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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 24 de enero de 2012

veinticuatro de enero



(me podría quedar observándole a distancia, sin que él me viera, sin que ni siquiera supiese que estaba allí, y le estaría oyendo hablar; a veces habla solo, pero nunca habla solo, en su diálogo interior es fecundo, lo fue desde su niñez solitaria; solitaria no quiere decir abandonada, sino reconcentrada; protegía sus mundos interiores con sus juegos, sus evasiones, sus ausencias; ¿o era todo lo mismo?; de alguna manera lo ha seguido haciendo siempre, más ahora en que ya no le llama tanto encontrarse con otros individuos o con otras tribus; ha vuelto a él, pero no es del todo verdad, siempre ha estado en él; pronuncia palabras y las escribe, en estos tiempos en que las palabras parece que estuvieran agotadas; pero no, las palabras son inagotables; cierto que algunas, muchas acaso, sobran; cierto que hay palabras traidoras, que se vacían de significado, que son de más ruido que nueces; él reexplora las palabras como relee o como prueba el fruto desconocido de otros textos; aparenta ignorarme cuando entro y le hablo; apenas me deja que diga algo, me utiliza, soy el testigo secreto y sabe también que en mis escasas aseveraciones puedo apuntillarle; ahora le escucho, parado desde la puerta entreabierta de su gabinete: no hay libro que nos hable de todo lo que habita; no hay silencio que nos vacíe de manera definitiva; no hay palabras que sean totales; el límite de la palabra está en nosotros, cada uno renueva la palabra o la extermina; ha ido bajando el tono de la voz y lo siguiente me resulta imperceptible) no te quedes ahí, dice de pronto con fuerza, o entras o sales; y no sé si manifestarme o dejar de estar allí



(Imagen de Alfredo Castañeda)

8 comentarios:

  1. Creo que hay respeto y admiración en este bello texto.
    ¡Cómo no estar de acuerdo con lo escrito en cursiva!

    Saludos.

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  2. Volverse en espiral. Antiguamente en algunas partes el trisquel, o simplemente la espiral significando fuerza centrípeta… quietismo reencarnando el movimiento de las estrellas y el tiempo. También existía el sistrel que podría ser un ying yang oriental. Las palabras acechan o las acechamos, eso nunca me quedó claro la verdad. Debería entregarme a las entropías tal vez para entenderlo. Me han encantado tus anteriores entradas, pero muchas veces juzgo falto de provecho dirigirme a ti con un comentario, y me quedo observando a distancia. Con las focales precisas. La entrada de hoy se me intercala prodigiosamente con la de la tortuga bicéfala.

    Te mando un sereno abrazo Fackel

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  3. Si nos lanzamos a la pequeña cajita en la que ahora escribo - como ese personaje del circo que desde lo alto se dejaba caer en una palangana - es porque no nos quita el síndrome quedarnos observando en la distancia. Tal vez no somos aún sabios. Cuando alguien (tú, él) se lanza a entrechocar palabras para sacar chispas y sonidos, queremos apuntarnos al juego, ser el otro de ese que habla solo, abrir en canal o fecundar las viejas palabras que nunca son tal (ni en los libros, ni el el vacío, ni en el tedio).

    Me dejo caer en este cuadrado de blogger, como si anotara la reflexión de otro en la servilleta de papel con la que limpio los restos del café o seco el sudor de una imagen.

    Salud

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  4. Sólo me dejo atravesar por el texto, y al hacerlo lo hago mío, y yo quedo enredada en su trama y me hago parte de él.
    Desde este silencio que empieza a ahogarme, me acompaña especialmente tu texto de hoy.
    Gracias.

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  5. Isabel, gracias por ser tan perspicaz. Buena jornada.

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  6. ccRider. Yo concibo las fuerzas centrípetas y centrífugas como complementarias. Absorción y expulsión son dos maneras o sistemas de manifestarse los fenómenos naturales. ¿Por qué no las palabras? La captura hacia el centro exige la contrapartida de la expresión del vigor de ese centro. No sé si en la física del Universo será así en todos los casos (la física está evolucionando continuamente como conocimiento) pero en la expresión del individuo no me cabe duda (y en sus realizaciones) Las palabras acechan Y las acechamos, no te quepa duda, aunque lo hagan con distinta intensidad en una dirección u otra. Lo de las entropías...no me lo había planteado, tal vez porque considero que controlar o medir la energía que desarrollamos con la palabra no lo siento necesario.

    Y, por favor, cómo puedes decir modestamente que no te diriges a mí muchas veces. Nada de cortes. ¡Si este es un territorio cáotico, en construcción (y en deconstrucción), escéptico y rugoso...Y participativo. Las palabras, los argumentos, el diálogo, la exploración...no se atan. Al menos no por quienes no deseamos convertirlas en propiedad dominadora de nadie.

    Sereno abrazo, pues.

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  7. L. Sinceramente, para mi la sabiduría no es un objetivo. Elijo siempre la vertiente exploradora, lúdica, tenaz incluso, pero a falta de método me muevo en una espiral cuyo caparazón de caracol no sé si crece. Vivir es ser conscientes de la debilidad. No para caer en la indolencia o en la abulia. Creerse fuertes y poderosos en un mundo en que todo nos puede (a los hombres y a sus sociedades) es pedantería, fragilidad no reconocida y tiranía al ejecutar los actos. Comprúebalo tú mismo con los individuos (banqueros, mandatarios, componentes de consejos de administración, hombres de armas y de mass media...)

    En este sentido considero interesante y promotor de nuestro interior el lanzarnos a esta cajita, como dices con delicadeza. Siempre somos un diálogo: con nosotros mismos, con el exterior. Tal vez porque necesitamos ejercitar el lógos, pero también porque deseamos comunicar los descubrimientos. Pensamos con palabras, ¿no es hermoso? ¿No es de lo más genial que ha dado la naturaleza?

    Me alegra contar con tu paso por este blog, hurgando mis deficiencias e inexactitudes.
    Sigamos esa conducta que indicas: "
    Cuando alguien (tú, él) se lanza a entrechocar palabras para sacar chispas y sonidos..." Es muchísimo ya.

    Un abrazo.

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  8. Diana H. Gracias por lo que dices. Me quitas complejos. Una de las cosas más interesantes de los comentarios y textos en general de los blogs es que ayudan a no sentirnos solos en el abismo. Saber que otros sienten-se sensibilizan-se afectan con lo que se escribe creo que ayuda a ver el mundo. Hay una complicidad entre seres desconocidos en un sentido pero que se aproximan en otro. La capacidad de construcción humana -y la técnica que los mismos humanos hemos llegado a adquirir y nos ayuda- es inmensa.

    El laberinto existe para todos. Lo importante es reconocerlo, aceptarlo, aprender a movernos por él.

    Un abrazo.

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