 5 de diciembre de 2018

Naxos. La decoradora





















"...Ya solo pendientes
viven del propio faenar, de él esclavos, y solo a sí mismos
óyense todos en medio del sordo taller estruendoso;
aunque feroces trabajan, su brazo potente no ceja".


Friedrich Hölderlin, Der Archipelagus.




Para Naxos el alfar es también el asombro. El propio. El que le hace pensar en lo poco que ha vivido. O, mejor dicho, lo limitado que ha sido el conocimiento de sus años de navegante. Le cuesta entender los pasos que tienen que seguir en el taller para elaborar un vaso, y aquella complejidad le incita a observar con más agudeza. Se admira por la habilidad del artesano en el torno. La combinación de arcillas le parece un juego. La potencia de los hornos, algo propio de Hefesto. El cuidado escrupuloso en mantener la temperatura se le revela como una especialidad excelsa. Nadie para, pero nadie se agita. Tan diferente y alejada aquella concentrada actividad del ritmo fogoso y burdo que teníamos los remeros, dice. Son oficios que no tienen nada que ver, comenta Lemnos, pero que te admires ante nuestro trabajo y el resultado de lo que obtenemos dice mucho a favor de ti. Eres hombre de paz. Sabes mirar con inteligencia, preguntar delicadamente, insistir una explicación ante lo que no comprendes. Vas a ver algo que nunca habrás visto, y Lemnos le lleva a una zona del taller donde reina el silencio y el tiempo parece haberse detenido. Esta es Thera, y le presenta a una mujer joven inclinada sobre su propio regazo mientras dibuja en un quílice de formas elegantes. ¿Habías visto alguna vez trabajar a una mujer fuera de su ámbito? Thera es una mujer menuda, cuyas manos, a diferencia del resto de artesanos, que tienen doloridas las muñecas y los dedos agarrotados y torcidos, son frágiles y mañosas. Thera es de pocas palabras. Naxos contempla fijamente cómo ejecuta con un punzón agudo los perfiles de unos cuerpos desnudos sobre el vaso. El anciano comprende la actitud de sorpresa del joven. Le explica. Thera es de los discípulos más aventajados. Vino de un lejano territorio donde ya había desarrollado la pericia que puedes comprobar. Allí las mujeres son más consideradas que en nuestro país y pueden compartir trabajos y actividades con los hombres. Ella también llegó pacífica y encajó pronto entre nosotros. Nunca había visto dibujar de este modo, comenta Naxos. Aunque hay vasos decorados por todas partes, nunca había visto los motivos que esta mujer reproduce. Son ocurrencias suyas, matiza Lemnos. Y me parecen tan novedosas y bellas que no le voy a poner objeción alguna. De lo viejo tiene que surgir siempre lo nuevo, aunque parezca imposible. De la muerte, la vida. De lo agotado, lo pujante. Ella vino del mundo bárbaro, sus ideas no las conocíamos aquí, su técnica no la había visto yo en mi vida. ¿No merece la pena darla una oportunidad y de este modo dárnosla a nosotros? Si no reinventamos, moriremos, sin necesidad de que vengan guerreros de fuera a acabar con nosotros. Si no aceptamos visiones de otros mundos, el nuestro se pudrirá más de lo que está. Naxos le escucha, sin levantar los ojos del ejercicio manual de la muchacha. Luego asevera. Jamás había escuchado palabras tan convincentes como las suyas, Lemnos, y establece un puente de mirada entre Thera y el anciano. Habrás visto, le dice este, que por el alfar hay colgados varios rótulos invocatorios a los daemones para que protejan nuestro trabajo. Nunca habría pensado que la presencia de una pintora tan exquisita como Thera nos amparase tan bien como cualquiera de esas divinidades a las que solicitamos su mediación.




(Fotografía: detalle de la ánfora de Oltos, hacia 530 a.n.e.)

 

15 comentarios:

  1. Si no reinventamos, desaparecemos. Esa es la tensión de la humanidad: mantener y cambiar, constantemente. Y qué labor tan oportuna la de esta decoradora.

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    1. Pero cuando la humanidad general o abstracta da paso al hombre concreto, ¿cuántos hay que se resisten, enuncian retorno al pasado y se niegan a aceptar los cambios reales y necesarios, no los demagógicos?

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  2. Y todo se le enseña por eso, por ser hombre de paz.
    Un abrazo

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    1. El verdadero hombre de paz es hacedor, es el asombro lo que le construye como tal.

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  3. En las pinceladas lineales que traza Thera ve un camino extraordinario para la paz y el equilibrio, algo a lo que probablemente aspira.
    " De lo agotado,lo pujante. Nadie para, pero nadie se agita"( me gusta, muy Tao)

    Adriana

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    1. La cultura griega -nosotros somos herederos aunque no sepamos precisar su grado y su dimensión- podía entender de los contrarios y los complementarios. La búsqueda de la integración pacífica -de los de dentro y de los fuera- es un anhelo muy antiguo. Si bien hay especímenes -facciones, castas- que no parecen estar por favorecerla.

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  4. Eres también esa señora que se autodenomina Ester. ¿No es eso un fraude?

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    1. No comprendo esta afirmación. Mire, Anónimo. Si va dirigida a mí ha tomado un camino equivocado. Además meter el término fraude por aquí me parece poco acertado. Cualquier asunto que no venga a cuento del debate, opinión sensata y respeto ajeno, y roce algo personal, como me parece el caso, tendré mucho gusto en tratarlo por el correo privado. Mientras, consideraré fake, como se dice ahora, afirmaciones incomprensibles, no probadas y de dudoso gusto. Usted verá.

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    2. Y, por cierto, no las publicaré. En este caso lo hago para que le llegue mi opinión, ya que usted es tan Anónimo.

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  5. Sr. Fackel, con su permiso, a los mete mierdas de turno podríamos recetarles un plan Detox que incluyera rabanitos en su dieta para rebajar toxinas.

    Adriana

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    1. Supongo que todos nos equivocamos en este mundo cotidiano. La mejor manera de rebajar toxinas es siempre el razonamiento y la racionalidad, la comprensión y el control de nuestras propias visceralidades. En este sentido yo he ido aprendiendo mucho a través de doce años y medio casi de blog, y aunque a veces tengo salidas fuera de tono -y no me refiero a nada relacionado con esta entrada- procuro que mis aguas y detritus sean depuradas antes de opinar. No siempre lo consigo, porque no siempre se domeñan las emociones. Ya está creciendo bastante la basura política y la reacción analfabeta de mucho patriota de pacotilla que cunde por ahí, y no estoy por prestarme por las buenas a defenestrar a nadie. Pienso que aquel que no razona ni procura por el respeto al otro ya se defenestra por sí mismo antes o después. Lo malo es que mientras no asuma su indigencia interior puede hacer mucho daño y a muchos. Y ahora hablo en general, entiéndaseme. Gracias y que siga la bondad entre los asistentes.

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  6. Hola, Fackel:
    Llevo menos tiempo que tú en esto del "blogueo", pero cuando recibo anónimos como el de 06 diciembre, 2018 00:49 (me llegan algunos de ese estilo) los suprimo directamente, aunque entiendo que lo hayas respetado como "aviso a los navegantes", para que los demás veamos las orejas al lobo.

    Muchas gracias por tu blog.

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    1. Pues más o menos es como dices. Prefiero que quede constancia en este caso, tampoco me parecía cosa grave. Con lo fácil que es hablar y entenderse, ¿verdad? Siempre que se deje de lado lo visceral o simplemente emocional. Gracias a ti por la observación, siempre reconforta una actitud así.

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  7. "a diferencia del resto de artesanos, que tienen doloridas las muñecas y los dedos agarrotados y torcidos": veig que en totes les feines pots sofrir contractures, no ho havia pensat mai.

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    1. Por supuesto, y en líneas de producción de fábricas (algo que he visto en directo), y entre camareros, en todos los oficios cunden dolencias. Cuestión de tiempo. En el caso de alfareros el manejo del torno y las manos permanentes en agua y arcilla humedecida ha habido estragos. Salud, Helena.

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