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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 26 de abril de 2011

Malena S. / 14




La vieja vivienda de Malena es pequeña pero bonita. En realidad es una de las particiones que se hicieron hace bastantes años en un edificio histórico, para alquilar con más facilidad. Malena ha vivido en tantos lugares de la ciudad que no sabría con cuál quedarse. Dice que le gustan todos, pero sólo porque le recuerdan los tiempos vividos. Del urbanismo y la comodidad para desplazarse no está tan segura. Se llama a sí misma guardiana de la vieja y de la nueva ciudad noble, pero se conoce los barrios obreros, la zona administrativa y los viejos municipios circundantes que han ido quedando absorbidos por la administración metropolitana. La casa está muy próxima a la ribera del Vltava, y las nieblas le dan un carácter siniestro en invierno. Pero en el buen tiempo la vegetación lo alegra y resulta más refrescante. Todavía hay vecinos que bajan a cenar en verano a las mesas y bancos de madera que hay en algunos pequeños oasis ajardinados. ¿Por qué se siente Malena tan poseída por la ciudad? Naturalmente, ella admira el arte y se queda prendada por el despliegue barroco, pero lo que más le fascina es el trazado de las calles. Dice que sean éstas de la época que sean todas tienen su significado. Es así, Michal, me dice. Las calles no han nacido porque sí ni han cambiado por casualidad; todas responden a unas necesidades de comercio o a una moda urbanística llegada de otros países o a la implantación de los nuevos medios de transporte. Hay veces que me siento más a gusto en el casco antiguo, en lo más intrincado y sinuoso de él. Otras veces necesito subir a zonas altas, comprobar las distancias, mirar la perspectiva. Incluso en aquellos espacios más anodinos y convencionales, donde las edificaciones no acertaron a conjugarse demasiado, encuentro algo que me cautiva. ¿Has sentido siempre así, Malena? Sí, claro, desde niña tuve que cambiar varias veces de vivienda juntos con mis padres, es decir, de barrio, de distrito, hasta de pueblo. Hay muchos que tuvieron que hacer lo mismo, estaba a la orden del día cambiar de asentamiento frecuentemente, pero no les ha dejado huella. Solamente cansancio. Pero ahí está lo que no entiendo, Malena. ¿Por qué tú has absorbido esa experiencia tan positivamente? ¿Por qué sigues disfrutando como si cada día la ciudad te supusiera un descubrimiento? Oh, Michal, es evidente. Cada uno somos como somos. Y creo que la ciudad responde a mi personalidad. Mi talante inquieto me vuelve receptiva, ¿no te habías dado cuenta? Si no, ¿por qué crees que estoy contigo? No, no soy yo la que ha ido a buscar la ciudad, al menos al principio. Han sido las vivencias tan dispares que he tenido, la gente que he tratado por todas partes, las actividades temporales que he desarrollado por aquí y por allá. Es verdad que desde que salí sobre todo con los chicos de Artes y con algunos de los profesores, ya sabes, aquella vida semibohemia que hacíamos siguiendo patrones franceses, me he entrañado mucho más con la ciudad. ¿Piensas que estoy loca perdida, Michal? A veces las preguntas de Malena me desestabilizan un poco. Habla de la ciudad, cita el pasado, me incorpora a mí en su discurso...pero debo responderle antes de que insista y me ponga en un brete. No, lo entiendo bien, simplemente amas esto, has asimilado muy bien los años pasados. Lo único que puede ocurrir es que la benevolencia te perjudique un poco. ¿Tanto como para no distinguir algunas tardes si he estado paseando físicamente o si el recorrido lo he hecho a través de una novela, Michal?





4 comentarios:

  1. Malena traza invisibilidad, construye con su incesante tránsito regueros de ella, de su instinto, como aquellas calles de las que hablas que se forjan así por alguna razón,... sus pasos también crean caminos.

    Tus textos resultan interesantes.

    Un saludo

    (Gracias Fackel por tu seguimiento y comentario)

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  2. Tomo nota de tus opiniones, Gabriela. Todo viene bien para avanzar.

    Gracias, buenas noches.

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  3. Siempre los lugares en que has vivido dejan huella en ti, y su recuerdo te acompaña toda la vida. El valor que le damos a un sitio, a una tierra depende de los recuerdos que guardemos de ella.
    Saludos, y un abrazo.

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  4. Y tanto, Carlos. Los lugares de lo slugares de los lugares...Incluso dentro de una misma ciudad, hay todavía espacio,s edificios, rincones que nos hablan.

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