"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





viernes, 23 de enero de 2026

La última mirada de la núbil

 




"No sé qué decidir: dos son mis pensamientos".

Safo.


La muchacha núbil se deja peinar. La esclava extiende su pelo. Ella colabora. Se sabe dispuesta al último paso antes de la entrega inevitable. Alguien ha pasado por delante, la contempla e intercambia la mirada. La joven se abstrae, como si sus pensamientos fueran agitados por la duda. No lo demuestra. No vacila. No emite palabra. Simplemente se deja hacer, permitiendo ser contemplada por los que se hallan circunstancialmente en la estancia. En realidad los siente ajenos a su momento. Los ignora. Ha detenido su tiempo y solo desea que la tarea sobre su cabellera no cese. Los tirones de las otras manos, que también parecen evadirse del futuro inmediato, son cuidadosos. Hay dos miradas en dos direcciones. Mientras la acompañante mira el espejo para comprobar su buen hacer, la dubitativa  colabora con una resignación que desplaza el entusiasmo esperado. Un mero quehacer cotidiano, en parte aseo y en parte ritual, parece paralizar también sus intenciones. Pero, ¿puede oponerse a lo que han planeado para ella? Ni siquiera el colorido y la hechura de su vestido la entusiasma en ese instante casi decisivo. Sin embargo sabe que todos en la casa están pendientes de las próximas horas. Quienes han llegado a la ciudad para concelebrar el evento están expectantes. Algunos se han reunido ya al calor del vino pompeyano, aromático y de escasa acidez. Todos esperan que la nueva consagración sea favorable para ella y, sobre todo, para los proyectos y negocios de su familia, que asentará así aún más su estatus. De pronto la núbil exige que recompongan su peinado. La sierva se turba pero en la otra mirada advierte una estratagema. Demoraremos los actos previstos, exclama aquella con una indisimulada ironía cómplice. La joven esboza una sonrisa débil y vuelve a su ensimismamiento. Quien efectúa el arreglo paraliza sus manos en el aire. El espejo se ha roto en trozos, de un modo inexplicable. Un temblor recurrente del subsuelo les inquieta. Una fumarola emitida por la montaña sume en la extrañeza a los habitantes de la casa. Llega el ruido de apresuramientos en las calles próximas a la villa. Algo misterioso está a punto de decidir la vacilación de la joven. Hay trasiego agitado en la casa. Voces confusas. Gritos que invocan a lares protectores. La ayudante ha soltado atolondrada los cabellos de la chica, pero esta no se inmuta. 





* Fragmento del espléndido friso del triclinium de la llamada Villa de los Misterios o Villa Item, en Pompeya.


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