La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







viernes, 23 de septiembre de 2011

sin estrellas



El smog y la contaminación de la luz eléctrica, que se desparrama por todas las zonas de la urbe, le aparta de la terraza y le conduce a su rincón abúlico y reconcentrado. Recuerda entonces haber leído algo en el libro Las medidas imposibles, del olvidado Tadeo K. Johan, y lo busca.

"(…) En las grandes ciudades ya no se contemplan fácilmente las estrellas. Una desventaja para los soñadores. Pero, ¿quién sueña más con ese mundo hasta ahora inalcanzable? ¿Los que las miran o quienes pasan sus noches sin tener la oportunidad de verlas? Las estrellas siempre fueron una referencia para la curiosidad infantil o para el adulto que trata de liberarse de las cuitas y los agobios mediante su observación. Sus destellos han fascinado siempre a los hombres. Probablemente también a los animales, a las plantas, al curso de los ríos, a las mareas de los océanos. Y ese dinamismo de las estrellas, esas emisiones radiales pergeñadas por intensidades variables de luz, compuestas de aproximaciones y alejamientos, manifestándose continuamente en un juego de apariciones y ocultaciones, ha cautivado desde los primeros tiempos de la humanidad. Desde el pastor más sencillo hasta el príncipe elevado, desde la criatura más inocente hasta el guerrero más feroz, desde el hombre más indolente hasta el más activo, el cielo estrellado ha sido para ellos objeto de admiración y de temor reverencial. Basta con quedarse absorto ante un firmamento poblado de planetas de distancia más o menos imprecisa para sentirse empequeñecidos. Tanto las gentes más bondadosas como las más soberbias dedican al menos un instante de reflexión y de reconocimiento. Qué poco somos, suelen decir, ante esa inmensidad. Pero los hombres van a lo suyo, la reflexión es efímera y vuelven a comportarse como propietarios y ombligo del universo. Vuelven a imponerse las leyes del dominio, de la sumisión y de la competencia agresiva. No deja de ser sorprendente la simplificación exagerada de las formas de las estrellas por parte de algunos artistas. Una tradición muy antigua, no exenta de invención, que nutre el imaginario simbólico. No discuto que ese tratamiento reduccionista sirve para generar nuevos caracteres que en su abreviación se instalan también como iconos de culto, de respeto o de obligado cumplimiento. Pero admitamos, a su vez, que esa conversión en símbolos humanos ha hecho que el cielo estrellado pierda la referencia primigenia, sublimemente animista, sacrificándose a la parafernalia de los signos y las representaciones que hablan de los intereses sociales. Estrellas rígidas y desfiguradas a los pies de una virgen, estrellas manipuladas por las religiones del Libro, estrellas jerárquicas de cinco o más puntas que recuerdan el acero, la disciplina y la muerte, estrellas de revoluciones fallidas, estrellas alentadas por la publicidad, estrellas para designar calidades de los frigoríficos y de los hoteles…¿Cuántos humanos oprimidos y maltratados por otros humanos que enarbolaron estrellas no tendrán una idea odiosa del firmamento? Acaso no; éste es demasiado bello y protector como para que los hombres pierdan su sentido y dejen de admirarlo. Una representación simbólica que ha acabado siendo adulterada y prostituida por el negocio y por algunas ideas no puede sustituir jamás lo inmenso, a lo cual aún recurrimos siquiera como invocación. También hay elementos que se salvan y que van vinculados a la lengua coloquial. La simbología del lenguaje, que puede ser también suave o igualmente agresiva, proporciona imágenes como tener buena estrella, que suele decirse de los favorecidos por la vida. (…)"



(Fotografía de http://joachimmalikverlag.blogspot.com/)

2 comentarios:

  1. Nunca entendí el aguante de los seres que viven sin ver las estrellas bajo sus cabezas. Son muchos, los ciudadanos.
    Aunque siempre existirá alguien que se libere de semejante agobio porque nació con una buena estrella, aunque sea de segunda categoría. Por supuesto la que escribe le consta tenerla, se llama "Búngula". Conviene conocer las estrellas que le acompañan a un@ a lo largo de la vida de la misma forma que conoce su nombre. Beso.

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  2. Muchos están condenados a no verlas ordinariamente. Es un hecho. Como lo es que se les vaya olvidando lo que hay ahí fuera y cada vez estén más pendientes del asfalto y de los vehículos que del universo, Una condena que los mitos griegos acaso no previeron.
    Tu blog debería llamarse Búngula, es precioso el nombre.

    Buen dormir bajo lasa estrellas, Emejota.

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