La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 7 de enero de 2014

Mi adorado y olvidado Rubén Darío





 Tantos años he tenido que esperar para interpretar este poema, esta canción. 


 La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
 Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
 que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de Mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la sierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
«Calla, calla, princesa, dice el hada madrina,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor.»



6 comentarios:

  1. Y qué tristeza imputarle a la princesa, cuando la doctrina corsaria, llamada del Botín en honor a uno de sus banqueros azules, ampara su ávidez de fresa...

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    1. Lloremos por la princesa (no caerá esa breva)

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  2. Venga, sigamos en la infancia: Principios de los años sesenta, pese a ser bruta por fuera leí a Ruben Darío, entre otros muchos clásicos, (sin tele se leía más) y me consternaron ciertas cuestiones, como que no las acababa de ver claras. Tanta morbidez.... al menos eso era lo que me pareció entonces, no volví a releerlo. Besos.

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    1. Pues no iba por la infancia precisamente traer a colación la poesía, sino por cierta noticia del día...

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  3. Lo siento Fact, la mayor parte del tiempo la paso fuera del mundo, no me entero de lo que ocurre en el, pesa demasiado. A veces me asomo y enseguida salgo escopetada. Besos.

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    1. Todos nos asomamos, la curiosidad nos mata, también el aburrimiento y la impotencia, pero asomar, nos asomamos, aunque solo sea para confirmar el beneficio psíquico que nos proporcionan nuestros exabruptos.

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