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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 4 de septiembre de 2006

La pequeña ciudad de Hrabal

¿Por qué me resulta tan entrañable Bohumil Hrabal? Me lo pregunto cada vez que leo una novela del autor checo. Y aún no lo sé. ¿Por sus personajes? ¿Por la ingenuidad aparente de que los dota? ¿Por la descripción de tipos familiares, vecinales, cotidianos que pueblan los ambientes como si vinieran de siempre y fueran a estar ahí para siempre? ¿Por el desarrollo de la trama, donde parece que no ocurriera nada y cuando suceden las cosas estuvieran desprovistas de los acostumbrados dramatismos de otros autores? ¿Por la pacifidad observada al reflejarse el paso de los ciclos históricos? ¿Por una latente nostalgia activa que nunca desemboca en melancolía?

Siempre tengo la sensación de que el espíritu burlón y la sorna desenfadada que el escritor Hasek recrea al narrar las aventuras del valeroso soldado Schweik subyace en las situaciones de los protagonistas de Hrabal. Y se apura en un estoicismo latente y silencioso, que se muestra más cínico y sutil en Hrabal. Y así, leyendo La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo uno se deja llevar por la magia del narrador infantil, donde los ojos del niño charlatán y metomentodo se proyectan en una descripción de adulto y levantan un rico universo desde el territorio supuestamente diminuto donde cohabitan unos personajes familiares que son un reflejo de espacios más amplios.

En la cotidianidad nunca hay tiempos estancos, pero los individuos sí pueden vivirlos. Son justamente aquellos en que los hombres comprueban que las etapas de la vida en que fueron o se creyeron ser algo se diluyen, por la manifestación inapelable de los acontecimientos históricos que se van sucediendo, y los nuevos tiempos no les dan cobijo ya, al menos no de la misma manera. La edad ya es en sí misma una desubicación.

"...Y en ese momento glorioso mi padre sentía que había vivido toda su vida para ese instante preciso, que haber sido contable, luego gerente y al final director general de la fábrica había sido un error, desde el principio debería haber sido chófer, su entusiasmo por los motores tomaba ahora una dimensión profesional, se sentía como alguien que durante treinta años escribe poemas y novelas sólo para guardarlas en un cajón, un escritor de domingos por la tarde, que decide acabar de golpe y porrazo con su trabajo para dedicarse plenamente a su vocación..."

4 comentarios:

  1. No he leído nada de este Habal, pero me pica tu post. ¿Me recomiendas algún libro en especial o me voy directamente a la librería y lo tomo al albur?

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    1. Disculpa, si a estas alturas aún me lees, no sé cómo pudo pasar que me saltara la respuesta. No tengo perdón.

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  2. Respuestas
    1. Comparto totalmente la opinión de Fettes. Además, añado que hay que ver la película

      http://www.filmaffinity.com/es/film293336.html

      Gracias, por la precisión. No sé cómo en su día me salté la respuesta a Pardo.

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