La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 20 de febrero de 2015

Post scriptum: la estatua















Hay alboroto en Mitilene. Helladios de Éresos ha terminado la escultura en mármol blanco del dios Poseidón y aún no hay acuerdo sobre dónde debe ubicarse. Los más ancianos, siempre tradicionales y religiosos, desean que se coloque ante el templo principal y se entronice en éste su advocación. Los comerciantes prefieren que domine la entrada al puerto, en un espacio próximo a la lonja, y argumentan con cierta lógica que tal dios debe tener como referente el océano. El grupo de mujeres de la academia de Safo sugieren el paseo ajardinado que vincula la ciudad antigua y la nueva, para lo cual piden que se levante un nuevo parterre que domine la ciudad baja. Que ese espacio es el más adecuado, dicen, para que el símbolo del dios tienda puentes entre los cielos, esta tierra y los procelosos mares. Antiguos combatientes en expediciones pretéritas se abstienen de opinar pues sostienen que de erigir una estatua tendría que haber sido a Ares, la potente y destructiva divinidad de la guerra, causa por la que muchos de nuestros antepasados pagaron un precio alto. Hay jóvenes con ganas de salir de la isla que argumentan que no tienen futuro en ella y qué mejor lugar de emplazamiento, opinan, que una de las nuevas colonias que se fundan en regiones extremas de Meridión. Allí podría transportarse la esbelta imagen y adoptar el sobrenombre de Poseidón de Lesbos (esto lo dicen para ganar adeptos a su causa) También se ha sugerido consultar a la pitia, pero no se le ve mucho sentido a la propuesta porque ya ha tomado partido, pretendiendo que se coloque en una ladera del monte donde ella habita.

Mientras se discute y no se toma decisión alguna, el dios de los mares permanece anclado en tierra de nadie. Los más perspicaces entienden que Helladios, previendo desde el principio los desencuentros, ha esculpido una obra con personalidad indecisa. Así, la escultura del soberbio Poseidón no es ni la de un efebo ni la de un anciano, ni resulta muy varonil ni muy afectado, ni dominante ni frágil, ni extremadamente barbado ni barbilampiño. Hasta tal punto que si bien el cuerpo y uno de sus brazos lo tiene girado en dirección a los océanos la cabeza se ladea hacia el interior de la isla. Todavía hay vecinos sagaces que empiezan a dudar de que la estatua represente realmente al temeroso señor de los piélagos.



(Fotografía de Lee Jeffries)


2 comentarios:

  1. Hola; un texto genial. Viene la idea de saber a quién dirigir la obra o, más bien, su finalidad. En este sentido, volviendo al texto, el poder de crear un elemento artístico neutro puede ser la alternativa, pero es un camino bastante difícil de conseguir. Hay textos, y quiero llevarlo a la literatura, que, si quitásemos los títulos, podríamos intuir una temática diferente. A saber si es por decisión del autor o no. Saludos.

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    1. Los caminos de las expresiones literarias o paraliterarias nos lleva a recovecos inesperados. Pablo, gracias por tu presencia, bienvenido.

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