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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 17 de diciembre de 2006

Espectros


Espectros al amanecer. Siempre me han gustado las cencelladas intensas que me encuentro en el camino, de madrugada. Cuando un color unívoco e inapelable silencia ruidos y calma respiraciones. Tal pareciera que los árboles hubieran nacido simplemente para dejarse colgar velos nupciales. Ese instante preciso y casi imperceptible en que la frontera entre la luz que llega de algún lugar lejano y la tonalidad implícita de la helada no se da ya. Nunca vi tal claridad que ocultara la gama del arcoiris de la naturaleza y de las cosas, como si éstas nunca hubieran existido. Y la arbolada, mostrándose soberbia e íntima. Allá donde se vuelve recóndita la savia y se aletarga para sorprendernos nuevamente a la vuelta de la próxima estación. No hay larga espera. No hay nada que esperar: la belleza está ante mis ojos. Un pulso a la multiplicidad de luces, que ahora se singularizan. Sin perder expresión. Hablando de otra manera.


(Fotografía de Ansel Adams, clásico paisajista californiano

3 comentarios:

  1. Preciosa foto, pero más aún son preciosas y calmas esas palabras que parece que fluyen despacio de un mar tranquilo donde duermen las letras junto con los sentimientos.
    qué sosiego me han provocado sus pensamientos Fackel...

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  2. Vaya, ahora que acabo de leer las Sombras me encuentro que anteriormente vienen los Espectros. Suena a romanticismo, si por el término dependiera. Coincido con Daniela en que este texto proporciona más reposo que el del post siguiente, que me pareció desasosegante. Una de cal y una de arena, no?

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  3. La inquietud y el sosiego son alternos, a veces se muestran opuestos y en otras ocasiones complementarios. Tal es el océano que nos hace navegar y tantas veces nos sumerge, sin ahogarnos del todo, amigos.

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