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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 21 de mayo de 2013

Job en su corriente




















Job está pensando en callar. No para siempre. El giro para siempre le impresiona demasiado. Porque muchos para siempre se han quedado en para poco. En todo caso, callar no es enmudecer.Callar es una actitud prudente y reposada. Enmudecer es renunciar a la palabra. El primer gesto implicaría una disposición a tomar de nuevo la voz, cuando se sienta con fuerzas o con nueva perspectiva de las cosas. Caer en la mudez es como la muerte: no hay garantías de resurrección de ella. Pero solo se lo está pensando. Dialogando con la corriente de su río interior.



(Imagen de Christian Coigny)


10 comentarios:

  1. Creo también que callarse es morir, aunque es verdad que a veces hay que tomarse una tregua, pero sólo para enjuagarse la boca, que de tanto empeño que le ponemos a veces se acaba secando. Pero estoy segura de que la conciencia de Job nunca enmudecerá. Un abrazo Fackel.

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    1. Si se calla indefinidamente, supongo. Claro que si Job no clamara, incluso contra sí mismo, ¿como podría compensar sus razones iracundas?

      Un abrazo.

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  2. callar, muchas veces es revelador de inteligencia
    saludos

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    1. Hay que tener valor también para callar; de la misma manera que se debería tener para hablar con determinación. Tiempos confusos. Saludo, Omar.

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  3. Job lleva demasiado tiempo sufriendo por los pecados de la humanidad. Puede darse un descanso en expresar su lamento, pero no por ello hemos de creer que aminora su padecer, lo arrastrará en silencio. La aflicción ha arraigado de tal forma en su ser, que nada hay que de ella lo pueda alejara. Imagen emblemática del sacrificio, es la eterna alma en pena y personificación del dolor.

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    1. ¿Usted cree?
      ¿Oficio de tinieblas, o poco menos?


      https://www.youtube.com/watch?v=qtQ9I1k1FH0

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  4. Esta bien aceptarlo como uno más de entre todo aquello que inevitablemente nuestro interior habita, pero gran error es dejar que se enseñorée de la casa. A poco que pueda, Job la inundará de tinieblas, alojando a quienes siempre lo acompañan, Melancolía y Acedia. Sus consignas son la tristeza y el sufrimiento estéril, e impedirán que de nuevo puedan entrar allí ilusión y sonrisa. Digno de compasión es aquel a quien de su alma hagan presa.

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    1. Pobre Job, pues, no le haga penar más de lo debido, Anónimo. Vea la parte rabiosa del mismo. Eso que le evita caer en acedias, melancolías, abulias y olvidos. Y a Job nunca le importó demasiado si otros le miraban compasivamente. Claro que ¿hay algún ser humano que pueda decir que no precisa piedad y compasión en algún momento de su existencia? Movernos con esta palabrería y en esa frontera imprecisa entre la palabra que quiere ser precisa y adecuada conforme a un concepto y la que pretende ser de moralina religiosa es muy arriesgado, pero también divertido. Job no renuncia nunca a la primera. Los contenidos de una determinada moral son siempre causa de padecimiento para Job y el resto de los mortales.

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  5. Me gusta esa actitud de Job. En determinados momentos de la vida es necesario. Es salud.
    Un abrazo

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    1. No sé, Neo, si él está de acuerdo con sus propias dudas. Necesita expresarse, girar la cabeza sobre la almohada y escuchar el silencio, girar en otra dirección y percibir susurro, ponerse boca arriba y clamar, complejo ese individuo.

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