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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 9 de febrero de 2010

Cartier-Bresson: le mènage a trois



Mènage a trois. Pero podría tratarse también de un cuadro de Escher. ¿Dónde comienza y dónde acaba el retrato? ¿Quién sube, quién baja, quién va más allá del plano escalonado? El parecido es una trampa. Hay tres rostros diferentes. Tres personalidades, tres miradas, tres pretensiones. Incluso podría haber más. El fotógrafo que dibuja se mira en el espejo. El espejo reproduce otro hombre. El espejo le da la pista al hombre que está de espaldas pergeñando el dibujo. Y ambos se miran, sin que el dibujo dé muestras de darse por aludido. El dibujo pretende ser el resultado del guiño del hombre que hay de espaldas y del hombre que mira desde el espejo al hombre que se encuentra ignorándonos a nosotros, los espectadores. El espejo dibuja a través de las manos del artista en un papel que al moverse dota de muecas al retrato. Por lo tanto, el dibujo, a su vez, traiciona al espejo y trata de seducir al hombre del espejo, pero también al hombre de espaldas, al que observa más escéptico y más viejo. Y el hombre que parece el real, sólo porque nos creemos que es el verdadero, porque su objeto cuerpo nos da la impresión que es más vívido que el objeto espejo o que el objeto autorretrato, contempla alternativamente al dibujo al espejo al dibujo al espejo, sin decidirse. Y el hombre se mira de nuevo en el espejo, donde éste le devuelve otros gestos, por lo tanto otra cara. ¿Qué imagen es más auténtica de las tres? Las tres están incorporadas en un triángulo equilátero. Ninguna es el hombre. O todas son el hombre. Y el espejo gira en el sentido de los lados del triángulo, y el dibujo se intercambia con el hombre de espaldas, y el hombre al que no llegamos a ver jamás la cara, sino solamente imaginarla por medio de un espejo o de un autorretrato, devuelve al espejo un nuevo rostro. Porque nada ha permanecido y en cada momento de tránsito, ni el espejo, ni el retrato ni el hombre de cuyo rostro no sabemos sino confiando en otros objetos que se distancian de él, nada es ya lo mismo.


(Fotografía de Martine Franck, sobre Cartier-Bresson)


9 comentarios:

  1. Y pensar que ese no ser lo mismo es producto de la oxidación de las células, y de su reproducción y muerte...
    Y pensar que a pesar de todo, tan fácil de resumir por la Química y la Biología, seguimos siendo lo mismo...
    La permanencia dentro del cambio. La consciencia de uno mismo prevalece.
    Uf, qué alegría torear a la ciencia aunque sea un poquito...
    Y cómo me gusta ese ser que no es lo que parece ser que planteas.
    Has probado a enfrentar dos espejos contigo enmedio?

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  2. Yo soy Cartier - Bresson

    http://www.flickr.com/photos/34481095@N00/4335335068/

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  3. En las peluquerías, cuando te cortan o te arreglan el cabello, te colocan un espejo detrás tuyo, y te dicen, mírese, mírese aquí, verá cómo le ha quedado el pelo.
    Y sí, son dos espejos enfrentados, y ves la espalda que nunca ves, y esa espalda le da la espalda al espejo en el que estás viendo tu pelo, sin mirar de frente a ese espejo "madre", el espejo "importante"
    Sí que es una sensación curiosa, Lagave.
    Los espejos tambien son muros, enlazando con el post anterior...muros que te muestran tu imagen blindada. Es más fácil, muchas veces, hablar con el espejo que hacerlo con uno mismo.
    ¿Por qué será?
    Buenas noches Lagave y Fackel
    Besos a los dos, y salud!

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  4. Es una imagen - la del espejo - que me impresiona desde pequeña.
    Una imagen, tra una imagen, tras una imagen...

    Saludos a todos

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  5. Pues no sé ya, Lagave, si somos la permanencia. Puede que como mucho un individuo no sea más que el territorio que permanece. Pero el tiempo, los avatares, los elementos exteriores y la flutuación interior le modifican. A veces, un individuo puede ser un irreconocible. ¿La conciencia? Acaso la costumbre. Uno se acostumbra a estar dentro de sí. Un suicida es alguien que se ha desacostumbrado, incluso en edades tempranas hay quien ya no se reconoce ni como territorio. Lo del espejo es fascinante. Ese levantarte y mirarte, ese entrar en el ascensor, ese reflejo en los escaparates, etc. ¿eres o no eres?

    Sí, dos espejos conmigo enmedio es divertido. Y desasosegante. ¿Y esa otra proyección ad infinitum en el espejo de algunos hoteles? Clónicos.

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  6. Monsieur Cartier-Bresson: ofrezca mis respetos a Monsieur Jesús Garrido. Merci.

    Le miraré.

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  7. Saga. En la pelu te ves de primera y si no tampoco, ¿no?

    Gran razón la tuya, serenísima Sagardiana. Los espejos son más muros de lo que la gente piensa. Sobre todo para uno mismo. Hablar al espejo para que le dé la razón a uno, ¿no?, porque no le va a llevar la contra o porque le va a ofrecer alternativas asumibles.

    Buenas noches.

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  8. Aquí. Y si miras por detrás del espejo, en el espacio existente entre el espejo y la pared, verás más imágenes. ¿No lo habías comprobado? Pero si miras mucho te pasará como a aquella niña y vete a saber por dónde harás la reggresión, jaj.

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