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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 11 de abril de 2008

Búsqueda



No. No la hay. La buscas tenazmente. Con perseverancia. Incluso con desesperación. Tu insistencia te lleva en ocasiones a tomarla por lo que no es. Has abierto muebles, registrado bolsillos, mirado en escarpias, volcado cuencos y tanteado estantes. Pero no la encuentras. Y sin embargo, se te ofrece. No te engañes. No suele existir sobre una superficie virgen. Las llaves no se buscan entre lo no habitado. Lo no habitado son espacios abiertos, sin dimensiones, sin límites. Tal vez pendientes de existir. Es cierto que a veces se nos ofrecen como tales lo que son sólo estancias desocupadas. O encaladas nuevamente. Y tras sus blancores aparentes se ocultan viejas capas, olvidados dibujos, diluidas coloraciones, repudiados esgrafiados que carecerían hoy de sentido. Pero, ¿existen los espacios absolutamente ilimitados? Has ascendido a amplias parameras, caminado por la taiga más húmeda, atravesado praderas fértiles y derivado por desiertos suspirando con ansiedad el advenimiento de un oasis. Creiste que el fin del mundo -y su origen- estaba allí mismo y, como tal, te parecía que era concluyente su dispersión hacia todos los puntos cardinales. Nada más lejos de tu imaginación el pensar que aquellas infinidades pudieran ser cerradas en algún extremo no alcanzable por los sentidos. Ni sospechaste nunca que un resorte pudiera clausurar tus sueños. Y luego has sabido que en el cuerpo natural del planeta también lo hay. En algún punto, las estribaciones de una cadena montañosa zanjaban tu error. Y los compartimentos estancos se abrían abruptos y dificultosos para tu caminar. Tal vez fue en ese momento cuando recordaste que los artefactos mecánicos existen. Aunque sean tan sencillos como una llave. Que abren y cierran espacios y, por lo tanto, indagaciones. Y por lo tanto, hallazgos. Sospechas que tu propia identificación se despliega entre paredes donde, como mucho, se descubren vanos cubiertos con puertas que conducen a otras dependencias y éstas a otras. ¿Hay fin en la persecución de la búsqueda?, te preguntas. Y mientras, contemplas su simulación. La objetivación de un símbolo. No la encuentras. Se te fija la idea de que abrir es interpretar. Te obsesionas con que si no interpretas, si no sabes, si no conoces, no revelas el pasado. Y con que, tal vez, no podrás transitar el futuro. ¿O no es tu caso? No la encuentras. Sólo la hallan los que clausuran con facilidad los portones de la insignificancia. Pero tú no eres de esos, no eres de los que cierran, sino que dejas siempre esa corriente que se comunica a través de ti, de un lugar al otro del mundo. Podría decirse entonces que no la necesitas, que no tiene sentido plantearse su registro. Mas como espectro, sigue apareciendo en tus ensoñaciones.

(La llave la puso el fotógrafo Nimoy)

4 comentarios:

  1. Me lio, me he liado.No sé, abrir esa puerta sería como encontrarse con uno mismo, como digamos, mostrarse tal y como es?...

    Pd;Por cierto, yo no puedo tener puertas cerradas en casa..una manía de siempre que no sé de donde viene, y en la cama tengo que dormir siempre, en el lado que está más cerca de la puerta.
    ¿Significará algo?Ni idea.

    Besos,guapo.

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  2. No creo que haya fin en la persecución de la búsqueda. El que para, de un modo u otro está muerto. O es feliz en su ignorancia. y quizá, hasta envidiable.
    Pero ?no es bello creer en los espacios ilimitados? A pesar de la ciencia, a pesar de todo...
    Lo que tu ojo vislumbra, no tiene fin en tu mente, y es en ella donde está la llave para abrir todas las estancias,y donde se gesta el camino que recorremos. Buen viaje, buen sueño.

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  3. ... hay ocasiones, existen, en que es mejor salir por la ventana y lanzarse al mundo, antes que intentar descerrajar cerraduras herrumbrosas que es mejor estén cerradas y que nunca sabremos exactamente por qué se cerraron ni dónde está la llave.Y hay veces que cuando la llave se encuentra...ya no sirve.
    Buenas noches

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  4. Tormenta...las puertas de la casa interior son las que cuentan...y perdona si suenan mis palabaras a moral, pero no.

    De acuerdo contigo, Lagave. El fin en la persecución de la búsqueda pienso que son nuestros límites. Además la búsqueda es siempre multidireccional y muchas veces lateral, nunca en línea recta. Los espacios ilimitados están en nuestro (des)conocimiento. Objetivamente, los espacios ilimitados existirán siempre lleguemos levemente a ellos o no. Ah, la mente, ah, la aspiración, ah, el deseo...

    Ruda pero sabia, Olvido...La oxidación es un mal, pero la carencia de llave siempre se puede suplir con una buena ganzúa...Pero sí, acaso mejor no abrir lo cerrado.

    Gracias a todas por vuestras sugerencias y descanso feliz...

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