La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 29 de noviembre de 2015

Niebla: sólo oscuridad, sólo trueque




















Aquel gato callejero y yo nos asustamos mutuamente. Ni él andaba por los tejados ni yo transitaba el asfalto. Era como si ambos nos hubiéramos pillado fuera de ubicación y estuviéramos a punto de caer en reproches. Fui comprensivo y él de buena aceptación. Durante un tiempo el gato negro me dejaría deambular por su territorio y yo a cambio le prestaría el sofá para que dormitara ante el televisor. Al fin y al cabo, puesto uno a vivir oscuridades prefiere contemplar la luna más que reconcomerse con esta sensación de no salir del subsuelo cotidiano.



(Chapa de latón de Adolphe Léon Willete)


4 comentarios:

  1. y dos no se pelean si uno no quiere...

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    1. Y ambos pueden entenderse si se tiene voluntad...pero ya sabes cómo anda el patio.

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  2. Es curioso, pero yo, que digo que no soy supersticioso, siento siempre un no sé qué cuando me cruzo con un gato negro.

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    1. En mi infancia había una administración de Lotería que se llamaba El Gato Negro. Sería para dar buena suerte, ¿no? Por el contrario, recuerdo que en aquellas novelas de Marcial Lafuente Estefanía que leíamos en el estío siempre aparecía un gato negro al encuentro de los protagonistas; resultado: la balacera, que decían los forajidos y los de la Ley.

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