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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 31 de enero de 2011

Mi ojo / 10



Me he puesto furiosa al recibir el último paquete de Hitomi. ¿Por qué tiene que mandarlos ahora con tanta frecuencia? Podemos vivir con poco y la ropa y los perfumes que nos envía no sirven de mucho en este lugar olvidado. Mamá no dice nada porque cree que no debemos ser ingratos. Tu hermana tiene buena intención, dice mamá. ¿Es generosidad o estos gestos de Hitomi son sólo mala conciencia? ¿Cuántos hombres la han pagado para que ella se empeñe en seguir comprando cosas que luego vamos a meter en un armario? Sí, soy mala. Mamá no sabe lo que yo sé. No sé qué pensaría ella si lo supiera. Son tiempos de escasez y cualquier cosa lleva a la gente a hacer la vista gorda. Pero conozco a mamá. Ella no aprobaría la vida de Hitomi. Que está trabajando en una fábrica de uniformes para el ejército. Eso dice. Pero las cosas se saben. Un chico de la escuela, Yoshiro, me dijo hace poco que su hermano mayor que es militar había visto a mi hermana en la ciudad. Que había pasado por un bar donde se juntan varias mujeres y ella lo había reconocido. No le dejé que me contara más. Yo había pensado que las desgracias de la guerra estaban allá donde los hombres se matan. Pero veo que la guerra no trae nada bueno para nadie, ni en los frentes ni en la retaguardia. Es curioso. Mamá tampoco ha mostrado interés por abrir el último paquete. Éste se ha quedado en un rincón.

Cuando he acabado los deberes de hoy nos hemos puesto las dos a cenar. Ella me ha mirado con mucha dulzura. Luego hemos contado anécdotas. De mi escuela y de los tiempos de la suya. Nos hemos reído mucho.




(Fotografía de Katsumi Watanabe)

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