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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 22 de marzo de 2013

Ciudades invisibles




















No sé exactamente cuántas son mis ciudades invisibles. No todas las que he visitado lo han sido. Otras no las conozco aún y sé que me esperan. Otras son invisibles dentro de la visibilidad y las hay invisibles dentro de lo invisible. Hay una invisibilidad para los ojos ajenos y otra invisibilidad para mí mismo. Esta última es la que me interesa sobre todo. En ese descubrimiento de ciudades invisibles a lo largo de mi vida, muchas no tienen nombre. Existe acaso un paisaje y unos individuos que las definen. Por ejemplo, mi propia infancia en sí puede ser la gran y extensa ciudad invisible, sobre la que aún sigo indagando. Es tan larga y profunda que aún sigue siendo objeto de interés y de búsqueda por mi parte. De alguna manera todavía la habito (el tiempo y el espacio no lo pueden impedir; podría hacerlo la memoria, pero ésta, caballo desbocado o fiel viene a beber de mi mano y a darme de beber a mí) La infancia no es un mero tránsito, ni se limita a unos quehaceres obligados, ni se justifica como el cumplimiento de los ciclos en una cómplice relación espacio-tiempo. La infancia es vorágine y es ciudad dentro de ciudad. También podría mencionar entes territoriales, pero para qué; son demasiado visibles y no tienen interés. Más que citar nombres de entes urbanos o agrarios, me quedo con mis nombres inventados o resultado de lo experimentado. Por ejemplo, veranos de mi infancia. Por ejemplo, la cabaña bajo la higuera ocultadora (y protectora: descubrir que lo oculto y lo protector tienen un maridaje fue sabiduría) Por ejemplo, los recorridos bajo la niebla de noviembre. Por ejemplo, otro cuerpo. Ah, y siempre siempre mi propio cuerpo. Mi concepto de ciudades invisibles se prolonga más allá de la luz y de los sonidos, pero se mira en ellas también con una determinada luz y se las escucha en sus ruidos familiares o misteriosos.

Me ha hecho pensar en el tema  -pero con mis expresas divergencias y desvíos-   estos días un librito (por su tamaño) pero un libro por sus agudas sugerencias y su atracción literaria, titulado "11 Cuadernos de Bitácora de la Ciudad Invisible", cuyo autor es Fernando del Val y que ha editado Polibea. Que un individuo de treinta y cuatro años haga pensar en ciertas materias a uno de...equis (me los callo) a mí me estimula. Pero no quiero hablar más del tema. Simplemente os remito a este enlace

http://elojoheterotopico.blogspot.com.es/2013/03/las-bitacoras-de-navegacion-de-fernando.html




















6 comentarios:

  1. Consolador, ciertamente consolador que la especie avance. Este es un buen ejemplo, aunque no me parece que andemos como para andar echando cohetes. Bs.

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    1. Hola, reaparecida, jaj. Me alegro que haya una parte de la vida (la criadora) que la veas con buenos ojos. Ahora afina la otra: simplemente deberíamos superar la tradicional y deprimente psicología española de tanto cohete y castañuela, y hacer más. Estoy viendo a mucha gente joven con muchas ganas y mucho empuje. Si escriben, buena señal. No sé si es suficiente, pero sí bastante. Tiene que haber más referencias que las futboleras, taurinas y otras salsas grasas, ¿no crees?

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  2. los jóvenes podrían ser viejos en penas y sinsabores, pero su sangre vital siempre es una tea encendida que se reedita
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    yo creo en ellos
    un abrazo

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    1. Biología pura (y muchas veces sumamente animal y agradecida) que debe nutrirnos con su savia.

      Yo también creo, pero no en todos,jaj.

      Una brazo, Omar.

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  3. Tomo nota, para leer. Me ha gustado tu post y esta entrevista al autor me ha hecho reflexionar... Transita por lugares comunes a mis propias reflexiones y referentes.

    Un abrazo.

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    1. Creo que los caminos de cierta gente son muy transversales y que en ellos nos encontramos.

      Gracias, Sala.

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