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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 25 de diciembre de 2006

Judit


"...Mas el Dios Omnipotente lo entregó en manos de una mujer que lo mató y por su mano fue frustrado;
Porque no cayó como robusto por mano de mancebos, ni los hijos de Titán lo hirieron, ni altos gigantes se pusieron sobre él, mas Judit la hija de Merari lo descoyuntó con la hermosura de su rostro;
Porque se desnudó el vestido de su viudez y se vistió vestido de alegría, por levantar a los trabajadores israelitas;
Su rostro ungió con ungüento y sus copetes ligó con mitra; tomó nueva vestidura con que lo engañó;
Sus pantuflos arrebataron sus ojos y su hermosura cautivó su ánima, y el puñal cortó su cerviz. "

El canto que la propia Judit hace al final del libro de tal nombre es un mensaje a las generaciones venideras del pueblo pretenciosamente elegido. Y tal vez, no sólo a éste. Pero lo sorprendente es ¿por qué un capítulo bíblico que, por lo demás, no tiene mayor trascendencia dentro de los textos sacros del judaísmo y del cristianismo, causó tanto impacto entre pintores renacentistas y sobre todo barrocos, e incluso llega, como vemos por los grabados adjuntos, hasta nuestros días? La muerte de Holofernes, caudillo del gran Nabucodonosor, a mano de una mujer de Judá, ¿se trata sólo de una hazaña bélica? Probablemente, es sólo un mito. Y el texto está construido no tanto para relatar algo real, que seguramente no lo fue, ya que fechas y personajes se citan equívocamente, como para exaltar la capacidad de resistencia heroica del pueblo judío. Como tantas otras obras de oposición y lucha por su salvación, hay más de literatura que de verosimilitud en las sagas israelitas. No en vano supieron muy bien utilizar desde la antigüedad la tradición oral y su conversión posterior en narración escrita (¿qué otra cosa podría ser, si no, la Biblia?) para construir el mito de pueblo elegido y protegido por Yahvé. ¿La gran arma de Sión, posteriormente retomada por la invención cristiana? La literatura bíblica fundamentalmente, sin olvidar su permanente recurso a armarse. (Esto no ha cambiado, pero se ha matizado. Sus sucesores actuales, encarnados en el Estado de Israel necesitan además la energía atómica para seguir consolidados)

Pero la pregunta sigue en pie. ¿La imagen de una mujer degollando a un caudillo era tan atractiva para la imaginería de los artistas y de los espectadores? ¿O era la escabrosidad del suceso lo que llamaba la atención? ¿Asombraba la capacidad de revuelta de la mujer frente al dominio del hombre? Lo que veían los pintores, ¿se trataba de la encarnación de la rebelión del débil frente a la violencia institucionalizada encarnada en uno de sus mandatarios? La irreductibilidad de Judit, ¿era la insumisión de los judíos o la de la condición de las hijas de Lilith? ¿Es una metáfora de la insurrección contra la sociedad patriarcal y la emersión de la condición autónoma femenina?

Habrá quien no vea más allá y se fije exclusivamente en el gran poder de la seducción femenina como medio para lograr un fin. Fin ejercitado también a través de la violencia sangrienta. Y en este sentido, Némesis aparece de nuevo como justiciera. La venganza como remedio o simplemente como toda y daca de la moneda entre enemigos. En estos tiempos de crímenes sin contemplaciones ejecutados por hombres venidos a menos sobre esposas, novias o ex, en cualquier caso sobre disidentes, la imagen de Judit retoma significado y vigor como arrebato.

(El canto de Judit está tomado del Libro de Judit, versión Biblia del Oso, de Casiodoro de Reina, de 1569; la pintura en azul de arriba es de Adriana Varejao; el grabado inferior, de la polaca Lila Ciechanowska-Saga)

1 comentario:

  1. Ante los tiempos que corren Judit es todo un símbolo terrible, a no ser que la Justicia se imponga a la Venganza. Los mitos siguen acechando, y acaso avisando.

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