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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 9 de septiembre de 2013

Redacción















Hoy es otro día. Brilla el sol. Las nubes se alejan. Una clase de nubes, ya se sabe que hay cirros, cúmulos, nimbos, etc. Y metáforas. ¿Conocen ustedes las nubes metáfora? Creo que sí. Pero no quiero ser aguafiestas hablando de la atmósfera porque veo que los empleados van a sus puestos de trabajo canturreando. En los semáforos la gente que espera se muestra contenta. Bambolean bolsas de los grandes almacenes porque la alegría comienza comprando. Quién iba a decir a nuestros padres hace años que comprar, es decir, quedarse sin el escaso dinero que se tenía, iba a ser motivo de alegría. El placer del desembolso, cómo llena, efecto placebo, efecto misterioso; cuánto dura ese efecto no lo sé, ¿llegarán los compradores a casa con tal complacencia? Pero es que es tan bonito ver a la gente tan gozosa de par de mañana. Es bonito el día porque brilla el sol. Aunque también puede serlo porque no es ayer o porque ayer fue algo respecto al día anterior. La gente anhela llegar a otra jornada cuando la víspera ha sido como poco soseras y no te digo si ha sido malestar. Por el contrario, cómo le gustaría al personal retener los momentos buenos de la víspera, esos tragos, esos roces, esa escapada a ninguna parte, esos conatos de amor, es decir todo eso que les vuelve locos por el mero hecho de desearlo. Pero no puede ser, el placer se aplaza y el dolor se ignora. Puede que esa sea la clave del contento que observo esta mañana. Quién dijo que la normalización de la vida ciudadana los lunes era una desgracia. Mayores y chicos van dicharacheros y alegres por la calle. Iba a decir también confiados, pero no me he atrevido del todo. Ir confiados puede implicar dudar de la seguridad, y todo el mundo vive seguro, ¿no? Los compromisos de vivienda los tienen amortizados, el trabajo no les falta, sino que tienen dificultades para elegir porque no saben con cuál quedarse. Los seguros que pagan por estar seguros, y mira que hay modalidad de seguros como los ha de riesgos, y los hay privados y públicos, esos seguros les hace sentirse más seguros, por eso pagan a gusto. Nunca he sabido si un seguro devuelve la vida o la pierna o la casa a un damnificado, pero lo importante es pagar el seguro que da mucha seguridad. Si no hubiera seguros la gente no sabría qué hacer y por eso buscan más y más seguros. No sé qué pasa hoy pero se les ve complacidos a los peatones, y los conductores se desplazan afables y calmados y van haciendo adiós con la mano, y ceden los pasos y esperan cómodos a que otro conductor aparque. Es posible que hoy se muera el mismo número de personas que otros días, pero mi vecino que trabaja en un tanatorio me ha dicho que su jefe está preocupado. Que teme que las funerarias se desprovean de todo carácter lúgubre, si es que alguno les queda. En los tanatorios están aturdidos, pues todos los cadáveres llegan allí con una expresión tan feliz que temen que estén todavía vivos, y es algo generalmente admitido que a los muertos no se les puede enterrar vivos, no solo porque iría contra la ley sino porque daría pena, por muy alegres y confiaos que se muestren los difuntos. Es un día bonito y yo voy ligero por la calle. Cuantos pasan a mi lado van con entusiasmo, no se avergüenzan, más bien lo exhiben. Algunos compiten entre sí por manifestar más contento. Hay quien tararea cancioncillas de spots publicitarios, son tan bonitas, otros mascullan letras irreconocibles de los últimos hits, incluso uno que ha pasado a mi lado tarareaba a Vivaldi, pero no he podido saber cuál de las cuatro estaciones sería. ¿Sería la del verano porque se va alejando o prepara la alegría del otoño próximo? Esta actitud de los viandantes prueba que no hay tan bajo nivel de educación musical en el país.A mí todo lo que canten o tarareen me viene bien, porque tengo mala memoria, son pegadizos y te ponen genial. Es una iniciativa personal, nadie ha mandado que se vaya así por la calle, es más bien una actitud refleja, la gente se siente bien y quiere demostrarlo con lo más antiguo del mundo, que no es la prostitución como dicen los insolentes y mal pensados, sino la musicalidad de la naturaleza. Voy a cortar la redacción, porque debo entrar a comprar el pan, ya estoy dentro. Doy los buenos días, y el personal que hace cola paciente y entrañable responde con otros buenos días de los que cuelgan la ese final, como si no quisieran terminar de pronunciar no una palabra, sino un deseo, un conjuro, una pizca de bienestar. Qué dia tan precioso, y cómo brilla el sol.




(No sé por qué al bajar una fotografía que había buscado se ha bajado ésta, pero como es un bonito día y brilla el sol y todo el mundo anda feliz, pues la dejo, porque hay alegría en ella, y unas buenas ganas de joder al zar de todas las Rusias, lo cual me parece fantástico)


8 comentarios:

  1. A pesar de las nubes, las metafóricas, más nos vale poner buena cara, ¿no?. De todos modos entiendo lo que dices, porque gran parte de esa gente que se siente satisfecha llenando bolsas viven en la inopia o mirando para otro lado y claro así nos va. Aunque no sé cómo cambiar eso. Tal vez los poderosos conocen muy bien la "insoportable levedad del ser" y se aprovechan para verdernos lo que sea. El consumo no deja de tener un efecto compensador aunque tan poco efectivo que por eso la insatisfacción campa por doquier. Así que si la gente canta, tal vez sea bueno...no sé...
    Un abrazo.

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    1. Bueno, no es más que ironía, Sonia, pero no creas, el consumo es una religión en nuestros días. Y una filosofía, huy que me perdone la Filosofía. Un abrazo.

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  2. Aquí también luce un sol espléndido, aunque no veo esa satisfacción en las caras de los transeúntes, ni tampoco los buenos modales que citas, diría más, creo que ni cuando el consumismo nos podía y el dinero fluía, se notaba una especial amabilidad, ni fraternidad en el ambiente.
    Tu redacción lejos de animarme me recuerda la triste realidad del momento, supongo que de eso se trataba, un abrazo.

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    1. Es que no miras bien, jaj, a tu alrededor. Mi ironía y aparente desfiguración textual acaso no lo sean tanto, ¿no crees? No te dejes influir tampoco por esa redacción, tú eres fuerte, y el texto no es grave. Lo grave está en el seno de la vida de cada cual.

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    2. El texto en sí no es grave, sobre todo si optamos por vivir de espaldas a la realidad, pero a poco que se indague sobre el mundo en el que vivimos o te entran ganas de vomitar o ganas de llorar, unas veces me inclino por una opción, otras por la segunda.
      Quisiera ser más positiva, pero no me sale, así que no voy a enturbiar tu redacción con mi pesimismo, que tiene reflexiones interesantes que se pueden aprovechar.
      Un abrazo.

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    3. Cuesta ser optimista y cuesta ser positivo, salvo que se sea muy banal, que es lo que cunde.

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  3. A mal tiempo...
    A mal tiempo, nos sentaremos llorando viendo pasar los ríos de Babilonia.“super flumina babilonis, ibi sedimus et flebimus”.
    A mal tiempo, largarse.
    Salud

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    1. Sobresaliente cum laude en la herencia del Lacio, Francesc, me ha gustado tu reivindicación de nuestra lengua madre. Lo malo de los ríos es que no se sabe si se dejan mirar o nos arrastrarán sus aguas turbulentas. Y largarnos...¿dónde estaremos a salvo?

      Un abrazo.

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