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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 16 de febrero de 2014

Obscura memoria, 3.




















Pulsa y compulsa. Está lejos y cerca. Lejos del pasado y cerca del instante. Más allá no hay prospección tangible, aunque él dé pasos como si la hubiera. Pero el instante se configura por lo que ha traído hasta aquí. El bagaje que le hace. También se nutre de lo imposible. El recuerdo que, no obstante, desfigura el pasado al tratar de interpretarlo (algo más puro al ser tocado por la simple percepción de su memoria) Y la ilusión por lo venidero (algo más materializado al hacer, ilusionar, planes) cuya vanidad pretende ser espacio, y siempre acontece desafío. El hombre de la noche se agita como si fuera el hombre del día total. Cree vivir en la luz plena, pero se orienta por ese ligero plano luminoso que se cuela por las cavidades diminutas de su ser. Crece en su insignificancia, pero él no admite su pequeñez. Soberbio siempre, hace de su pasión conducta. El oficio le consagra y sus pasos nunca van en la misma dirección, por más que pretenda. Porque la dirección se le ciega. Con la pasión levanta sus mundos. Pero los diversos rostros de sus apetencias se cruzan, alternando sus dominios y, por lo tanto, el precio de las imposiciones. Que derriban sus logros anteriores o refrenan su ritmo. El hombre de la noche es impulso, desvío, rumor. Cuando se detiene parece acabarse el mundo. Cuando va hacia otro lado todo queda en confusión. Cuando se torna vocinglero todos los hombres se alteran. Y sin embargo, hace tanto tiempo que descendió de unos límites para ser esto...Y sin embargo, si pudiera tener claro que solo si baja del pedestal podrá llegar más allá...Acaso simplemente sobrevivir.   



(Fotografía de Toni Catany)



4 comentarios:

  1. Querido Fakel, es díficil saber qué identidad nos corresponde a diario; si somos "el hombre de la noche" o las formas simples y nítidas del hombre de la amanecida. Tal vez las dos identidades nos habitan a diario.
    Hoy regresé a Ávila y me dí un largo paseo por los sitios de siempre. Pensé en ti, sé cuánto amas la ciudad. Un fuerte abrazo, otra vez con lluvia.

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    1. Agradezco que me hayas recordado. Aunque la ciudad ha sufrido su considerable transformación, como todas las ciudades españolas, las huellas están ahí y en la memoria de uno. Hace tiempo que no voy y quiero hacerlo, siquiera por el placer de pasear por los espacios de infancia. Y contrastar relajadamente.

      Un abrazo mesetario, y otro a los vetones.

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  2. crece en su insignificancia...
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    qué querés que diga Fackel, cerrá y vamos!
    un abrazo

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  3. Aunque no se sepa dónde. Salud.

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