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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







sábado, 28 de junio de 2014

Maximalismo y Minimalismo


















Hace un tiempo hubiera escrito así:

Ese estado de fragilidad que a veces le cerca y se concita en él no sabe interpretarlo.  Más allá de lo aparente y obvio que campa en cuanto le rodea la indagación se vuelve turbia y confusa. Recuerda una lección del catecismo: los enemigos del alma son tres, a saber, el mundo, el demonio y la carne. Postulada esa división complementaria de las acechanzas de una conciencia, lejos estaba de romper la obediencia del tabú de las palabras. ¿O lo hacía al transgredir la ley de esas palabras, no obstante el riesgo a la desgracia que decían se postulaban en caso de no cumplirla? Pero el cuestionamiento siempre avanza: ¿me desazona la carne o me irrita el mundo o se trata de la tentación satánica en directo? ¿O todo es lo mismo, tentación, y proviene de aquella pretensión genética de pretender ser como dioses? Morboso y atractivo cuento de la infancia, no obstante lo oscuro de aquella narración sincopada. El triunfo de lo elemental, con siniestros fines, en medio de un universo complejo, interactivo y plural. Lo que en tiempos de receptividad cándida percibía como compartimentos estancos han resultado ser vasos comunicantes. Los hombres han descubierto hace mucho que más allá de esas esferas determinadas ideológicamente hay otros volúmenes, otras vidas, dentro y fuera de él de las que depende, que son absolutamente palpables. Los rostros de la materia que aún no controlamos supera a los tres agentes de la tentación. Hoy las bacterias, por ejemplo, se incorporan cada vez con mayor carta de naturaleza a nuestra presencia consciente. Y hablamos con ellas...


Ahora mismo solo escribe así:

Ese estado de fragilidad que a veces le cerca y se concita en él no sabe interpretarlo. La indagación se vuelve turbia y confusa. 

¿O fue al revés? ¿Empezó hace años por el segundo texto y ha devenido en la ampulosidad del primero? El lenguaje efectúa viajes de ida y vuelta. Hasta dejarnos desnudos.



8 comentarios:

  1. Al paso del tiempo el lenguaje va desapareciendo tal como nosotros hasta llegar a ser sólo un bulto de huesos que nadie hace caso.

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    1. Qué expresión tan ajustada a la realidad...Y después, cenizas.

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  2. Todo cambia, incluso nosotros al interpretar un texto leído hace vente años.
    Salut

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    1. Es que lo nuestro es pasar, aunque en algunos parezca que de incógnito. Un abrazo.

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  3. Respuestas
    1. Más cornás da el hambre, dicen por tierras tartesas.

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  4. ¿Desnudos ante nosotros mismos, ante los demás o ante qué?

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    1. La desnudez es la desnudez, sea cual sea el voyeur, de fuera o el otro yo que nos acompaña, ¿o no?

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