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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 14 de noviembre de 2009

Revelaciones


He aprendido a hablar con las sombras.
No sólo con las mías, sino con las sombras que no llegaron a crecer

He aprendido a hablar con las sombras que me encontré por los caminos viajeros
Y con las que se habían quedado fijadas en un muro sangriento
Y con las que me observaban descuidadas desde el otro lado de la calle
Y con las que se entrecruzaban en un paritorio
Y con las que convertían todo en sombra
Y con aquellas que me acompañaban al anochecer
Y con las que se agitaban entre el beso y la desnudez
Y con las que se movían dentro de mi conciencia rendida durante el sueño

Y he hablado
Con las sombras de los guerreros aún adolescentes desaparecidos al invadir naciones
Con las sombras magulladas de los albañiles caídos para que los templos resplandecieran
Con las sombras coléricas de las mujeres que fueron violentadas en edad núbil
Con las sombras ahogadas de los mineros que no llegaron a disfrutar del sol
Con las sombras desconfiadas de los que huyeron a través de los desiertos para sobrevivir a los bárbaros
Con las sombras tibias de los bárbaros que teníamos en casa
Con las sombras tambaleantes de los borrachos cuya ebriedad no se la dio ni el vino ni el placer sino la insatisfacción
Con las sombras curtidas de los labradores de Ur
Con las sombras disueltas de los gaseados en las trincheras
Con las sombras perplejas de los inocentes, aquellos que alguna vez debió haber y hoy no existen
Con las sombras mefistofélicas de los clérigos de todas las sectas patrimoniales
Con las sombras resistentes de los náufragos que perecieron sin alcanzar jamás Ítaca
Con las sombras coléricas de las nubes antes de la tormenta
Con las sombras de los pobladores engullidos cuando se abrió la tierra bajo sus miserias
Con las sombras altivas de las gárgolas de las catedrales
Con las sombras agrietadas de los compañeros de Ulises
Con las sombras apocadas y huidizas de los asesinos
Con las sombras soberbias de las ciudades del desierto
Con las sombras huérfanas de los deshonrados por su tribu
Con las sombras repudiadas de los apestados
Con las sombras confusas de las doncellas poseídas en los callejones del reino de Asterión
Con las sombras de los varones reclutados forzosamente por las levas de los señores feudales
Con las sombras de los animales cazados alevosamente para recreo de los ociosos
Con las sombras sarcásticas de los toreros corneados
Con las sombras lascivas de los pedófilos
Con las sombras marchitas de todas las mujeres obligadas a parir a través de la historia
Con la sombra escéptica de Marx
Con las sombras ausentes de los suicidas
Con las sombras débiles de los energúmenos
Con las sombras luminosas de los amantes
Con las sombras trémulas de las alas de los pájaros
Con las sombras de aquellos a quienes les fue negada la luz y la mirada
Con las sombras indignadas de los ajusticiados en nombre de cualquier dios
Con las sombras y guiños de los relojes de sol
Con las sombras recurrentes de la luna sobre las noches sedientas
Con las sombras inútiles de los profetas cuyas denuncias nunca fueron escuchadas
Con las sombras iracundas de los edificios derribados por los bombardeos
Con las sombras quebradizas de los poetas tuberculosos
Con las sombras sin fin de los espejos
Con las sombras podridas de los condenados a galeras
Con las sombras de las tapias de los conventos
Con las sombras envidiosas de los moradores de los conventos
Con las sombras perpetuas de las celdas de las prisiones
Con las sombras que protegieron de invasores a la ciudad de Machu Picchu
Con las sombras veloces y ávidas de los mercaderes de todos los templos
Con las sombras ajadas de las prostitutas humildes
Con las sombras hieráticas y sin embargo mutables de las caravanas



He hablado con las sombras de todas las sombras
Las innumerables y las olvidadas
Las impetuosas y las calmas
Las frágiles y las densas
Las testimoniales y las ignorantes

Con las que están a punto de proyectarse en cada grano que cae a través del reloj de arena

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