La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 19 de octubre de 2015

Somnia (Violonchelo)











Pasaba junto a una casa a través de cuyas ventanas abiertas fluía una melancólica composición de violonchelo. Aquellas notas profundas y densas me dejaban paralizado. Después, sin que la música cesase, una mujer pelirroja se asomaba al balcón y me ofrecía: si te gustan estos compases tristes quédate con ellos, los he compuesto para ti. Yo entraba obsesionado en la casa, siguiendo la orientación de la música, pero por mucho que recorría estancias no daba ni con el epicentro de aquella armonía ni con la mujer. Entonces, al llegar a la última habitación, donde se abría un peligroso acantilado, fue la oscuridad. Allí el oleaje me arañaba con su espuma y mordía mi piel.



(Fotografía de Duane Michals)



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