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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fuga



La luz es rigurosa. Sabe ausentarse. Y su ausencia sólo es una fuga en medio de la soledad del planeta. Nada ha muerto por más que la apariencia y el concepto de los hombres lo mencionen. Todo se va tornando invisible. Lentamente. Hay un eco de melancolía en ese contraste de colores cuyo carácter fuerte los hermana. La huída oculta, pero no niega. La huída resguarda, no desatiende. La huída refuerza, no rinde. Esa resistencia del último eco de la luz hipnotiza. Las almas sangran. Las miradas se sienten heridas por lo que creen una pérdida. Más allá, las fuerzas que no tiemblan por la mutación de la luz se dejan mecer por la ausencia. Ellas no se fugan. Reconquistan espacios y silencios. Se recomponen. Su permanencia cambiante las dota de un valor renovado. No se van. No me he ido. Estoy empezando a viajar a través de la incipiente noche.


(Un eco más de Rothko)

2 comentarios:

  1. Llegó la noche. Y llegará el amanecer otra vez.
    Pero cada día es nuevo, con una nueva mirada forjada en el ayer...hoy tal vez escribirias algo diferente del amanecer puesto que eres y no eres el mismo...no podemos hacer tabula rasa y ver el mundo cada mañana con ojos de niño pero nos negamos a que nos venza el lastre de las malas experiencias...somos supervivientes, en su mejor acepción...

    Que tengas un buen día, único e irrepetible.

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  2. Hola, Rat. Tu deseo sobre el día es fastuoso y estimulante. Porque, evidentemente, cada día es irrepetible y único, y eso le da ese punto de interés. Todo muta. De ayer a hoy no somos los mismos. Si somos mejores o peores es otra cosa, y el aspecto moral que se lo palpe cada cual. Vivir es ante y sobre todo sentir. No rendirnos ni cumplir con la categorización y la obligatoriedad social. Y mira, aunque como tú dices, no podamos ver el mundo con ojos de niño que no somos, algo queda de aquello. La curiosidad, la persistencia, el disfrute, la agitación, todo ello en mayor o menor medida, son síntomas del niño que nunca abandonamos. Ése es el carácter de la mejor supervivencia.

    Buena noche también diferenciada y soberana.

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