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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 1 de diciembre de 2010

Geometrías invariables, 4


bella palabra, se le llena la boca con la palabra, gusta de citar el verbo resistir y ofrendar a los dioses de la esperanza el sustantivo resistencia, un sustantivo femenino, y se hace esta observación mientras deletrea sus sílabas, y piensa que resistir es como germinar, es como incubar una vida, y aplicado al caso que le concierne es como generar posibilidades, nunca había sentido como ahora la necesidad urgente de que las posibilidades se multiplicaran, y se pregunta si no será porque todo el mundo está últimamente pesimista, y ese pesimismo no es de ahora, pero él se siente más contagiado, por qué ahora lo tiene tan introducido él, se dice, y sin embargo ese término, resistencia, tiene de por sí un significado natural, la naturaleza resiste, lo hacen las demás especies animales, lo hacen las vegetaciones, la forma de la tierra resiste, es algo inherente a las propias fuerzas intrínsecas de la materia, y la materia no entiende de esa adición moral que él se empeña en rescatar, pero él insiste tanto porque sabe que es un significado antónimo al de ceder, verbos o sustantivos o lanzas opuestas, ha sido tanta la barbarie que los humanos han generado que los márgenes de supervivencia se ven reducidos a un enfrentamiento entre verbos o sustantivos, y cae, por ejemplo, en que también ante una enfermedad sucede lo mismo, o cedes o resistes, puedes ceder forzosamente o puedes ceder por abandono, por falta de decisión para combatirla, y si resistes tal vez tengas más posibilidades de superarla, pero no, tampoco es así, sabe que la enfermedad es un proceso natural, sus leyes no son las leyes voluntaristas ni éticas ni tácticas del hombre social, es el individuo en cuanto naturaleza el que tiene que enfrentarse con la enfermedad, con su materia íntima y no con esa abstracción filosófica llamada ser, pero en la materia social todo es tan complejo, y la trampa consiste en creer que entendemos algo, que como los humanos hablan, fantasean, desarrollan planes y proyectos, organizan y ejecutan, sólo porque son capaces de alzar un entramado enredado, enrevesado, y creemos ser conscientes de algo, pero se nos oculta el meollo, sólo por eso nos parece que es más fácil de abarcar y de hacer frente, pero nos desborda, como una enfermedad, una tormenta, un cataclismo, él se unge con esa palabra que es necesidad, resistir para no perecer, para no dejarse poder, y a veces le suena como un elemento heroico, algo ennoblecedor, y ese valor pletórico de energía moral les es concedido a quienes perseveran sin venderse, y no basta, piensa, con empuñar la palabra, si no derivas el concepto a un compromiso no vale para nada, si los hombres no cuentan los unos con otros no hay camino que recorrer, y no obstante sabe muy bien que quien resiste espera, espera esperanzado, no se trata de una espera anodina, de un dejarse llevar, de un comportamiento inerte, que los hay, él conoce tantos casos, probablemente hay más de los que se imagina, y les pone imagen, como pone una imagen al resistente, éste siempre erguido, si no sacando pecho, al menos firme y que mira a los ojos del otro, que afronta el cinismo de los otros, y por el contrario, al inactivo, al que se deja conducir le ve en retroceso, mira al resistente como si fuera una fase de la evolución de su especie, y mira al rendido como si hubiera retrocedido hacia un mundo de primates, peor, porque el primate subía y bajaba y saltaba de unos árboles a otros, al sumiso lo percibe en un inframundo, perteneciente a una especie diferente, en que el servilismo le modifica el cuerpo, le reduce los movimientos propios de los humanos, le desencadena otro tipo de morfología y por lo tanto se traslada bajo otros modelos de locomoción física, teme ser demasiado tajante en deslindar dos bandos de comportamiento, y se pregunta hasta qué punto él está consecuentemente en el que le parece recto, se pregunta si no se estará haciendo creer a sí mismo que resiste cuando podría ser que apenas le quedaran cartuchos, y todo este tipo de consideraciones le vienen a la cabeza en sus horas de insomnio, es la fase más obsesiva de su día pero también más fructífera, no tiene claro si apta para analizar pero sí para imaginar



(Fotografía de Daido Moriyama)

2 comentarios:

  1. Resistir es autodefenderse. Oh, no hay nada de malo en la supervivencia...levantemos murallas a nuestro alrededor, viviremos dentro de ellas, tan calentitos, tan cotidianos, tan a pesar nuestro,...

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  2. Resistir es también preparar el salto. Resistir no es resignarse. Ni amurallarse. Ni morirse de asco dentro. Ni claudicar. Resistir es prepararse.

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