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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 15 de marzo de 2017

¡Que nada se llame natural! ¡Poned remedio al abuso!, nos recuerda Bertolt Brecht




No nos gobiernan los mejores, ni los más aptos, ni los más razonables, ni los más honestos, ni los más sinceros, ni los que quieren nuestro bien. En realidad en el mundo no hay gobierno, éticamente hablando. Hay estructuras de poder que prácticamente funcionan por inercia. Naturalmente, sabiendo dónde va la nave o cómo se mantiene. Hay dirigentes controladores, de dudosa capacidad como timoneles, pero que una de dos, o mantienen engañosamente el navío al pairo, cuando precisamente no son vientos apacibles los que soplan, o bien llevan camino de estrellarlo contra las rocas. Y en este instante del destino del mundo, nos sorprendemos especialmente nosotros los occidentales por nuestro propio ámbito, que pensamos que había quedado a salvo de lo aconteceres de otras regiones del planeta. Siria es un terrible aviso a las puertas. Y veladamente se habla ya de una desgraciada resurrección de odios en los Balcanes, y eso está más cerca aún. Y las elecciones próximas en varios países generan incertidumbres sonoras. Y las neolenguas desfiguran el uso de la lengua como herramienta para entendernos dentro y fuera de nuestro cerebro, con nosotros mismos y con los demás, y poder y saber llamar al pan, pan y al vino, vino. Y lo que llaman posverdad es vulgar y gruesa mentira. No comprender y dejarnos enmarañar por lo viperino es entrar en el juego. De tal modo se han alterado conceptos y desviado a los ciudadanos de los fines que creían justos y consolidados que la Democracia es hoy una representación desfigurada. Creímos que una vez conquistada, con todos sus límites e injusticias probablemente, ya no habría paso atrás. Hoy nadie está tan seguro. Y entonces de pronto llega de nuevo la voz poderosa de Bertolt Brecht en su obra de teatro La excepción y la regla y nada más comenzar la obra nos recuerdan los actores:

"Vamos a contaros
La historia de un viaje. Lo emprenden
Un explotador y dos explotados.
Observad con atención el comportamiento de esa gente:
Encontradlo extraño, aunque no desconocido
Inexplicable, aunque corriente
Incomprensible, aunque sea la regla.
Hasta el acto más nimio, aparentemente sencillo
¡Observadlo con desconfianza! Investigad si es necesario
¡Especialmente lo habitual!
Os lo pedimos expresamente, ¡no encontréis
Natural lo que ocurre siempre!
Que nada se llame natural
En esta época de confusión sangrienta
De desorden ordenado, de planificado capricho
Y de Humanidad deshumanizada, para que nada pueda
Considerarse inmutable".

Que nada se llame natural. Nunca debió haberse llamado. Y al final de la obra los actores, es decir Brecht, matiza y pone la guinda:

"Habéis visto lo habitual, lo que ocurre siempre.
Pero nosotros os rogamos una cosa:
Lo que no es desusado, ¡encontradlo insólito!
Lo que es corriente, ¡encontradlo inexplicable!
Lo que es usual, que os asombre.
Lo que es la regla, vedlo como un abuso
Y cuando veáis un abuso
¡Ponedle remedio!"


¿Seremos capaces de poner remedio a cuanto acontece?



(Nota. El texto de Brecht es sobre la traducción de Miguel Sáenz en la edición del Teatro completo de Brecht, Editorial Cátedra)



2 comentarios:

  1. En plan diplomático: .Difícil.

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    1. No sé si alguien lee a Brecht hoy día. Los clásicos modernos que como los clásicos antiguos nos iluminan los tenemos olvidados. Me sorprendió leer el otro día en un medio francés que cierto grupo de teatro iba a poner la obra "La excepción y la regla" durante este año. Por algo será.

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