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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







lunes, 23 de septiembre de 2013

La danza
















...sentir las piedras, la tierra, las baldosas, la madera, soportar que los pies se hinchen o que se arañen, que se enfríen o que recuperen cálida sensorialidad, establecer un coloquio sobre la marcha, tú materia árbol, materia polvo, materia limo, materia origen, tú me hablas y yo avanzo los pies para que sepan de ti, tú te entregas, materia del silencio, y mis pies me envían tu mensaje, y no hay suficiente sangre dentro de mi cuerpo para absorberte, materia, y los poros de mi piel se abren a cada sentido de ti misma, la rugosidad de tus aristas o tu húmeda sedimentación o tu lamento fósil inconmovible o la osamenta de ramajes que busca el cielo, todas vuestras identidades aquí bajo mis pies, macerando mis pies, reconstruyendo mis pies, tal vez haciendo de mí otro poseedor de pies no más primitivo sino más auténtico, tú, materia horizontal, pones a los pies en su lugar, compensas la debilidad de su enviciamiento, los liberas de su coraza habitual, los rescatas de sus pasos cortos, los desprendes de sus gestos incógnitos, y el hombre siente sus pies con propiedades no imaginadas anteriormente, y en su contacto contigo, materia vacío, se establece un vínculo que traslada la voz de animales y de hombres, de esfuerzos y de reposos, de climas y de hábitats, de tundras y de manglares, de selvas y de desiertos, de prudencias y de riesgos, de huellas y de símbolos, y el hombre reconquistado y abducido por ti, materia incesante, hace clamor nuevo de sus posibilidades y lleva hasta su corazón el antiguo y perseverante rostro tuyo, materia, adorna sus pies con tu tacto y tu caricia y reinicia la danza que no debió de haber dejado de bailar nunca



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