La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 10 de octubre de 2016

Aquellos estos árboles, 54





"Nosotros, los salvados,
Siguen colgando los lazos hilados para nuestros cuellos".

Nelly Sachs, de El coro de los salvados.



Solo me considero a salvo en el sueño, no quiero decir estar tranquilo ni seguro ni feliz, porque no conozco ninguno de esos estados, sino que estoy a salvo allí dentro, como poco me encuentro físicamente a cubierto de los aconteceres de aquí fuera, que si en el sueño mi ciudad es víctima de devastadores o los perseguidores de la bondad humana tratan de obligarme de nuevo a tragar doctrina o perece alguien a quien mucho quise o no llego a tomar un tren que se aleja dejándome en el desamparo, un tren que llega y se va antes de que me dé tiempo a subir, cuyo destino no existe, pero que en sí mismo es como una fuga, y tampoco sabiendo de qué me fugo, en definitiva, imágenes fieles de mi propia vida, de lo vivido antes o después durante tantos años, donde las personas que he tratado se mantienen como si sus faces no hubieran cambiado, como si incluso no fueran ahora esqueletos en bastantes casos, siempre me queda el recurso del despertar, aunque sé de individuos que no quisieron despertar, porque querer no siempre es volitivo, no siempre es conciencia, hay individuos que hacen del querer y del poder algo más profundo, que igual les proporciona beneficios durante algunos años como les condena, y han llevado sus ansias a niveles más profundos de la conciencia, y entonces se les escapa la posibilidad de control, y perecen en el sueño, debe ser interesante creer que te vas a la cama para unas horas y que luego las horas son eternidad, porque quieras o no, en general del sueño de la noche se emerge, si bien hay despertares que aún arrastran la mano larga de lo soñado, no recuerdas apenas el episodio soñado, se trata de una especie de hálito que te envuelve, una costra que te sigue aislando durante unos minutos o incluso durante unas horas de otros seres, que si tienes que hacer necesitas que nadie interfiera en ti, y entonces te muestras huidizo o antipático o desinteresado, y repercute en las actividades pendientes, es una corriente que se instala en tu cerebro, como que una determinada clase de emoción te sujeta, si es de miedo te abruma, si es de deseo te agita, si es de angustia siento mi cuerpo trastornado, mi boca ensalivada, mis tripas revueltas, mis extremidades cansinas y agarrotadas, como si hubiera habido un derroche intenso de actividad neuronal que afectase a toda mi carne, y aquí me expreso a lo científico, sin serlo, porque tampoco me importa, si es una vez o una serie de veces dispersas en el tiempo no me importa, pero uno quiere expresarse como si fuera objeto de análisis de la ciencia, no por mi propio caso, sino porque cualquier hombre está sujeto a la intromisión de la ciencia, pero no es el caso, el caso es que uno se despierta algunas mañanas como si se estuviera haciendo, como si no procediera directamente del sueño, sino de un útero, y sintiera el dolor del desalojo, y si bien nos parece que el sueño ha quedado atrás lo que realmente hemos dejado atrás es esa salvación nocturna, y acaso me doy cuenta entonces de que la mano del sueño era mi origen, que sabiendo que salgo de él no quiere que me olvide, y me obliga a avanzar a través de la mañana sin dar pie con bolo.   




(Fotografía de Andrea Tomas Prato)


6 comentarios:

  1. Es curioso. Hace tiempo -mucho- que no sueño. Mejor, que no recuerdo ningún sueño, porque soñar soñamos todos. Tu texto me trae, de esta manera, a la metáfora y me parece un acierto de escritura y lo comparto. Pero jugando a la paradoja clásica: ¿sabe el hombre que sueña dentro del sueño y si es así cómo sabe o no si lo soñado es lo que ocurre al despertar?

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    1. Tal vez nunca lo sabe e manera determinante y comprobada, pero siempre lo intuye. Aunque tus preguntas permanecen en pie para curiosidad de los usuarios del sueño. Y se me ocurre más. ¿Es lo que vivimos conscientes la referencia de lo que soñamos o al contrario? De ordinario pensamos que el sueño es subsidiario, pero no sé no sé.

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    2. Interesante. ¿Son los sueños, aunque no los recordemos, los que nos impulsan al estar despiertos? Se sabe que los sueños reordenan lo vivido. Quizá también nos lleven a vivirlo de una o de otra manera.

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    3. Tal vez son solo las neuronas las que se reorganizan y utilizan las imágenes de lo vivido como subterfugio para recomponerse ellas, y a esa labor la llamamos sueños. Pero que al despertar del sueño podemos vernos incitarnos por el temor (y permanecemos sobrecogidos una porción del día) o bien por el deseo (cuántas veces deseamos llamar por teléfono a la persona viva con la que hemos soñado al poco de despertar, si es el caso) es evidente.

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  2. "Ahí me has dao". Compruebo que la tuya supone una forma de sentir distinta de la mía, seguramente todos estemos inducidos por la diversidad de circunstancias iniciales. Sin embargo en lo tocante a una doble vida onírica, pues sí, también, oiga vd. Podría escribir al menos un libro con todos los sueños que tengo recogidos, algunos premonitorios, con cifras y fechas, otros que resuelven dilemas enquistados. Muy acordes a mi naturaleza en su mayoría, es decir que he vivido aventuras mil y geniales, increíbles, he respirado bajo el mar p.e. y percibido bellezas inenarrables. Vamos que mi dosis de gloria ya me la llevo puesta, jajjj. Pesadillas solo en la infancia, la última, con dolor, a los 20 años. En un último y relativamente reciente sueño viví un terremoto, pero no fue una pesadilla, tan solo me despertó, pero como la lámpara no se movía, seguí durmiendo. En el penúltimo masticaba mis propios sesos, pero tampoco fue pesadilla porque ni me asusté ni sufrí, sino me sorprendí y recordé lo ricos que estaban los sesos de cordero rebozados de mi infancia. Recuerdo bien que de joven, varias veces, me despertaba en medio de un sueño donde estaba viviendo una aventura y al despertarme decidía reincoporarme al sueño interrumpido para vivir el final de la aventura. Como si se tratara de una película, vamos.
    Lo cierto es que el denominador común de todos ellos es la aventura, el descubrimiento, el juego. En los mejores también placer. ¿A que ahora se comprende mejor cuando digo que me nacieron profundamente afortunada, a pesar de todos los pesares?
    Yo pretendía que resultara contagioso, pero no, desafortunadamente no, la fortuna vital es única e intransferible. Puedes comprender que me liara a investigar tanta injusticia a diestro y siniestro.

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    1. Muy provechosa tu "confesión", y me quedo con eso de que la fortuna vital es única e intransferible, independientemente de que muchos coincidamos en una fortuna análoga, o en la carencia de ella.

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