La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 16 de septiembre de 2016

Aquellos estos árboles, 45





"Hubiese sido posible, tal vez, otra historia. De haber ahogado las voces y, en su lugar,
haber impuesto el gozo. Pero no fue así".

Chantal Maillard, La mujer de pie.


Tuve el mismo pensamiento que la poeta, incluso diría que en repetidas ocasiones se ha repetido en mí la misma sensación, viene a contarme Max, y es que cuando uno atraviesa etapas de la vida de las que está disconforme, que no le satisface casi nada de lo que hace, piensa de manera equívoca que de haber tomado otro camino, de haber seguido algunas recomendaciones, de haber dado un paso oportuno en el límite en lugar de quedarse uno parado o simplemente dudando, podría haber obtenido al menos una parcela de la tierra prometida, pero ese tipo de idea, tentadora y asaz engañosa, solo se suele tener cuando algo no va bien y no deja de ir mal, aunque es cierto que no hay situaciones que se inclinen perpetuamente de un lado u otro, de la satisfacción o de la carencia, de la risa o del llanto, del clamor o del silencio, también es evidente que su duración puede ser larga, y eso no es bueno porque si se piensa bien al acostumbrarse uno a la normalidad que nos parece segura y que nos da con generosidad se está enrocando en creer que el mundo o al menos su vida siempre va a ser así, y el día que deja de ser como uno consideraba que iba a ser para casi la eternidad el hombre no sabe reaccionar con suficiente paciencia y cae en un desánimo para el que no se había preparado antes, y de la misma manera hay personas para las que los ciclos duros parece que no cesan nunca y viven en un constante deterioro, a veces fatídico, he visto individuos perecer por no remontar sus circunstancias negativas, individuos que no han podido separar sus posibilidades de las circunstancias que les atenazaban dolorosamente, y entonces cuanto les rodea les va cercando y suplanta su mente, toma como rehén las ilusiones y no digamos cómo merma su capacidad de pensamiento, sus márgenes de discernimiento, su capacidad de reacción, no saben decir basta y solo un destello al borde de la desgracia final puede salvar a algunos, porque aún mantenían una brizna de fe en el resquicio luminoso que sin duda se cuela en la vida de todos los hombres, y eso depende de que se quiera ver, de admitir siquiera un leve panorama desde donde se puede rehacer la vida, es por todo esto que uno observa por lo que deduce que no conviene renegar en exceso de lo que se tiene o hemos tenido, no hablo de resignación ni de una conformidad malsana, que la hay, aquella en que uno vende su dignidad a cambio de pertenecer a otro, hablo de disponer de lo que aún tenemos para hallar sendas prudentes que aún nos proporcionarán satisfacciones placenteras y beneficios saludables, y en mis palabras se escucharán ecos optimistas, pero solo hablo de situar al ser que llevamos a cuestas, o que nos lleva a nosotros, y tomar una dirección a tiempo cuando las cosas no marchan, y no me da gusto parecer un moralista, ni un clérigo, ni mucho menos un consejero de autoayuda, que viene a ser lo mismo, pero eso ya depende de que el otro que me oye me quiera entender. 




(Fotografía de Michael Wolf)


8 comentarios:

  1. Lo que más me agrada de tu texto es el sentido de esperanza, siempre razonable y razonada, ese que nunca debería perderse y tan solo parece pertenecer a los aventureros, (los que van hacia la fortuna,como los insectos a la luz) a los que saben mudar, o mudarse a tiempo y con fortuna, repito. No todos poseen dicha capacidad, mal que nos pese y quien la disfruta placenteramente suele ser malinterpretado, lo cual infiere dolor hasta el punto de engendrar cierta misoginia relativamente feliz. Moralinas diversas, bah eso tiene aspecto de sedimentación histórica. Quien supo disfrutar en el pasado difícilmente dejará de hacerlo a lo largo de su vida porque va impreso en su esencia, el extremo contrario también rige y quizás resulte el contrapeso necesario de los agraciados, quizás sin la contrapartida de la desgracia ajena no podrían definirse. Constante juego de polaridades, hermano, y conviene recordar que vida es movimiento, no lo olvidemos.

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    1. "Quien supo disfrutar en el pasado difícilmente dejará de hacerlo a lo largo de su vida porque va impreso en su esencia". Me apropio de la cita. Creo que pasa eso, aunque todo nos parezca poco a veces. Como de cabo a rabo tu comment parece mío (jaj) no añado nada más.

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  2. Nadie es absolutamente libre ni absolutamente esclavo. Y todos y en todo momento decidimos libremente para obtener el mayor provecho de las decisiones, dentro de los límites de nuestra distinta libertad. Pero no todos tomamos las mismas decisiones en las mismas circunstancias. Ello es debido a que nuestra capacidad para analizar las circunstancias es distinta según el grado de conocimiento, experiencia, raciocinio e intuición. Y así, la previsión de las consecuencias de nuestros actos no depende tanto de la fortuna, que también, sino del criterio con el que los decidimos. Por lo que "Quien supo disfrutar en el pasado difícilmente dejará de hacerlo a lo largo de su vida porque va impreso en su esencia", cita que, por lo dicho, también comparto.

    Haces bien, Fackel, en aconsejar la senda prudente, la que se escoge teniendo en cuenta todas las certezas. Es por ello que discrepo de emejota. La esperanza, hija del miedo, esta “alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo” en palabras de Spinoza, fácilmente nos llevará a cometer imprudencias. Lo saben bien los ludópatas. Y no es una virtud de los aventureros. Mas bien lo contrario.

    Fackel, aunque sea un reto para mi capacidad respiratoria, por la inexistencia de puntos, celebro y comparto en alto grado tus reflexiones. Mi enhorabuena.

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    1. En efecto, la fortuna favorece en parte, pero el criterio es decisivo sea cual sea el origen, las posibilidades y las circunstancias complicadas que uno pueda encontrarse. En cuanto en lo de aconsejar lo de la senda prudente, ¿sabes?, mi intención al invocarla no va dirigida tanto a otros, pues cada vez me queda menos humos de misionero, jej, como hacer un recordatorio para mí mismo. Pues aunque los años avanzan nadie está libre de la falta de cautela, del riesgo innecesario e incluso de cierta contemplación justiciera que no conduce sino a lo negro del ser humano.

      La inexistencia de puntos podría interpretarse como el Triunfo y Exaltación de la Coma, es broma. Tal vez quiera ponerme el ejercicio de navegar bajo el agua confiando en is aletas de antidiluviano de los mares que ocuparon una vez la Tierra.

      Gracias por leer y opinar sesudamente.

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  3. La mano del hombre sobre el cristal advierte de que la línea del destino ya está trazada. Es posible cambiar de vida, renegar de las experiencias y tocar el piano como Gould. Es posible, claro, pero para cambiar la vida, ser un virtuoso, se requiere, en primer lugar una zambullida sin oxigeno en quiénes somos y qué queremos ser; luego, hay que echarle esfuerzo, coraje y determinación para reconstruirnos en otra clase de persona, o en la misma, pero mejor.
    Casi todo el mundo puede elegir cambiar, aunque solo unos pocos vivirán conforme a su sentido de lo que merece la pena.
    Digamos que el miedo, la pereza y casi siempre la ignorancia de nuestras verdaderas capacidades son nuestros enemigos. Y si me fijo en la quiromancia de la mano, ya nada podrá hacer el hombre de la ventana para cambiar de vida. Unos nacen con estrella y otros estrellados, lo dijo un sabio sufí.

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    1. Esta frase sufí solíamos decirla en el trabajo cuando había sus más y sus menos, y al menos producía risas y aliviaba desencuentros. Soy un escéptico total de que nos marque una línea del destino. LO que es evidente es que quienes pertenecemos al mismo ámbito cultural y no te digo de sociedad pues parece que las circunstancias ya nos resultan premonitorias. También sucede que las circunstancias de vida y muerte de los individuos en todo el planeta no aportan nada nuevo bajo el sol, todos estamos sometidos a las minimas leyes del caos natural o del caos de organización socio política, por lo que no hace falta ser adivino para saber qué papeletas llevamos. Luego en la vida se producen ciclos alternos, favorables o perjudiciales, y se nos plantea a cierta edad aquello de ganar tiempo contra el reloj personal, algo ingenuo pero que nos empeñamos en practicar. De acuerdo en que el miedo, la pereza y la ignorancia, y otra serie de circunstancias más, son nuestros enemigos, es el no querer reconocer límites y no advertir a tiempo nuestras posibilidades lo que nos mata, digamos. Pero incluso cuando percibimos con prudencia situaciones, no sé qué hay dentro de uno que somos capaces de dar un salto indebido, pasional, rompedor o decisivo en nuestras vidas. Puede salir bien o puede hundirnos. También es parte de lo complejo de nuestra estructura de vida íntima que cada cual debe saber cómo es o al menos intuirlo. No me atrevo a decir más, planteas asuntos muy complejos y de larga indagación. Pero hay que plantear, sí.

      Es por esto que me gustan ciertos blogs y blogueros, porque se emiten opiniones de libre pensamiento, digamos, que aportan, hacen pensar y nos proporcionan referencias.

      Gracias.

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  4. Vencer esa inercia a la que tendemos no es sencilla. Se puede, claro, pero se necesita voluntad y eso no siempre sobra, más bien escasea.
    Un abrazo

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    1. Y la voluntad es una herramienta plenamente humana, que no siempre triunfa o si lo hace alguien le da la vuelta. Nuestra historia de homo sapiens es así, ¿no?

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