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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 19 de enero de 2009

Una postal de Lilya Urievna


Aquella postal de Lili Brik estaba cargada de letras. Me costó descifrarla y atar cada frase que revoloteaba en todos los sentidos para aprovechar los espacios.

Vladimir querido. Tal vez te suenen extrañas mis palabras. El viaje en que me he embarcado junto a Osip nos mantiene alejados físicamente, pero paradójicamente me acerca con intensidad a ti. Cada paisaje que registro en mi mente, ya sea la anochecida en el cabo Sounion, el recorrido por el palacio misterioso de Cnossos, la visión del Etna efervescente y divino, o la combinación de tonos dorados y ocres de la costa africana, todo me entusiasma y me sobrecoge. Pero en lo más íntimo siento un desgarro. No puedo disfrutar de su visión cuanto desearía. Me falta algo, sin duda no poder compartir contigo tanta belleza. Tendrías que estar aquí, absorbiendo a mi lado toda la amplitud ilimitada que proporciona la naturaleza y que los hombres recrean robándoselo a los dioses. Es tan diferente este paisaje del de nuestros valles y de nuestra taiga, donde todo es oscilante y brumoso, aunque lo amemos tanto. Aquí todo resulta más estable, desde la luz temprana hasta el aroma de los pequeños pueblos de pescadores, desde el colorido de la tierra hasta los acantilados escarpados. Parece que la vegetación se hubiera sacrificado a la piedra; ésta se esparce por doquier y con frecuencia se consagra, justo en esos lugares que abundan y que han sido constituídos por el hombre y sus culturas: los santuarios, los templos, las ciudades, los caminos. Hoy son ruinas, pero ruinas que dicen tanto. Su abandono es latente y huérfano -tantos sucesos han acontecido a lo largo del tiempo, tanta obra se ha levantado y ha terminado extinguiéndose- pero nunca te parece triste. Es tal su majestuosidad, tal el afianzamiento que transmiten aunque se encuentren al borde de un abismo, tal la simbiosis que guardan con su propio suelo que parece que hubiese sido la propia tierra la que hubiera levantado estas arquitecturas. Y luego está su significado. A ti te encantaría conocer el sentido simbólico que late por todas partes, hijo de unas mitologías que es tanto como decir también producto del lenguaje y de la narración. Te impresionaría sobre manera el otro efecto, el de la luz reverberando sobre los fustes, sobre los tímpanos, sobre los basamentos que salpican el suelo. Puedes ver las mismas piedras y sin embargo te parecen distintas según a qué hora del día las veas. Qué importante es la relación de la luz con todo lo material. Qué importante es el vínculo de la palabra con lo que se quiere expresar. Elsa, Serguei, Víktor, Alexandre, Varvara Fedorovna y los demás amigos estarían gozosos de sentir lo que yo siento. Y tú, mi íntimo Vladimir, mi arraigado hombre de las palabras que desnudan a las palabras, cuánto te estimularía la contemplación de este mundo ajeno, bajo cuya superficie y más allá de su pasado también bulle enérgicamente la existencia humana.

Siempre tuya.

Lilya U.
Nota. Esta correspondencia inédita entre Lili Brik y Maiacovski, que va apareciendo entre los papeles de la vieja maleta que rescaté de la incuria del tiempo, va siendo recogida en los posts de fecha 8/02/07 (La carta, póstuma), 2/04/07 (La otra carta), 7/07/08 (Póstuma de Lili Brik) y 25/08/08 (Inédita de Vladimir)

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