La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 16 de junio de 2015

Aviso












Me asombro por la cantidad de gente del entorno que se ha suicidado, dice Walden. Algunos avisaban y pregonaban que lo iban a hacer y al final parecía que fuera el cuento del lobo; hasta que dejaba de serlo. Otros constituyeron una sorpresa: lo inesperado de su propio secreto; de un día a otro, de una madrugada a otra. Otros, ni podríamos haberlo intuido porque su desenfado habitual era una cortina de humo que nos impedía llegar al fondo de ellos. Cada uno de los que se han aplicado la solución final se llevan consigo el misterio de la vida que les superó por el lado negativo. No me considero ni juez ni moralista. Tengo dudas de que el suicida que se propone serlo y lo intenta alguna vez, aun sin gran convicción, dimita de su intención; más bien se reafirma porque su discurso interior no se detiene. En algunos casos cercanos, prosigue Walden, se advertía su lento abandono, su descreimiento más agudo sobre las emociones que podrían haberles compensado. Una vez me llamó F., amigo que había sido íntimo pero al que no veía desde hacía algunos años. Me comunicó su decisión y a la vez se reía de la situación. Puede ser calificada de cualquier modo, menos de absurda, llegó a decir. Le propuse ir a verle, que hablara una vez más conmigo. Pero él me exigió que, por favor, no interrumpiera sus planes. No, no tengo mala conciencia de lo acotecido. Aunque pensé luego muchas veces en sus motivos definitivos no di con ellos. Fue muy simple y claro aquella noche. No te metas, me dijo. Esto que tengo que resolver a las duras es un asunto entre el otro que me corroe y el yo que no acierta a seguir. Fui respetuoso con su opción y, créeme, amigo, cuando un adulto consecuente que ha tenido una vida rica en experiencias y saberes te lo cuenta así, tú estás por debajo. No eres quién para hacer nada por evitarlo. Eso sí, cumplí su deseo último de arrojar las livianas cenizas sobre el páramo inhóspito a donde le gustaba tanto acudir en sus recurrentes desolaciones. Aquella tarde hacía mucho viento y el polvo del muerto se revolvió contra los deudos. 



(Fotografía de René Groebli)


10 comentarios:

  1. Existen diversos modos de suicidio. no físicos necesariamente. Rrecientemente pasé por uno y no ha sido la primera vez, aunque la última siempre más cercana se percibe como más dolorosa. El suicidio físico resulta mas cómodo pero lo percibo como una forma de desagradecimiento vital, salvo que el deterioro del vehículo lo justifique con creces.

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    1. Bueno, los suicidios no físicos y provisionales sobre circunstancias determinadas de la vida son superables y a veces catárticos. Es caerse del burro y puede servirnos para ser más humildes. Ya sabes el dicho: a todo cerdo le llega su sanmartín. Sería siempre más benevolente que se tratara d euna opición con conciencia en lugar de impuesta. Pero no todo el mundo sabe cambiar su vida por las buenas.

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  2. EMEJOTA me ha hecho repensar la respuesta. Quizá el equivocado soy yo. Su última frase da en la diana.
    Salut

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    1. MJ es mú sabia. Sabe más por mujer que por diabla, jaaa.

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  3. emejota ha desarmado mi comentario, razón le asiste, hay suicidios que no son físicos, pueden ser en el alma, en el corazón o en la mente
    ¡también los hay políticos! jeje
    un abrazo

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    1. Naturalmente, quien más o quien menos hemos matado fantasmas y situaciones temporales gravosas en períodos distintos de nuestra vida. Hemos suicidado una parte de nosotros que consideramos en su momento negativa. Yo creo que la mayoría de las veces se produce por inercia biológica, casi sin darnos cuenta.

      De los suicidios políticos me río bastante. Cuánto engreído creía que iba a ser eterno...Un abrazo.

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  4. No sé, pero creo que yo no hubiera podido obedecerle en ese "no te metas". Entiendo lo que relatas, pero no hubiera podido.
    Saludos

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    1. Evidentemente siempre puede uno intentar evitarlo, pero como el otro se cuadre lo hará. El suicida convicto, digamos,siempre encuentra el momento por mucho que alguien intente disuadirle.

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