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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 15 de agosto de 2012

Un día en la vida de Mark Strand






Donde quiera que esté / soy lo que falta. ¿Cuánto ha transcurrido desde mi primera lectura de Mark Strand? Aquella donde leí cierto texto que es toda una declaración personal de principios, una propuesta de reiniciarse uno mismo, Renuncias. O el existencialista Un viejo se despierta en su propia muerte o el Manual de poesía nueva que parece un libro profético o la imponente Elegía a mi padre con ocasión de la muerte de éste (qué resonancias para un español, ¿verdad?) Todos ellos extraídos de diferentes poemarios y recopilados bajo el título de Sólo una canción allá por 2004. Tras aquella edición soberbia de la Colección La Cruz del Sur, tenía aparcadas nuevas lecturas de Mark Strand, si bien reconozco que ese libro lo he tenido siempre a mano para consolarme en él. Porque los poemarios tienen mucho de lectura espiritual o de espejo donde uno se contempla o de territorio por el que se extiende cuando la vida te pone límites. Strand no es un poeta fácil a primera lectura, según mi modo de ver. Hay que aceptar inicialmente su ritmo, luego su modo de relatarnos (sus poesías nos relatan su vida), más tarde intentar traducir su sentido y es entonces cuando se opera el vínculo. Por ejemplo, siempre hay una estrofa cómplice con el lector, tal como:

Mi cuerpo se tiende
y escucho mi propia voz
tendida a mi costado

¿Cómo no dejarse atrapar por lo que puede ser el eco de uno mismo? Y a partir de ahí el lector repite la lectura, se olvida de que está leyendo a un anglosajón canadiense, piensa en sí y se pone en la piel de Strand para descubrir, paradójicamente, que posee el mismo código genético de preocupaciones, angustias, frustraciones, satisfacciones también, siempre limitadas y, cómo no, la memoria que pesa sobre una losa, de la que no puede uno librarse, a la que se acude para explicar, para justificar, pero nunca para recuperar.




Y ahora llega a mis manos un poemario de poco volumen pero de una talla superior. Casi invisible. Nada que ver con lo que aparece en Sólo una canción. Aunque el editor lo presenta como libro de poesía y lo edita en Visor Poesía, no es ésa la apariencia. Desde luego no lo es formalmente y encajarlo como prosa poética induce de mala manera al posible lector, no me va. A mí me parece algo diferente. En principio la impresión que recibes es que son microrrelatos, pero tampoco. En cierto modo hay argumento, pero un argumento para no llegar a ninguna parte. La lógica de una narración en prosa no existe aquí, es otra lógica a caballo entre el ritmo poético usual y la narración más simbolista. Y sin embargo, contiene mucho pensamiento, que te lleva a asentir pero no a concluir, porque tampoco es filosofía. Eso sí, no olvidando nunca que la poesía y la filosofía son métodos diferentes con pretensiones análogas: saber sobre el mundo y sobre el individuo.

Casi invisible dispone unos textos que son como paseos. Si no poseyera ese don de lo inaprensible parecería en muchos casos un libro de aforismos sui generis, que no pretende imponer nada. Solo concluir en lo circundante, en la experiencia del vivir cotidiano como objeto de reflexión, con alto contenido irónico, con el sustrato y a veces la revelación más estruendosa de una bondad poética que seduce y te conduce a releer una y otra vez el texto. ¿Para entenderlo? Sí, pero sobre todo para saborearlo, para reconducirlo a tu interior, para advertir su ingenio. La poesía es hálito, intención, juegos indirectos también, incluso curso fluido en espiral, si bien sin la esperanza necesariamente de que te espera algo al final. Salvo la comprobación de que vives. Transcribo el titulado Eternidad provisional:

Un hombre y una mujer estaban acostados en la cama. “Sólo una vez más”, dijo el hombre, “sólo una vez más”. “¿Por qué sigues diciendo eso?”, dijo la mujer. “Porque no quiero que termine nunca”, dijo el hombre. “¿Qué es lo que no quieres que termine?, dijo la mujer. “Esto”, dijo el hombre, “este no querer que termine nunca”.



(Mark Strand. Casi invisible. Colección Visor de Poesía. 2012)

12 comentarios:

  1. "Donde quiera que esté soy lo que falta", estar en la carencia provoca las mayores insatisfacciones del mundo. Yo lo huyo.

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  2. Francesca, es un punto de vista. Nadie quiee la carencia y menos la ausencia.

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  3. Por supuesto, Emiliano, pero nada que no sea.

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  4. hermoso caballo para bajar del estante, este año me han regalado tras su recital un libro firmado

    salud fackel, es un placer leer lo que escribes

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  5. Las lecturas, ccRider, son como los caballos: pueden ir al paso, al trote o al galope hacia el viento.

    ¿Te refieres a que te han regalado un libro de Strand? Vaya, qué suerte.

    Salud y abrazo.

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  6. Tomo nota. Lo leeré.
    mil gracias.

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  7. Túconmigo, siempre viene bien que hablemos en la Red de cosas que hemos leído, pero ya sabes que toda lectura es de recepción muy instintiva y sensorial, eh. Y en función de los gustos y significados de cada cual...

    Gracias a ti por seguir mis ejercicios.

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  8. Siempre me completas algún tipo de carencia...buena lectura amigo, muy buena. Bertold Brech, Kafka, Charles Wrigth,Charles Simic,Lorca, Pessoa...Rozando el surrealismo se llega al realismo puro,casi incomprendido por la mayoría de terrícolas, que prefieren el fútbol o la tele, antes que la conciencia molesta de la cultura. Así nos va


    Toda revolución comienza en el intelecto, ese es el blanco de toda represión, el enemigo al que hay que combatir para someter.

    Años aun, siglos quizás, antes de que el simio se traduzca en hombre.
    (personalmente creo que el simio es un ser superior)

    Un abrazo

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  9. Gene. Pero allá cada cual, nos guste o no. Toda mi lucha personal es no dejarme influir por lo que quieren o no los demás. Nuestra búsqueda individual es necesaria, insustituible y útil. Estoy de acuerdo que en el Pensamiento reside cualquier principio de conducta, no solo de vaga idea. Por lo tanto, también de transformación, de lenguaje, de encuentro y de esfuerzo colectivo.

    Por mi parte, tengo la claridad de que no sé ya cambiar de especie, ni en tiempo ni en estado. Que debo buscar mi parte de especie más interesante, porque el Hombre lo es. Que unos se desmerezcan de sí mismos es su problema.

    Un abrazo y no ceder.

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  10. Un sobrevalorado como pocos. En poesía va a costar ponernos de acuerdo...

    creo que hay que ser un poco más exigentes con quienes no hacen temblar la lengua, con quienes se quedan parapetados bajo las designaciones unívocas, en un lenguaje puramente superficial

    pero tu emoción de lector no tiene precio, no hay "valor" para tasarla

    la aprecio mucho

    salve

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  11. Stalker, ya sabes de mi bondad acerca de las cosas -que no necesariamente las comparto- que escriben los poetas...Este libro en concreto me ha gustado, qué lo vamos a hacer.

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