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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 30 de junio de 2014

Amuletos del silencio




















Hay riesgo de que los recuerdos se conviertan en amuletos. O solo es la posibilidad. Los amuletos siempre fueron tangibles. Se tomaban entre los dedos, se guardaban en un bolsillo o se colocaban sobre una estantería. A veces me parecían recuerdos muertos; a veces, creía ver en ellos prolongaciones de otras vidas. Con su presencia cercana preservaba sensaciones que se iban extraviando o vínculos que se rompían lentamente dentro de mí; o fuera de mí también pero que me afectaban. De vez en cuando una necesidad irreprimible me pedía un exorcismo personal que me condujera a librarme de ellos para siempre. Los tiraba a un río al son de una frase secreta. Los dejaba caer desde la jardinera de un tren, invocando la intervención del viento. Los regalaba, acompañados de una sentencia enigmática, trasladando así el conjuro a otra persona. En cada pequeña cosa en la que había depositado alguno de mis sentidos latía un diálogo, pero también rozaba el fetichismo. Con el tiempo he guardado varios amuletos, sin haberlos reconocido incluso como tal. O he adquirido otros nuevos, resistiéndome a considerarlos en esa categoría. Llegó un tiempo en que las personas se cruzaban en mi vida junto con los pensamientos, con los deseos y con la inercia. Cuando las personas se alejaban tenía la sensación, principalmente sobre algunas de ellas, de que se objetivaban y adquirían esa forma simbólica para estar presentes todavía de indeterminada manera en mi pequeña historia personal. Pero no sé si debo considerarles amuletos: son más bien divinidades manes o representaciones lares que se mueven en mi mente produciéndome inquietud empero también cierta clarividencia. A falta de hacerlos tangibles deposito muchas noches en la obscuridad embriagante, a través de mi voz más abstrusa, una llamada intensa que solo es atendida por el silencio.





2 comentarios:

  1. Definitivamente (uso esta expresión tan sólo para hacer más contundente lo que llega después, no porque no lo creyera como "definitiva" antes), esto que has hecho "ahí arriba" es lo que hace un Escritor.
    (Para torpes o malpensadores: que me pregunten).

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