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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 24 de agosto de 2010

El bucle


A veces sueño con túneles. No es que haya desalojado para siempre de mi imaginación onírica a los pozos. Pero ignoro por qué motivo mi mente ausente modifica a capricho lo vertical por lo horizontal. Últimamente sueño con un túnel construido por Moholy-Nagy. Un pasadizo que no es un mero cilindro, sino una superficie más sinuosa. Algo así como una espiral en la que progreso y retrocedo constantemente. Sueño que persigo la luz, como en el túnel o como en el pozo, y que la veo en algún lugar, no sé si al final o en el origen. La misión imprescindible de quien penetra en un túnel es alcanzar la luz, es decir, conseguir la salida. Como la del preso es fugarse, dicen. Y la de quien está en el fondo del pozo es no sólo percibir ese punto de luz sino alcanzar la altura y, por consiguiente, también lograr la salida. Tanto utilizar símbolos, símiles y metáforas, uno vive más entre imágenes recreadas que entre realidades llanas. El túnel con el que sueño ahora, que ya digo que es una espiral que a veces parece un no-do, ese tirabuzón donde no sé si voy o vengo, tiene una particularidad. Es metálico, y mis pasos resuenan y a veces me despiertan, y mi roce rechina y a veces me da grima y me despierta, y es resbaladizo, y cuando caigo mi boca se golpea en la hojalata y me parece acre y entonces, y sigo en sueños, me muerdo los labios, fuerte, me muerdo y a veces mojo de sangre la almohada. Y el dolor, que de momento me parece grave, pero que no lo es tanto, me despierta. Es un sueño que se viene repitiendo últimamente, de manera desigual y turbia. Una noche soñé excepcionalmente que progresaba, que no me molestaban mis pisadas, ni el rechinar de mi tránsito, ni lo escurridizo de la superficie cóncava, que avanzaba como si se tratara de una gruta amable y segura. Creo que incluso estuve a punto de trocar el bucle de Moholy-Nagy por un abrigo paleolítico, pero no pude, no pude influir en el sueño con la tentación de fantasías anteriores. Pero el sueño en la espiral era grato. Lo era porque no se mostraban nuevas dificultades y el ámbito empezaba a ser asumido por mi yo. Probablemente por esa razón conseguí llegar más lejos y tocar la luz y recibir la palmada del aire en mi rostro. Al sentir próxima la desembocadura, corrí. Y sin embargo, dudé. Me había hecho de tal manera al túnel y había regido de tal manera mis actos su poderoso vórtice que por un instante tuve la sensación de que no quería llegar hasta la salida. En esa fricción entre opuestos, allí el sol, allí el viento. La visión del abismo precipitó en mi una sensación de vértigo y me desperté. No, no me sentía liberado ni plácido. Sabía muy bien que, por no saltar, volvería a soñar nuevamente, una y otra vez, de modo obsesivo y recurrente con el recorrido de aquella espiral que me tenía cazado con su bumerán.

10 comentarios:

  1. Fackel:

    no estoy del todo seguro de que esta entrada sea invención o realidad (en todo caso, ¿es tanta la diferencia?).

    Si es realidad, creo que te estás acercando a alguna revelación, y que los sueños iluminan, aunque hieran, los pasos a seguir. Explicitan quizá las circunvoluciones de un mapa mental que te ha llevado a la situación actual, donde claramente habría algo por descubrir o resolver. Alguna llave, alguna clave, se te ha escapado hasta ahora, y el sueño te dice cómo descubrirla, si te adelgazas lo suficiente...

    Y esto me lleva a pensar en mi última entrada sobre el libro "Husos".Es un libro que está lleno de sueño. En las notas al margen hay muchísimos sueños, que son otros tantos laberintos o encrucijadas, hasta el punto de que casi hay una escritura onírica paralela al discurso de la mente, una escritura que en cierto modo refuta, compensa, desactiva las estrategias compulsivas de la vigilia a través de un intensivo mecanismo de metaforización analógica, de traducción y re-traducción obsesiva de los meandros de la conciencia...

    Al final, una palabra que se nos incrusta puede alzarse en síntoma y herida, y hay que extraerla.

    Una palabra sola puede ser la llave.

    Salutaciones, maestro

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  2. A veces nos propnemos una meta, luchamos buscando el camino y cuando estamos a punto de conseguirlo dudamos.
    Hay que ver que raros somos.

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  3. Leyéndote me he trasladado a esa atmósfera onírica tuya y he sentido angustia. Voy a partir con los mismos parámetros que Stalker:
    - Si es realidad, creo que te has trasladado a (bajo)tierras chilenas y te encuentras junto a los afectados de la mina.
    - Si se trata de un relato onírico estás describiendo a la perfección un imaginario en crisis, entre la luz y la oscuridad, repleto de simbologías viscosas y escurridizas, imágenes isomorfas y, lo más preocupante, imágenes teriomorfas. Tus propios dientes clavándose en tus labios sangrantes, ufff, tremendo. ¿Eres tú o el sujeto de tu relato tu/su propio monstuo?

    y añadiría otro parámetro más: el metafísico. Tu sueño me recuerda a la caverna platónica. ¿Qué trama tu mente, mi buen amigo?

    Un abrazo

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  4. Todo cambio, aunque sea a mejor, conlleva el vértigo del miedo.
    Pero sin cambio, qué podemos esperar? nada, y eso aún da más miedo...
    Tu "sueño" es una paradoja.

    Bona nit

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  5. Acaso, Stalker, exista la invención tangible y la realidad inventada, y en cualquier caso ambas resultarían muy pero que muy reales. Y es un hecho que a lo largo de nuestra vida, con más o menos frecuencia, coexisten ámbitos en los que vivimos en distintos planos y formas la existencia. Existencia es el sueño, existencia es lo imaginado, existencia es lo deseado, existencia es la enajenación...¿Frontera entre ellas? Depende de cada tiempo y sujeto.

    La búsqueda de revelaciones. Naturalmente que cada individuo está atento -o espera o desea o añora- a revelaciones. Lo cual no quiere decir que se traten de procesos de exhibición, rimbombantes e ideológicos. En muchas de las pequeñas cosas perseguimos una cierta revelación, aunque mantengamos el control que nos concedela sobriedad y el dictado de la experiencia. Yo, particularmente, sigo buscando claves (llave) del pasado, de mi propia entidad y de lo que me haya tocado en derredor.

    Ya sabes perfectamente que Husos fue un libro que me atrapó mucho cuando lo leí. Acaso ahora relea. Siempre es importante volver a aquellos textos que nos significaron y admiramos tanto, lo cual no es sencillo hacerlo con las viejas amistades, salvo con aquéllas que palpamos cierto tramo de cordón umbilical.

    La escritura es en sí ya una de las llaves, por no decir la llave. Tal vez no nos proporcione la salida del laberinto, pero abre puertas del laberinto de nuestra historia personal, íntima, la intransferible. Tú, que me has seguido agudamente desde hace tiempo, sabes cuándo he utilizado las palabras como piedra incrustada, tal vez para evitar que fuera piedra de la locura, y exorcizar así ciertas situaciones.

    En fin, que el tema es largo, y, además explicitar no es lo más adecuado.

    Salud y Persverancia, hermano.

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  6. Madison. Pues acaso es verdad lo que dices. Un matiz: que tampoco hay que temer la duda (elemento que cuestiona y oxigena), que hay que situarla en su justo término y en su adecuada proporción y significado. Muchos que parece que dudan a punto de hacer algo resulta que habían dudado desde el principio. Es la duda de su propia inseguridad y del no saber qué quieren.

    Pero ya se sabe que la mente no actúa sólo de manera racionalizadora (seríamos máquinas, no individuos) En cualquier caso, no es que seamos raros. Es que somos comos somos. Mas asumamos también nuestra/s rareza/s.

    Gracias por pasarte. Un abrazo.

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  7. Ataúlfa. No, no me he metido en la mina de los jodidos mineros chilenos. Eso es una desgracia y una barbarie (provocada por quienes poseen la propiedad y no ponen los medios adecuados para la extracción segura del mineral para los humanos) No quisiera ni por asomo vivir esa circunstancia. Ojalá acabe bien.

    Y claro que el relato es onírico
    o lo pretende. Si es verdad que te genera angustia, acaso no es tanto por el texto en sí como por lo que el lector pone de sí mismo (otros dirían de su pisqué, de sus búsquedas, de sus angustias y ansiedades) No creo en el texto objetivo y equilibrado que suscita en todo el mundo las mismas sensaciones. Es cada lector el que pone su parte del libro, su lectura, su estado de ánimo, su interés desarrollado más o menos por el tema...

    La caverna platónica. Ahí me descubres, aunque no es ningún secreto. Me obsesiona la metáfora hasta extremos que yo mismo me sorprendo. Y lo que mi coco trama vive en un magma que no siempre es advertido desde fuera.

    Un abrazo, hermana. Salud y Audacia.

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  8. Rat, qué razón tienes. El vértigo del miedo (que no el de la duda) Sin cambio uno se entierra en vida.

    Bon dia cálido y llevadero.

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  9. Fackel:

    te animo a releer Husos. Yo lo he hecho este verano y los frutos recogidos son inmensos, ricos y variados.

    Si lo relees y te animas a hacer una entrada, lo podemos discutir pormenorizadamente, y darle "densidad" a esa forma de inclinarse hacia la realidad.

    Tu discreción, por otra parte, me parece admirable y proverbial.

    un abrazo

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  10. Tomo nota, Stalker. De momento, trataré de escuchar d enuevo.

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