Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más! Jacques Derrida




sábado, 24 de noviembre de 2018

Naxos. Obsequio





















"...flores de la roca, rostros
que llegaron cuando nadie hablaba y me hablaron
que me dejaron tocarlos tras el silencio
entre los pinos las adelfas y los sicómoros".

Yorgos Seferis, Cuaderno de ejercicios. Mythistórima



¿Para quién recoges flores?, pregunta Naxos a una joven. Alguien muy importante debe ser para que las arranques y no las dejes crecer. La presencia imprevista de Naxos la asusta, no así la admonición encubierta que recibe. Mira, extranjero, ¿acaso no sabes que si no se recogen a tiempo se marchitarán igualmente?, le responde ella con una dulzura que desarma al hombre. ¿No te han explicado nunca que las flores y las plantas crecen para que hagamos de ellas un objeto de ofrecimiento o bien para sanar nuestros males? Tanto tiempo navegando ¿te ha hecho olvidar acaso cómo es la vida en tierra firme? Además, ¿no hacías como yo cuando eras niño? Alguna chica habría a la que dedicaras la flor más bella. O ella a ti. Al fin y al cabo lo que una mujer o un hombre espera del otro cuando le ofrecen una flor no es solo su apariencia, sino sobre todo la intención. Naxos se queda admirado del desparpajo de la mujer. No sabe bien si en ese momento es su amor propio o la capacidad de razonamiento la que le lleva a seguir argumentando. ¿Quieres decir que una flor es un puente que se tiende entre dos personas? No solo entre dos personas, responde ella, sino entre una persona y la divinidad, entre alguien y el destino, entre uno y el anhelo. Él la provoca. Y tú, ahora, ¿para quién las recoges? ¿Para un dios o para lo que es visible? ¿Para un héroe caído o para un mortal que sobrevive? ¿Para un amor entregado o para una reparación por la pérdida? ¿O acaso para ti misma, buscando el deleite de su contemplación? Ay, forastero, cualquier excusa es útil, le mantiene el pulso la joven. Pues la intención que hay siempre detrás es el goce. El que nos llega por los sentidos, sea el aroma, su forma deslumbrante o la compensación que proporciona el obsequiar o ser obsequiado. Mira, compruébalo tú mismo. Naxos se siente azarado. Había olvidado ya a qué huele una flor y cómo es su textura, reconoce mientras sujeta con cuidado los tallos. Apenas recordaba su belleza. Respecto a ser objeto de un obsequio te diré que durante estos años solo he recibido el salitre del océano y el abrasamiento con que el sol y el viento herían mi piel. Estás con buena gente, dice la mujer. Aquí, entre nosotros, podrás recuperar no solo tus fuerzas físicas o compensarte de la soledad íntima en que te has sentido tanto tiempo, sino retomar aquel otro vigor que emana del sentimiento. ¿Crees, dice Naxos, que a la adivina también le gustarán estas flores? La muchacha rompe a reír. Naxos, tú toma lo que está al alcance, acepta la ofrenda que cualquiera ponga en tu presencia. La naturaleza es generosa y los pétalos se expandirán para ti desde las miradas, las palabras o las manos del donante que te aprecie.




(Fotografía de Ata Kandó)   


12 comentarios:

  1. Hoy los obsequiados somos sus lectores, el texto es sencillamente hermoso. Maravilloooso!

    Adriana

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    1. Cuando en los veranos de la ciudad del Norte o subiendo por las escarpadas laderas de alguna ciudad vetona arruinada yo recogía flores eran simplemente para mi propia contemplación. El viento y yo las compartíamos.

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  2. Abrirse a la belleza, a su contemplación, nos hace elevar el alma. Si a la vez buscamos compartir ese sentir con algún gesto como ofrecer una flor, creo que nos ennoblece y nos acerca a la divinidad.

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    1. Sí, esa actitud nos recrea, nos hace sentirnos demiurgos de nuestra personal evolución (emocional, racional, sentimental, afectiva, lúdica...)

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  3. Las flores son curiosas. Alegran la vista y embellecen el paisaje. Un elemento imprescindible para la vida.

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    1. Toda la naturaleza tiene su rol, por sí misma, en armonía y/o conflicto entre todas sus manifestaciones. La manifestación Homo Sapiens toman con efectos útiles y también simbólicos, pero con repercusión física a su vez, elementos de la mamá natura. Las flores son desde la Antigüedad objeto de admiración. Delegamos sentimientos, emociones, afectos en ellas, son intermediarias entre humanos. Pero si supiéramos de su composición de su funcionamiento vital o de la fractalidad geométrica que acompaña a tantas de ellas nos caeríamos de sorpresa. Son mundos únicos.

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  4. Hemos sido atrapados por la flor que cortamos. Hace tiempo que no lo hago: me acerco, compruebo su olor, admiro su forma y color. Y la dejo en su lugar. Es más, cada vez me fijo con mayor atención en las flores más humildes, aquellas que llamamos en nuestra soberbia, malas hierbas.

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    1. Das en la diana. Siempre me sorprendió, y horrorizó, que a plantas u hojas modestas y de camino, se las denominara malas hierbas. o hierbas salvajes. Tenemos cuentas pendientes con ellas. Hasta la ortiga, que tanto laceraba nuestras piernas infantiles -salvo si contraíamos la respiración- es digna de admiración y reconocimiento. La naturaleza nos ha obsequiado con tanto...aunque no siempre los humanos lo reconozcamos.

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  5. Las flores son hermosas en la tierra, y aunque la argumentación de la joven no es desdeñable, si su utilidad es la de proporcionar belleza mejor disfrutarlas en su medio, en soledad, o con la persona a la que se regala ese tiempo para recrearse en lo bello.
    Es triste ver como se marchitan en la tierra pero aún lo es más verlas morir en un jarrón, o cualquier otro ornamento.

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    1. Son significados diferentes del humano. Para el urbanita que no dispone ni de huerto ni de macetas un ramo sustituye temporalmente la imagen de la flor-naturaleza. Aunque se marchiten pronto. De todos modos me parece que las macetas son un gran invento, pero ahí el clima y hoy día la contaminación deciden mucho en nuestras ciudades.

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  6. No puedo dejar de leerte!
    Un abrazo
    Pat

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