"...Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto". Claudio Rodríguez





viernes, 5 de junio de 2015

Anterioridad





















La anterioridad es un estado que se convierte en posterioridad cuando deja de recordarse. En aquel preciso instante un viaje en haiga, por ejemplo, sucedía en un presente aún expectante, como es de rigor. Toda expectación lleva implícita ilusión, entusiasmo e incluso euforia. Yo, afirma Walden, lo vivía todo y en ocasiones ponía de modo reflejo el listón tan alto que cuando la euforia no me concedía lo emocionalmente previsto pegaba un traspiés y me venía abajo, sabiendo entonces lo que era sentir pena. Naturalmente, me acostumbré a que no siempre se puede lograr un estado real del cuerpo como resultado de un estado emocional y afectivo estimulante. Que los hechos (la realidad) y las aspiraciones (el deseo) suelen ser caminos disociados. Y que cuando éstos se encuentran, por azar, el golpe favorable nos coge tan desprevenidos en su expresión de alegría como anteriormente pudo causarnos la de pena. La anterioridad, insiste mi amigo, es una especie de carpetazo, cuya pluralidad no la cambia de estado. Algunos viajes más he hecho y aún los sigo intentando, aun sabiendo que lo que realice hoy mañana será archivado a su vez. Y gracias si la memoria me proporciona el placer de sentir que uno ha vivido. 

A veces Walden me parece el hombre con más fe en sí mismo que pueda cundir en este mundo atroz en que los olvidos se imponen con una ligereza desafortunada.




4 comentarios:

  1. Escribí un largo comentario que este frágil móvil acaba de erradicar. Salió bien pero ahora me siento incapaz de reproducirlo. ...... No diré mas hasta que acuda, mendigando conectividad, a la biblioteca del pueblo. Le gustará la historieta pendiente.

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  2. Los autos de choque me encantaban, ahora, en mi anterioridad, me acuerdo del placer inigualable de conducir uno de ellos mientras esquivaba a otros niños que nos echaban los tejos con la sin par táctica de perseguirnos por la pista para chocarnos.
    Eras un niño muy mono, se nota en la cara de tu anterioridad que eras dócil y obediente.No como otras.
    Le diría a Walden que el antes y el después, como este instante presente, son pura ilusión. En realidad, no existen y no hay nada que añorar.

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    1. Esos no eran ni de choque (estos los descubrí menos infante), pero me cautivaban igual (cada ciclo o tiempo nuestro tiene una atracción donde nos deleitamos y ratificamos, ser algo o alguien a través del juego) Te imagino sagaz y osada desafiando el otro género. Yo era un niño que no me creía ser de este mundo (aún algo de ello persiste en mí, por eso me doy tantos mamporros) y tienes razón que me incubaron la obediencia y la docilidad, lo cual a la larga fue una losa de la que tuve que desprenderme, si es que uno se desprende alguna vez de lo que le metieron de niño a cristazo limpio.

      (Hablaré con Walden sobre esa opinión tuya, no sé, no sé)

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