La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







miércoles, 17 de agosto de 2016

Aquellos estos árboles, 34





"Él, mi tío Georg, me abrió ya muy pronto, por decirlo así, los ojos para el resto del mundo, me hizo observar que, además de Wolfsegg, y que, además de Austria, hay algo más, algo mucho más grandioso aún, algo mucho más gigantesco aún y que el mundo no se compone sólo, como comúnmente se supone en general, de una sola familia, sino de millones de familias, no sólo de un lugar, sino de millones de esos lugares, y no sólo de un pueblo, sino de muchos cientos y miles de pueblos y no sólo de un solo país sino de muchos cientos y miles de países, que son, todos y cada uno, los más hermosos e importantes. Toda la Humanidad es infinita con todas sus bellezas y posibilidades, decía mi tío Georg. Sólo el estúpido cree que el mundo acaba donde él mismo acaba".


Thomas Bernhard, Extinción.



Siempre tuvo él la misma opinión que el escritor, siempre no, en realidad nunca le enseñaron a apreciar lo de otros, pues el complejo malsano que le rodeaba se obstinaba en inculcar que su suelo, su patria, su familia, su paisaje era no sólo lo más bendecido sino lo único, único en el sentido de selecto y electo, por mor divino, no tangible, por encima de todo lo que hay por el mundo, bebió desde su infancia de una especie de consagración de la estrechez, de lo minúsculo, del entorno opaco que aprisionaba a todos sus paisanos, sólo se salvaban, y a qué precio, aquellos a los que el hambre o la miseria o el descontento les obligaba a desarraigarse, y cuesta entenderlo, pero muchos de aquellos si no se liberaron del todo de las circunstancias de origen al menos conocieron mundo, y luego contaron, y luego atrajeron a otros más, y mucho más adelante y lentamente revirtió como un relato de tradición oral, que al fin y al cabo lo era, sobre los que se habían quedado y seguían pensando que lo suyo era el no va más, y ese conocer mundo no era el del turista de ahora, que tampoco conoce mundo, que apenas ve las ciudades sino como parque temático, probablemente los que emigraron supieron más del mundo que los viajeros actuales con visa, y aun cuando muchos hicieran sus guetos allí donde iban era inevitable el roce con gente de otras nacionalidades, la adaptación, limitada y circunstancial, al nuevo medio, y pudieron comparar, y ahí está la clave, la gente que se considera que es y vive en lo mejor del planeta debería comparar, y comparar no es una estadística ni unos datos sobre el producto nacional bruto ni el mito de una conciencia de pertenecer a una patria en lugar de al mundo entero, comparar es ver al otro, romper fronteras, y no estar erre que erre pensando en que son mejores si se aferran a un Estado, porque al final son presos de ese Estado, del que han tenido y del que puedan crear, y nunca él entiende que se obstinen tanto algunos en reforzar aquello que les anula o les reduce, no comprende que muchos elijan la vida de vivir esferas dentro de esferas que ejercitan constantemente poder en cada una de ellas sobre sus súbditos, pero acaso sea, piensa él, que a muchos individuos les satisface ser súbditos, de ahí que sólo cambien de sujeto de dependencia, y arrinconen unos símbolos para adoptar otros, digo adoptar porque nunca se sabe si lo otro, adaptarse, es posible cuando se va comprobando que la historia se repite no con arreglo a banales ideas cada vez más desfiguradas, sino porque los verdaderos centros que deciden sobre las vidas se han fortalecido, y ellos, esos poderes crecientes juegan en otra estratosfera, y solo se sienten interesados en los acontecimientos, sólo se preocupan de los funcionamientos que ponen en marcha los hombres del suelo y del subsuelo si no alteran el equilibrio de sus negocios, así que él no logra saber bien por qué tanta obstinación en disgregarse aquellos que deberían trascenderse, no en el sentido metafísico, que ya no es posible citar como filosofía plana, sino en ir dentro y más allá de las dimensiones que la naturaleza social de los hombres ha disparado, y esboza una sonrisa, él que perdió muchas de sus sonrisas, cuando ve que los mitos cayeron hace tiempo, que todo se mueve como jamás se perturbó antes, que  los centros del universo, los ejes del carro de la historia, el centro de gravedad de la explicación del mundo, la esencia de sí mismos, sea con el sobrenombre enmascarado de pueblo, lengua, patria, economía, leyes, costumbre o tradición, es hoy día antiesencia, y no le cabe duda de que el mundo, agitado como jamás lo estuvo anteriormente, no reconoce el límite y que brinda una oportunidad al que se aferra, por complejo, miedo o renuncia, a creer que su leve parcela le pertenece, cuando ya estaba vendida incluso antes de llegar a la vida. 




(Fotografía de René Groebli)


10 comentarios:

  1. Aunque una cultura es un mundo no podemos vivir a espaldas de otros mundos ni creernos en la exclusividad encerrada. Si no espaciamos la mirada, la mirada acabará colapsando en los ojos...

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    1. Y ya colapsó. Me temo que hay mucho necio político, en el centro y en la periferia del territorio que moramos, que no tiende precisamente lazos para entenderse y para saber estar en el mundo. Si acontecen luego cosas graves habrá que pedirles explicaciones a todos ellos, aunque acaso ya sea demasiado tarde.

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  2. Un emocionado ¡Viva! por ti y por Bernhard.

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    1. Por Bernhard, por Bernhard, que ilumina. Un abrazo.

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  3. Biennnnn escrito!!!!!! Jaajjj por la cuenta que me trae. Mucho mérito quien habiendo nacido en un hormiguero se percate de la existencia del universo de forma práctica, que de teorías estamos hasta los cataplines.

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    1. Lo malo no es que tal hormiga se se crea elefante solo porque le arropa un colectivo hormiguero y está en su hábitat hormiguero -dicho sea de paso que puede ser destruido por la bota del constructor interesado en las tierras o del cazador ocupante de las mismas- sino que lo estúpido y peligroso es que eche mano de las ganas de atacar porque se siente crecida. De blablá hay mucha hormiga que exhibe sus distintivos, banderolas y discursos necios y no son capaces de dar salida a la política colectiva. Mal, mal, mal.

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    1. Anda, no sé, pero tal como pintan las cartas habrá que empezar a decir las cosas como son, aunque algunos seamos crípticos. ¿Se ha resignado todo dios a la mediocridad imbécil que practican tirios y troyanos?

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  5. Ay hermano jugoso comentario. Triste, triste, triste la cuestión que planteas, pero así es el mundo contra el que nos rompemos los cuernos ....y no parece evolucionar a la velocidad que nos gustaría.....ya te digo. Ayer me declaré en cierto tipo de huelga silenciosa y personal, una mas. Espero ver su fruto a medio plazo, mientras tanto a escribirrr que me tocará pronto, de momento un café in itinere.

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    1. Es que es para enfadarse. ¿Izquierdas? ¿Derechas? Si ni dios habla en plata. Eufemismos y ahí te las den todas, españolito. Ya nos tendremos que rascar más adelante. O pedir limosna.

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