La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







sábado, 28 de noviembre de 2015

Niebla: sólo inanición, sólo desgaste













Víctima de mi propia hambre y de mi propia sed he sido toda la vida un antropófago. No soy metáfora de nada y nada puede convertirse en una alegoría para explicarme a mí mismo. En el lento camino de la comprobación me he tirado del pelo, restregado la barba, pellizcado la carne, frotado los lóbulos de las orejas, mordido los labios, estrujado los dedos, lamido la piel, acariciado la sangre, arañado los nudillos, tragado salivas, aliado a unas bacterias y combatido a otras, devanado fantasías, quemado neuronas, desgastado miradas, bebido lágrimas, ahogado apetencias, abortado pensamientos, enfurecido y debilitado alternadamente impulsos. Y todos esos ejercicios, sinónimos de una irracional rebeldía y de un instinto insatisfecho, habla del hombre mejor que cualquier figura del lenguaje o que una rebuscada interpretación de los sueños. Destino por el cual ese hombre se apodera de otro hombre dentro de mí mismo y lo devora. 



(Imagen pictórica de Peter Paul Rubens)


8 comentarios:

  1. Acabo de leer la fabulilla de Italo Calvino "El hombre demediado" y su argumento es esa dualidad que nos habita, el entrelazado de luces y sombras que está en permanente conflicto... Somos dos y hay que luchar por dejar un espacio más amplio a la luz, pero la sombra sigue dentro, inadvertida, fuerte, hecha para perdurar. Feliz jornada.

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    1. El vizconde demediado, ¡qué buen relato! Junto a las otras dos que forman la trilogía. Algunas veces incluso somos más de dos...pero en eso de las proyecciones habría mucho que hablar. ¿Tal vez reside en ello la dificultad para entendernos con otros y ser entendidos por otros? ¿O acaso gracias a ello podemos entender mejor el mundo? Salud y estar bien en nuestra pluralidad.

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  2. Se trata del proceso natural y consecuencia idem de la vida, hermano, y la lacra de una leve y supuesta inteligencia.
    Desde muy niña me inquietó esa imagen, según la mitología el supuestamente bueno, Júpiter, su hijo, bestia como él solo, lo mató y eso me consolaba. Ahora se que este ultimo al portar su herencia se convertiría en él (Saturno). mas esto último la mitología no lo cuenta. Jajjj es que aun no se conocía bien secuencia helicoidal. O será porque la enfermedad y la guerra se los arrebataba sin alternativa alguna, ciegamente, previo a alcanzar sus fauces. Aunque la ceguera se trate del factor común del grueso de nuestra especie.
    Mi dilema generacional era saber "despertar" mínimamente a algun descendiente; aunque últimamente he desistido. Ello significa tragedia en el único lenguaje que puedo articular, pero he aprendido a asumirlo ...con dos cositas de las que. natura no me dotó, Ya me dirá vd. cómo podemos denominar semejante extravío: necedad en estado puro.

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    1. Nada que añadir a tu descripción, me viene muy bien a mí. Abocados a la tragedia en el sentido de los clásicos, es la manera de comprender cuanto nos rodea.

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  3. Y llegados a ese punto, como natura alcanzado el umbral de máximo dolor nos desvanece, aprovechemos dicho desvanecimiento para gozar sin culpabilidades de lo mas bello que Gea nos ofrece y se nos permite, sin ofender a nadie ni a nada, mientras residamos en su seno.
    No se trata de optimismo sino de contrapartida estabilizadora a tanta ignominia.

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    1. Naturalmente, nuestra dualidad nos permite también los goces, los asombros, las admiraciones y las ausencias flotantes en que a veces nos sumergimos.

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  4. Forma parte de la dinámica humana la depredación, la propia devastación. Será un error o quién sabe, quizás ventaja evolutiva que seamos nuestro peor enemigo.
    Si no es imposible entender ese encono en volver sobre aquello que tanto daño nos hace. Ahora bien, en cuanto sabemos de dónde nos viene el mal (de dentro) pues ya nos destruimos con menos saña.
    Y a veces hasta conseguimos tener bajo control al caníbal y disfrutar de la vida.

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    1. Entender nuestra complejidad, en lugar de reducirla y negarla, como proponen las doctrinas: he ahí la clave. Y en base a la aceptación de nuestra conformación elegir y obrar en consecuencia, no por sometimiento ni castigo previsto, sino por entendimiento de que hay que compartir con el otro exterior a nosotros.

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