
Masa, ¿dónde está tu victoria?
La pregunta no puede ser entendida por su destinataria, porque la destinataria no escucha sino un mensaje preconcebido. Error mío en plantearla, por lo tanto. Salvo mis ganas (intenciones) de provocar.
No es la masa la que piensa y racionaliza, sino el individuo. Dos o varios individuos pueden coincidir en el ejercicio, y por lo tanto pueden ser emisores y destinatarios, porque no han renunciado a su individualidad. Pueden hablar y entenderse. Más allá, el pensamiento y la acción pueden disociarse, luego traicionarse, luego anularse mutuamente. Queda cuestionada, por lo tanto, la propiedad que tradicionalmente se le concedía a la especie humana como intercambiadora de ideas y esfuerzos superadores.
Especie y ser se comparten y son dos caras de la misma moneda. Si se articulan armónicamente resultan constructivas. De lo contrario, se contradicen y pueden llegar al exterminio mutuo.
La masa no tiene ideas, ni particulares ni generales, tiene una adscripción que la vincula más a la materia bruta que a la racionalidad. Perded toda esperanza los que en ella os transformáis. Y quien pueda, que se salve.
Puede que la masa sea manifestación y tendencia, pero es innegable que tanto en situaciones históricas como meramente temporales o en concurso de modas y espectáculo, no es exclusivamente una expresión sociológica o de psicología colectiva. Veo algo más profundo y lejano en ella. Algo más biológico, incluso anterior a la biología humana. Masa es masa. Materia dura, aluvión, precipitación enajenada, fase anterior a la evolución cultural humana. Negación de la negación.
No es la masa la que delega. Delegan los individuos. Delegar es perder y extraviarse. Quedarse sin control y quedarse sin rumbo. Al delegar, al admitir ser sustituidos por una acción amorfa y brutal, se arriesgan hasta límites insospechados. Ejemplos hay a miles en la denominada Historia.
Admito que al individuo le gusta sentirse otro. Incluso otros. Incluso todos. Si para sentir esa vorágine de masificar su Yo se entregan a una teoría, una doctrina o una ideología excluyentes, su entidad personal palidece y se reduce a la mínima expresión. Puede hasta desaparecer.
A veces al individuo le apetece identificarse -¿morbosamente? ¿por límites de evolución de su personalidad?- con su antítesis, incluso a través de un simple espectáculo de masas (una procesión, un desfile, un concierto, una parada, un mitin) La atracción morbosa de sentirse un colectivo del que pretenden que les ratifique está a la orden del día. Pero uno no se confirma en el grupo por la vía de dejarse arrastrar. Sí por la coincidencia en el pensamiento y en el lenguaje.
Puede que el miedo lleve a los individuos a arroparse obcecada y oscuramente en un ente difuso que llamamos masa. Cuidado: detrás siempre hay una minoría dispuesta a manipular y conducir el miedo de los hombres.
La masa mata a la masa. Peor: mata a individuos concretos. Sea bajo sus formas de imposición política o religiosa o de convocatorias de ocio, si el individuo se entrega en su desnudez se desprovee de sí mismo. Renuncia a ser. ¿Qué le queda?
(Fotografía de Misha Gordin. Me parecía más oportuno colocar esta foto que una cualquiera de las que corren por internet sobre la autoinmolación fortuita de un montón de jóvenes en la Love Parade en Duisburg, Alemania, Europa, Primer Mundo. El titular reconvierte el versículo del libro epistolar bíblico I Corintios, 15:55...¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde, muerte, tu aguijón venenoso?)