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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 23 de agosto de 2014

Sotobosque



No porque no se vea deja de estar.

A veces me pregunto cuánto de cada uno de nosotros se muestra visible y cuánto permanece oculto. Cuánto de auténtico revelamos a los demás y qué volumen nos reservamos. Me pregunto también qué obligación tenemos de darnos a conocer, más allá de las reglas de juego. Y hasta qué límite. Incluso si no somos bastante desconocidos para nosotros mismos. El sotobosque oculta tanta o más vida, por minúscula que parezca, que la que se exhibe en superficie. 



10 comentarios:

  1. Tampoco creo sea necesario darse a conocer totalmente. Esto no es más que una pantalla que deforma absolutamente todo. Pienso que sólo cabe intercambiar ideas y dar a conocer opiniones.
    Sobre el desconocimiento personal estoy de acuerdo, siempre lo he creído. Uno no se conoce totalmente y no actua igual si es víctima como si es verdugo.
    En fin, un abrazo y cuidate.
    salut

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    1. Hablaba en general sobre actitudes en la vida, no específicamente de este entorno en el que deambulamos, que con frecuencia es mucho más sincero de lo que parece.

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  2. Dependerá de la importancia que cada cual se aplique si mismo.
    En cualquier proceso de deconstrucción el objeto que se piensa sujetó se devalua y es cuando comienza la relativización, el chiste personal aflora y la realidad deja de ser la social y culturalmente establecida.
    Una verdadera liberación, un colador a través del cual se escapan los fluidos emocionales para evaporarse.
    Claro que esto para la mayoría resulta anatema y hace falta todo un proceso de descomposición física y hasta que su memoria perdure , pero ... se pierden el placer del chiste personal "en caliente" de dicho proceso ya que sus cuerpos se encuentran inertes.
    Dolor intenso e inevitable, pero donde no?
    Algunos prefieren elegir, supuestamente.

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    1. Pero la importancia puede ser bastante falsaria, fingida, aparente. ¿No es lo que el personal del zoo pide habitualmente?

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  3. En ese asunto que comentas se alude al menos a dos conceptos que son de suyo raros y, si me apuras, sospechosos: profundidad y autenticidad. Y, de primeras ya te digo, amigo, que no soy de esos que van por ahí despreciándolos sin más como algo demodé. No. Creo que siempre serán herramientas necesarias a poco que pensemos en la cuestión de la identidad. Sin embargo, me pregunto si nuestra voluntad es asunto tan relevante en ese mostrarse del prado o del bosque, si elegimos ser emboscados o es lo que nos toca. ¿Elegimos ser reservados? ¿es lo que reservamos "genuino yo" en oposición a la "imagen pública"? ¿Realmente hay algo que ocultamos y que sea tan relevante que justifique la suspensión admirada del juicio? ¿O sucede que lo oculto o lo manifiesto se declinan en un orden no dominado por las fuerzas de nuestro querer o intención?. Así, yo veo que ciertas situaciones o personas sacan lo mejor de mi y otras lo que, en mi percepción, es sin duda lo peor, lo malo e inmoral. ¿Controlo yo la antorcha que ilumina lo que es tierra civilizada o jardín sobre el fondo de selva o manglar habitado por un "yo mismo" ignoto, continente perdido, sagrario de identidad?.

    Aplaudo, sea o no reiterativo, la contundencia de estos textos que escribes y que incita al pensar.

    Abrazos

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    1. Esos conceptos raros también son disímiles, pues uno puede responder a un criterio físico difícil de negar (la profundidad) y el otro a un orden de la cultura adobado con moralina equis (la autenticidad) Lo que es profundo, tiene peso y volumen, es obvio: pues bien incluso como tal puede ser ignorado o menospreciado por la colectividad, o simplemente ni lo valora. La autenticidad suena más a montaje, ¿quién define lo que es auténtico en un mundo en que todo parece responder a manipulaciones, órdenes agresivos e impuestos, campañas de marketing y de catequesis, según sea el producto que se oferte, etc.? Algunos escaldados que venimos de cierto tiempo atrás y nos parece ya una eternidad hemos sublimado estos términos, aun no teniendo claro el concepto. El tema es más sencillo. Por falta de claridad interior, o de capacidad comunicativa, o por precaución al ponernos en relación con los demás, o porque acaso nos conocemos de modo insuficiente y no queremos arriesgar lo poco que creemos saber, es por lo que dejamos parte de nuestro acervo más hondo en ese sotobosque, o en el subsuelo, que también es un término que me gusta aunque más urbano y asfáltico. No elegimos ser reservados o callados o secretos de una manera total, pero sí actuamos con reserva y silencio y ocultación...pues los riesgos externos son muchos, y en el bosque anidan alimañas por decenas de miles, algunas familiares, otras menos, otras repugnantes como las que se erigen en rectoras sociales. Claro que hay mucho que ocultamos, incluso inconscientemente o no conscientes de pleno, pues cada decisión es móvil, dinámica, insegura...indecisa (valga la redundancia) Cada día estamos emergiendo y nos llevamos sorpresas. Muchas maneras de pensar y actuar que considerábamos firmes podemos convulsionarlas o nos las convulsionan los imprevistos. Y coincido contigo que muchos sacan lo mejor de uno y otros lo peor...que solemos controlar, porque nos abocaría a un ajuste de diferencias peligroso e incluso violento. Por supuesto, no controlamos todo lo que desearíamos, no mantenemos la luz con la misma intensidad, no nos regimos por una conducta definitivamente ecuánime y clara...el tema de la voluntariedad de nuestros actos me apasiona: con frecuencia la gente se nos echa encima y nos exige un acto voluntarioso cuando los acontecimientos nos desbordan a todos. La voluntad no es tan potente como muchos se creen: voluntas es querer, desear, anhelar, intentar...pero no necesariamente conseguir. Intrincados los caminos, complejos y traicioneros los viajeros que salen al encuentro...ya no sabe uno qué pensar. Salud, Luis.

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  4. Un sotobosque que es intransferible y no tiene porque ser mostrado. Puede permanecer e irse con el poseedor-a del territorio inexplorado o puede, a veces, alguna mirada descubrir parajes ignorados por nosotros-as mismos-as. Pero, y si depende mas de una mirada atenta que de una ocultación personal?
    Ocultar como prevención o como defensa es razonable pero en situaciones favorables puede generar una falta de entendimiento en la todos-as perdemos.

    Salud

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    1. Bueno, se agradece esa toma de partido, digamos. El riesgo de la falta de entendimiento es obvio, pero el riesgo no se anula por no revelarnos sino dentro de las reglas del juego. Es lo que pretendía decir. Por una parte, nos revelamos para responder al pacto social, a las conductas comúnmente admitidas. Incluso lo hacemos mal muchas veces y de manera corta. Tengo la sensación de que somos como hurones o conejos, animalillos que diariamente salimos de nuestra madriguera llamada conciencia y personalidad para responder y saciar nuestras necesidades perentorias, que en nuestro ámbito cultural de la especie es más complejo que en otros animales, y luego volvemos a nuestro Yo refugio, verdadero subterráneo de confianza, pero no de seguridades definitivas precisamente. Gracias, salud siempre.

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