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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 25 de marzo de 2017

Bosníaca. Mirada




Las últimas nieves se resistían a desaparecer. ¿O no eran las últimas? Desde aquella altura yo veía el cielo que se precipitaba con brusquedad sobre la ciudad y me estremecía. ¿De temor o de placer? Las nieblas descendían, atropellándose, borrando a su paso el bosque, los edificios y, lo que era peor, la historia misma. Fue en ese instante cuando caí en la cuenta de que la oscuridad siempre había estado presente. Que si las tormentas y las estaciones y todos los elementos de la atmósfera habían repetido hasta la saciedad su caos y circunstancialmente habían restablecido su armonía para de nuevo volver al caos y así desde el principio, antes de que el lugar fuera poblado, desde antes, mucho antes, de que hubieran llegado animales y hombres de paso primero, a asentarse más tarde, me di cuenta de que también los hombres se habían disputado con la más abominable vehemencia territorios y posesiones. Desde sus aristas cubiertas de creencias vacías con las que pretendían justificar su existencia, pero pretendiendo, en realidad, imponer sus dominios, los mismos seres humanos llegaban disfrazados. Unos a otros pretendían hacerse ver como seres diferentes, y se amparaban en sus colectividades particulares, sacralizándolas. Unos a otros trataban de imponer sus limitadas razones, sus demediadas verdades. Desde aquella altura yo no solo contemplaba el caserío silencioso y apocado. Miraba sin querer, por inercia, el pasado, eso que unos y otros llaman historia y la magnifican y la cantan para su propio punto de vista. Nadie de los hombres enfrentados, hoy subrepticios y alimentando con ideas irredentas su presente, quería ver lo acontecido en siglos como si se observara la naturaleza. ¿Por qué coincidían en interpretar los fenómenos de ésta y no osaban ponerse de acuerdo en sus propios asuntos? Por qué no eran capaces de trascender, de superar diferencias, cerrando el pasado de sangre, ellos que no eran tan distintos? Aferrados a símbolos, a ritos, a invocaciones, a ideas falsas, cada cual vociferaba sobre el otro, como si no hubieran aprendido lecciones dadas anteriormente. Yo miraba la ciudad y acaso me equivocaba. Erraba al verla como maqueta, como un juego, como una belleza que pudiera existir y redimir por sí misma a cuantos seres habían contribuido en parte. Pero ¿qué otra cosa podía hacer sino asombrarme?




(Fotografía de Inés González)




14 comentarios:

  1. Perspectiva hermano, perspectiva. Suele causar tanta tranquilidad propia como dolor ajeno....pero si resulta que somos ajenos a nosotros mismos, dolor por partida doble.
    Al menos que no falte la esperanza de un sol agobiante.... P'al caso....

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    1. Si no faltan a la cita los elementos no faltará la esperanza, pero la historia es más enrevesada que los ciclos estacionales. Es decir, la actitud de los seres humanos y sus difíciles convivencias.

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    2. Evidente consecuencia de la complejidad del proceso evolutivo y la diversidad de opciones que nos plantea.
      Dicho en basto: Eso del ego resulta un estorbo absolutamente necesario para nuestro sueño evolutivo.

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    3. Ley de Perogrullo: Luego lo necesario no es superfluo, y por lo tanto no estorba. El sueño evolutivo es muy selecto siempre a lo largo del tiempo del homo en general y del sapiens en particular.

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  2. Me gusta como escribes
    besos ♥

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    1. Gracias por ser receptiva, Kristalle, y comentar. Pasa cuando quieras.

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  3. El paso del tiempo y su reflejo en el paisaje no influye en las estaciones emocionales. Quien sufrió y el que infligió sufrimiento están unido por la maldición de la memoria, la culpa -si la hubiere- y el odio por un dolor que no se disipa.
    No hay nada peor que seguir padeciendo después de causado el daño. El olvido es necesario para reconstruir una vida maltratada, sin él,estamos condenados a sufrir el tormento todos los días de nuestra vida.

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    1. Ciertamente, Amaltea. Hay individuos y sociedades que, no obstante el relevo generacional, siguen incubando veneno, enfrentamiento y dolor. Los olvidos nunca lo son del todo. El no olvido si se utiliza con ánimo de revancha es una desgracia, si se tiene en cuenta como reflexión y capacidad de superación constructiva es una herramienta de paz. Los procesos humanos para asimilar experiencias colectivas son largos e impredecibles. No tienes más que ver cómo se espolean de nuevo los nacionalismos que siempre causaron tanto dolor y esclavitud.

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  4. A veces las ciudades son eso, maquetas. Y sus habitantes como esas pequeñas figuras que ponen los arquitectos.

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  5. no se, el olvido no existe y el dolor es diferente para cualquiera,y no se trata de vivir culpandose

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    1. Menuda contradicción esta por la que pasamos los humanos...Todavía no sé con claridad si hay o no que olvidar, aunque siempre hay que interpretar el dolor para superarlo, y claro, lo dela culpa...depende la visión moral o pseudo moral que tengamos cada cual.

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  6. ¡Madre mía! Escribes de una forma bellísima. Me alegro mucho de haber encontrado tu blog, el cual, por cierto, me está atrapando. ¡Gracias por crear tanta belleza! Un fuerte abrazo.

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    1. Sé bienvenida y lee cuanto te plazca, Desbordamientos. Gracias por interesarte.

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