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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 16 de abril de 2011

Malena S. / 7



La amistad de Malena con Jan viene de muy atrás. A Jan no le gusta ser anticuario. Dice que es como si fuera un secuestrador de obras de arte, afirma Malena. Pero se justifica con que lo lleva en la sangre. Ni él ni yo nos lo creemos, pero es su excusa divertida. Su abuelo sí que lo era, concienzudo y experimentado, al menos hasta que duró el Protectorado funesto. En aquel período no lo pasó bien. Los nazis pretendían que para dedicarse a ese comercio tenía que ser necesariamente judío. Pero su abuelo tenía pedigrí, ya lo creo. Pudo mostrar partidas de nacimientos familiares, aclarar sus raíces…y hacer algunos regalos valiosos a algún que otro jerarca alemán. Jan tiene la impresión de le presionaron para que consiguiera obras de arte o para facilitarles rutas de comercialización, incluso a espaldas de los mandos de la Wermacht. El abuelo de Jan sobrevivió, pero con el nuevo régimen tuvo que cerrar el negocio definitivamente. Pero, ¿de dónde le viene a Jan la materia gris para dedicarse a esa actividad, Malena? Me has dicho que tu amigo es un simple licenciado en Artes. Malena parece conocer casi todo de Jan y no para de informarme. Por supuesto que Jan no vivió directamente la actividad de su abuelo; ya no había tienda. Pero Jan cree que siempre siguió realizando de tapadillo algún tipo de labores. Pequeñas incursiones en lugares abandonados por la administración, visitas secretas a domicilios donde atesoraban bienes de herencia familiar, suministro de pistas a burócratas que aprovecharon su influencia para mover obras de arte, incluso sacarlas fuera del país. El abuelo de Jan estaba muy considerado por sus conocimientos, pero, sobre todo, por su olfato, su capacidad para distinguir la calidad de una obra, incluso para descubrir lo falso. Yo creo, sigue diciéndome Malena, que Jan vio en su infancia algo de esto. Más los consejos, opiniones y experiencias que el abuelo le transmitiera como si se tratara de una red de comunicación secreta entre ambos. El abuelo debió ver un Jan sensible, receptivo y con sumo gusto estético y, a cambio, Jan aceptó sus admoniciones. Pero se reservó una carta, digamos moral. Jan se prometió a sí mismo que si alguna vez se dedicaba de pleno al comercio de las antigüedades sería honrado. ¿Honrado, Malena? ¿Te imaginas a un anticuario íntegro? Sí, ya sé que cuesta creerlo, dice Malena. Pero Jan es otra cosa. Un visionario, una especie de salvador. No tienes idea de cómo trata una obra de arte. La creación artística es para él una suerte de religión.

2 comentarios:

  1. Creo que has acertado de lleno nuevamente. Si puede haber un comerciante honrado (algo que en principio es una contradicción), éste es alguien que le guste el arte. Yo conocí uno que llegó a reunir la mayor colección de muñecas de todo el mundo. Al morir (murió muy joven de cáncer), legó todas sus antigüedades, y la colección de muñecas a su pueblo natal, donde han creado un museo que lleva su nombre.
    Saludos, y un abrazo.

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  2. Carlos, tu seguimiento es acogedor. Todos los comercios son dudosos, pienso. El de antigüedades no se libra, pero tiene una magia especial, aunque hay anticuarios y anticuarios, claro. Los coleccionistas me resultan más sorprendentes. Creo que tienen el valor de rescatar y preservar, y aunque son gente de posibles, utilizan sus bienes para un rescate que otros no sabrían o no querrían. Indaga, por ejemplo y si puedes, sobre la Fundación Alberto Jiménez-Arellano, en la red. Es un ejemplo de coleccionista de cuyo tesoro se benefician los ciudadanos.

    Un abrazo.

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