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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 3 de abril de 2009

(Paréntesis: inmovilidad)



cómo te sientes ahí abajo, eh, quieres mirar las nubes pero no las miras, y el barroco de la villa te contempla a su vez con el descaro de un decorado tramposo, la escalera aparente se abre majestuosa pero inútil, te sirve de poco porque las ataduras hacen un bucle con tu cuerpo, nunca te agradó sentirte sujeto, y menos maniatado, no te resultaba agradable que de niño otros niños, jugando a bandas que se desafiaban, te apresaran, aunque entonces todo era más simbólico ni siquiera te convencía la representación, y cuando lo simbólico se rompía para dar paso a la acción de algún energúmeno, entonces te rebelabas más y te retorcías hasta evadirte, aprendiste pronto a huir, demasiadas manifestaciones de control sobre ti que pretendían anularte, y en el aprendizaje de lo obligatorio iba implícita la vocación de la fuga, cuántos amarres has conocido, todas las ataduras se concentran sobre ti en ese mismo instante, las antiguas y las nuevas, las imaginarias y las fehacientes, las que te sujetaban a una referencia y aquellas en las que no encuentras sentido, todas desgastando tu resistencia, todas provocándote un marasmo, y en ese instante de inmovilidad te asaltan dudas, no sabes si podrás desligarte de lo que te paraliza, y te sientes más finito que nunca, te sientes abandonado por tu propia capacidad de recuperación, yergues la cabeza hacia el cielo, pero no te atreves a abrir los ojos, y ésa te parece una señal de perdición, no te concentras en tus fuerzas porque no las sientes, no te escuchas, sólo la laceración que te produce tanto anquilosamiento se revela como un destello sensorial y extremadamente pungente en tu ser, y quieres gritar y no gritas, y quieres llorar y no te sale, y quieres respirar hondo y te falta una mínima porción de aire, y quieres oler perfumes que emanen de la tierra, y oír susurros de las orillas, y sentir la fragilidad del aire o la violencia del vendaval, quieres que algo te libere, algo que deje de hacerte sentir atrapado...


(Eikoh Hosoe, foto)

4 comentarios:

  1. Denso para estas horas de la noche.

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  2. Las noches están dotadas de una densidad superior a lo que imaginamos. Naturalmente, cuando se está enfermo o en vela de preocupaciones, esa densidad se manifiesta desde las dos orillas. Pero incluso durmiendo, los sueños pertrechan a nuestra entidad de una densidad extremada. Despiertos, en vigilia, adquiere un poder que pesa pero que nos refuerza. Paradojas.

    Salud y levedad.

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  3. F, recuerda lo que algunas veces me decías. Dar rienda suelta a la densidad aligera. Cuando hay mucha presión lo mejor es desalojar lo que pesa, en mayor o menor medida, pero rebajar, para que el equilibrio no se rompa. Veo que sigues siempre tan recto con palabras torcidas. Un abrazo.

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  4. Veo, Juanjo, que sabes recordarme de vez en cuando las recetas. A veces uno se olvida de tomar la propia medicación.

    Un abrazo.

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