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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








viernes, 22 de abril de 2011

Malena S. / 11




Había anochecido y las calles que dejamos atrás apuraban luces mortecinas. No transitaba nadie. De vuelta en casa de Malena no perdí el tiempo. Su sueño me obsesionaba. ¿Sueles tener con frecuencia esa clase de sueños, tal como el que has relatado esta tarde delante de Jan?, le pregunté. A Malena no le gustó la manera tan directa de hacerle la pregunta. No entiendo qué te molesta, Michal, dijo. Además deberías estar orgulloso de que aparecieras en el sueño. Y creo que para Jan fue definitivo. Estabas tú entre los presuntos asesinos, no él. Tú eras la presencia, no él. Y es sabido que aquellos personajes de la vida real que deambulan en los sueños están más asentados que los circunstanciales en la mente del que sueña. Eso debería honrarte. Pero, Malena…traté de intervenir. No, Michal, no digas nada. Déjalo estar. Podía haberte contado el sueño en cualquier momento y circunstancia a ti solo. Y qué, hubiera sido una anécdota más entre pareja. Vino bien en ese instante, delante de Jan. No sólo para zanjar una espiral que pusiste en marcha en la conversación, sino para ratificar ciertas zonas abiertas del pasado entre él y yo. Tú no le conoces. Tras sus formas educadas y dadivosas, hay una personalidad peleona y exigente. Detrás de su imagen de profesor culto y especializado, hay un torbellino que no para de descubrir fondos y estratos de la vida de los seres que tratan con él. Malena iba siempre por delante de mis reacciones. Era como si calculara al milímetro su mensaje y su tono y tomara la iniciativa para parar cualquier vaivén mío. No, Michal, no tienes ni idea de cómo es Jan. No te trataría nunca con desprecio, ni con insolencia. Tiene que estar siempre por encima de todos. Y si hay de por medio algún asunto que para él tiene gravedad, no presentará batalla frontal jamás. Lo suyo es marginar al enemigo, no cercarlo, ni agredirlo. Pero esta tarde ha estado a punto de romper su propia táctica. Y eso le ha perjudicado. Michal, hazme caso. Cree en mi sueño. Cree en ese sueño más que en cualquier otro. Cree en mi sueño inventado porque he ido más allá de la capacidad de cualquier sueño que haya tenido de verdad. No sé si funcionará. Pero creo que mi imaginario le ha tocado. Malena ha debido advertir mi parálisis. Ha abierto la alacena y sacado una botella de becherovka. El vasito que he ingerido estaba más amargo que de costumbre. Pero los labios de Malena ardían más.

4 comentarios:

  1. Ay... ¡¡¡los sueños!!! ¡¡qué decir de ellos!! Nos hacen reflexionar, tanto o más que Michal y rara vez encontramos respuesta a ellos.

    Un saludo!

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  2. Respuestas, ya que lo dices, C.G., no encontramos jamás. Como mucho, pistas. Pero tienen un no sé qué que al despertar nos dejan turbados. Y si los sueños son recurrentes, ni te cuento.

    Saludos festivos.

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  3. Excelente recurso el usado por Malena para desmontar a Jan sin que el pobre Michal se diera cuenta. Interesante, muy interesante.
    Sigo leyendo.

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  4. Malena tiene bastante recursos, pero quién sabe si los utilizará. En fin.

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