La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 8 de marzo de 2015

Post scriptum: noticias de devastación















Algunos viajeros desembarcados en el puerto relatan hechos que han presenciado, tan increíbles como ingratos. Cuentan que en vastas regiones donde no hay mar pero abunda un cielo generoso, donde no crecen olivos pero su tierra es fértil, donde sus costumbres distan mucho de las nuestras pero no por ello son menos cultas, hordas de enloquecidos guerreros entran en sus ciudades y las saquean. No solamente persiguen a sus habitantes, sino que derogan las leyes al uso, asaltan sus ágoras, derriban estatuas monumentales y borran las inscripciones de lenguas ancestrales registradas en los muros de los palacios y templos. Han llegado a profanar los símbolos del pasado y a convertir en erial territorios fecundos que durante generaciones habían disfrutado de bienes, de arte y de sabiduría. ¿Por qué atacan tanto la herencia de otros tiempos?, me pregunta Cleis. Tal vez, le respondo, buscan espantar sus propios fantasmas atacando a vivos y muertos. ¿Quieres decir que esa gente se teme a sí misma?, dice la joven. Probablemente, Cleis. Temen su ignorancia, temen su odio, temen su propia fuerza bruta. Y sobre todo su incapacidad para levantar algo constructivo en el mismo solar que destruyen. Poco seguros de sí mismos tienen que estar para cometer tales actos. Pero, naturalmente, a los energúmenos les basta con saciarse en el ejercicio violento, aunque es harto probable que detrás haya otros, acaso una minoría, que les empuje para sacar provecho. Cleis es tozuda. ¿Por qué nadie les para los pies?, dice con ingenuidad. No sé muy bien qué responder, ni conozco lo suficiente qué sucede en ese lugar del mundo. ¿Le digo que tal vez quienes podrían evitar esa violencia, si acaso existieran, no son tan diferentes? ¿Menciono lo dual que es el comportamiento humano, con sus dos varas de medir según se trate de los nuestros o de los ajenos? ¿Le hablo de los diversos rostros, algunos sumamente cultos, de que dispone la agresividad de los hombres y de sus instituciones cívicas? Cleis rompe el silencio y desplaza mis pensamientos. Creo que quien ataca las creaciones bellas de otros pueblos es un huérfano de belleza, asevera con serenidad

Me ha conmovido la joven. Por primera vez siento espanto y desprecio por una forma de orfandad. Me embarga la impotencia.

  

(Fotografía de Mimmo Jodice)



8 comentarios:

  1. Conmovedora afirmación la de Cleis. Percibir tanta primitiva ignorancia producto de nuestras sociedades resulta enormemente frustrante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El mundo gira tan deprisa como caótico. ¿No tienes esa sensación, MJ?

      Eliminar
  2. El odio propicia espantos autocanívales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La destrucción anida en nuestra naturaleza, sin duda, Loam.

      Eliminar
  3. Podría ser una explicación, pero no estoy segura. El post es muy bueno, Fackel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tiene por qué ser una explicación real, solo una inquietud aventurada. Gracias, el tema me es muy sensible, o yo a él, mejor dicho.

      Eliminar